Fundación de la Órden de Santiago en Extremadura

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Escudo de Villafranca de los Barros

La Orden de Santiago se fundó hacia 1170 o poco antes, reinando en León Fernando II. El fundador y primer maestre, don Pedro Fernández, era descendiente de los reyes de Navarra por línea paterna y de los condes de Barcelona por la materna. Inmediatamente, atraídos por la piedad no menos que por su alcurnia, se le juntaron algunos caballeros de la más alta nobleza, que, procedentes de los distintos reinos de la península, fueron haciendo además donaciones de tierras, villas y castillos. El mismo Fernando II, en cuyo reino nacía una milicia que prometía ser de tanta utilidad a la reconquista, ya que tenía como objeto la defensa de la fe en la lucha contra el Islam, dio al principio numerosas posesiones a los nuevos caballeros.

Pronto don Pedro hubo de pensar en la asistencia espiritual de sus seguidores y trató de hallar alguna comunidad religiosa que quisiera ocuparse de menester tan importante. En tierras gallegas, «próximo al lugar en que el río Loyo entra en Miño», había un monasterio dedicado a Santa María. Sus monjes eran canónigos regulares de San Agustín. A éstos hizo la proposición don Pedro Fernández. Ellos aceptaron y quedaron también incorporados a la naciente orden militar.

Según algunos autores, los santiaguistas se llamaron al principio Caballeros de Cáceres, por haber sido esta ciudad extremeña, entonces del reino de León, el lugar donde se echaron los cimientos. Otros creen que llevaron el nombre de Caballeros de Santa María del Castillo y de la Espada. Lo cierto es que, después de la bula de confirmación y aprobación, dada en Ferentino, cerca de Roma por el papa Alejandro III, en 5 de julio de 1175, ya siempre se les conoció con el nombre de Caballeros de Santiago, pues el deCaballeros o freires de Uclés, que en algunos documentos antiguos aparece, no prevaleció apenas.

La bula de fundación de la Orden de Santiago lleva a firma del papa Alejandro III, a finales del siglo XII.

El nombre definitivo tiene su fundamento. Ya se sabe la devoción que durante los siglos medievales se tuvo en España al apóstol Santiago, sobre todo desde que milagrosamente se descubrió su sepulcro allá por el siglo IX. Es natural que los caballeros se encomendasen de un modo especial al patrocinio de Santiago al entrar en batalla. Y es lógico que creyeran sentir en muchas ocasiones la protección celestial por la favorable intervención del Apóstol. Por esto, de acuerdo con el segundo arzobispo de Compostela, don Pedro Godoy, en 12 de febrero de 1171, don Pedro Fernández y toda su milicia se consagraron por vasallos y caballeros del apóstol Santiago, quedando hecho el maestre y sus sucesores canónigos de la iglesia compostelana y el arzobispo y los suyos frailes de la nueva orden de caballería. Así todos se nombrarían en lo sucesivo caballeros de Santiago y así los nombraría el papa en su bula.

Todavía se conserva un cuadro de bastantes proporciones, colgado durante muchos años en la parte izquierda .del crucero de la iglesia del monasterio de Uclés, que representa el momento en que don Pedro Fernández, acompañado de los primeros caballeros, vistiendo amplias capas blancas sobre las que campea la roja cruz gladiforme, como emblema de la Orden, presenta al papa Alejandro la regla para su confirmación.

Aunque la representación de la batalla de Clavijo (año 844) se repite hasta la saciedad en cuadros, esculturas, miniaturas y relieves pertenecientes a la Orden de Santiago, todos sabemos que el hecho es debido más a la devoción hacia el Apóstol, que los cristianos creyeron ver combatiendo a su favor en dicha batalla, que a la aceptación de la leyenda de que la Orden se había fundado a raíz de la misma.

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Convento de Santiago de Calera de León

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El convento de Santiago está situado en la plaza principal de Calera de León. Construido por la Orden de Santiago entre finales del siglo XV y principios del XVI, sobre una construcción anterior, para albergar a los monjes del Monasterio de Tentudía. A mediados del XVI, debido a la rehabilitación que se realizaba del Convento de San Marcos de León -Casa Matriz del Priorato- la Orden de Santiago decidió enviar a su 36º prior, don Bernardino de Aller, a este convento. Así la localidad de Calera se convirtió en capital de la provincia de León, dependiente de la vicaría de Tudía. Durante la estancia del prior y sus freires la iglesia se benefició del mobiliario, enseres y ornamentos que trajeron consigo, llegando a tener hasta cinco órganos.

La construcción, de planta cuadrada, es de corte gótico-renacentista y debido a la importancia que tuvo el convento se aprecia, sobre todo en el interior, un trabajo de mucho detalle y despliegue de refinamientos arquitectónicos. La puerta principal se abre a la plaza del pueblo desde un vestíbulo con bóveda de crucería; es renacentista, adintelada, con cuatro columnas toscazas y tímpano en arco. La del lado del Evangelio es gótica, perfilada en dintel. En el ángulo noroeste hay una espadaña con garitón incorporado que, además de servir de acceso hasta la azotea, defiende la puerta principal. En el ángulo suroeste hay otro garitón sobre sillares de granito.

El claustro, construido también con sillares de granito, dispone de cinco arcos de medio punto en cada lado de la planta baja y diez, sustentados por finas columnas jónicas, en la superior. Las dependencias monacales más nobles están en la planta baja y se cubren con bóvedas de crucería entre las que destaca la Sala de Capítulos, o de las piñas, con las claves decoradas con florones. En el intradós del arco de la puerta que comunica con la iglesia están esculpidos el león de san Marcos y la cruz de Santiago. Ésta, actual parroquia de la villa, se construyó utilizando mampostería, ladrillo y piedra de sillería en una única nave; dispone de cuatro capillas hornacinas en el lateral de la Epístola, sacristía y capilla bautismal. La bóveda es de crucería, en forma de estrella, descansando los nervios en pilastras formadas por haces de columnillas. El púlpito, totalmente de granito, es un cuerpo octogonal asentado en una base gallonada.

El retablo mayor pertenece a la escuela de Eduardo Acosta, formado por ocho lienzos que representan a los cuatro evangelistas y escenas de la mítica batalla de Tentudía con la aparición de la Virgen a Pérez Correa. Una escultura ecuestre del Apóstol Santiago lo corona.

En el primer tercio del siglo XX sufrió varios intentos de desmontarlo piedra a piedra para llevarselo a América, cosa a la que se opuso el pueblo entero liderado, entre otros, por el pintor pacense Adelardo Covarsí. En la actualidad está protegido como Monumento de Interés Histórico-Artístico Nacional.

Horario de visitas: De 10.00 a 16.00 h. Entrada gratuita.

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El Conventual Santiaguista de Calera de León (Badajoz)

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Calera de León es una pequeña población situada al sur de la provincia de Badajoz, en los confines mismos de lo que se denominó “provincia de León” de la Orden de Santiago y el reino de Sevilla. Cerca de este pueblo, en la cima de la sierra más alta del entorno, se encuentra la iglesia de Santa María de Tudía, centro espiritual de la devoción mariana de toda una comarca -situada a uno y otro lado de dicha “raya”- hacia la imagen que allí se venera desde los años centrales del siglo XIII; tanto es así que Alfonso X de Castilla dedicó cinco de sus cantigas a Santa María de Tudía.

No mucho más tarde, esta iglesia fue la cabecera eclesiástica de la vicaría del mismo nombre y a principios del siglo XVI se transformó en monasterio para que allí residiera una comunidad de religiosos. Pero las inclemencias meteorológicas reinantes en lo alto de aquella montaña sagrada hicieron que los dirigentes santiaguistas se replantearan la construcción de un nuevo conventual en Calera de León, sede de la encomienda conocida como Vicaría de Tudía.

En el Capítulo General que la Orden celebró en Valladolid en 1527, bajo la presidencia del emperador Carlos V, se aprobó ese traslado después que el concejo de Calera donara los terrenos donde se construiría el conventual y se comprometiera a levantar de nueva planta la iglesia del pueblo, que había de servir conjuntamente a los vecinos del mismo y a los clérigos del nuevo conventual, el cual había de llevar el nombre de Santa María de Tudía. Las trazas del mismo quedaron pendientes de la aprobación del conde de Osorno, presidente del Consejo de Santiago, y cuando ya se tuvieron –cerca de un año más tarde- se encargó al vicario Juan Riero que se hiciera cargo de la supervisión de las obras. Este hombre, natural de Bienvenida, informó al Consejo de las dificultades económicas de Calera para levantar la iglesia y aprovechó las circunstancias para proponer que el nuevo convento se levantara en su pueblo, donde no existían los mismos problemas; por si lo anterior fuese insuficiente, el vicario se ofreció para entregar al cenobio ciertas donaciones procedentes de sus rentas personales y de las de su hermana. Ante semejante oferta, se paralizaron las obras en Calera por real cédula extendida el 30 de enero de 1529 y comenzaron las obras en Bienvenida.
Fue entonces cuando los pueblos de aquella comarca -tanto los santiaguistas como los pertenecientes al reino de Sevilla- llevaron a cabo una protesta encabezada ante el Real Consejo, encabezada por los vecinos de Calera que fueron representados por un abogado de Fuente de Cantos llamado Fernán Mexías. La documentación de la protesta comarcal estaba en Toledo el 10 de junio y como era apoyada por la misma ciudad de Sevilla, en un documento firmado por las autoridades locales, surtió un rápido efecto. Tan rápido que la emperatriz Isabel -el emperador iba entonces camino de Italia- firmó una real provisión el 19 de junio ordenando que se paralizaran las obras de Bienvenida. El alegato del vicario Juan Riero no se hizo esperar y como consecuencia de aquella confusa situación el Consejo de la Orden de Santiago se llevó su tiempo para decidir con respecto al asunto.

No se tomaron medidas hasta el mes de noviembre de 1531, momento en el que se designó al prior de san Marcos, García de Herrera, para que encabezara una comisión que había de visitar los lugares afectados y emitir el informe correspondiente con el fin de tomar la decisión más conveniente. Algunos de los miembros de aquella comisión le fueron impuestos al prior y otros fueron designados por él; así que a finales de aquel año y principios del siguiente, la comisión –compuesta por caballeros de la Orden y religiosos de la misma, así como por médicos y maestros de cantería-, visitaron los lugares de Bienvenida y Calera, teniendo listo el informe en los primeros días de 1532. En el mismo se venía a decir que, además de los motivos devocionales que unían a Calera con el santuario de Tudía, motivo fundamental de la protesta de los pueblos de la comarca, el lugar elegido en Calera –en lo alto de la villa- era más sano y apropiado para un convento que el sitio buscado en Bienvenida, del que decían ser más bajo y húmedo.

Parece que las obras no se reanudaron en Calera hasta 1533; el motivo fue que hasta ese año no terminaba su periodo trienal el prior García de Herrera y a él precisamente le encargó el Consejo la supervisión de aquellas obras al nombrarlo nuevo vicario de Tudía. Con las rentas de dicha vicaría y con los fondos disponibles en Calera se fueron levantando la iglesia y el conventual, por ello su construcción duró unos treinta años. Entre sus últimas piezas, aparte de la galería que mira al mediodía, debemos considerar la puerta del Perdón de la iglesia parroquial de Calera, obra que has sido atribuida a Hernán Ruiz “el Joven” por la disposición de los elementos arquitectónicos de la misma.

Pero a mediados del siglo XVI, concretamente entre 1551 y 1554 la Orden de Santiago celebró otro Capítulo General y en el mismo se dispuso que el nuevo convento de Santa María de Tudía se destinaría a colegio de Gramática, Artes y Teología, al igual que los que ya tenían los santiaguistas en la universidad de Salamanca, autorizando al prior de san Marcos para que redactara las normas por las que habían de regirse religiosos y colegiales. No sabemos si se llevó a la práctica tal proyecto; lo que sí está documentado es que a partir de 1567 el conventual de Calera sirvió de residencia a los religiosos del convento de san Marcos hasta el traslado de éstos a Mérida en el año 1578. Desde entonces y hasta los tiempos de la Desamortización el nuevo edificio sirvió para alojar las dependencias de la vicaría de Tudía y como residencia de sus vicarios.

El monumento pasó a formar parte del Patrimonio Artístico Nacional en 1932 y hoy día, después de sucesivas restauraciones y especialmente de la que se concluyó a mediados de 2010, el conventual y la iglesia de Calera lucen como en sus mejores tiempos la mezcla de esos elementos arquitectónicos que le caracterizan, a caballo entre el Tardo-gótico y el Renacimiento, enriqueciendo con ello el patrimonio artístico de Extremadura y sorprendiendo a cuanto visitante llega a Calera de León.

Manuel López Fernández

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La Alcazaba de Mérida en la época de la Orden de Santiago

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En 1230 soldados cristianos, al mando de Alfonso IX, reconquistan la ciudad que es entregada a la Orden de Santiago quienes establecen una Encomienda como centro administrativo que obligará a la realización de obras diversas para atender a las nuevas necesidades. Sin embargo, las innovaciones más importantes no se efectuarían hasta el último tercio del S. XV en el que se acota el ángulo nororiental con al construcción con un gran muro de sillería. En ese apartado se instalarán diversas construcciones como la capilla, torres, aposentos residenciales o la torre del Homenaje, levantada en el 1480 por el Maestre don Alonso de Cárdenas.

Será en el tercer cuarto del S. VXI cuando se lleve a cabo otro importante evento que redefinirá la estructura y función de la alcazaba emeritense. Se trata del establecimiento provisional de la sede del Priorato de San marcos de León entre 1563 y 1600, año en el que vuelve a León.
Con este motivo se reforma nuevamente todo el ángulo nororiental de la alcazaba. En la parte exterior se edifica el Conventual Santiaguista, una nueva iglesia que pudiera atender más desahogadamente las necesidades religiosas. La parte más destacada del Conventual es su magnífico claustro rectangular renacentista, dispuesto en dos pisos con arcos de medio punto sobre columnas y capiteles clasicistas. Vemos así fundirse la dedicación militar, administrativa y religiosa en un mismo edificio.

Villafranca perteneció al Reino de León

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MAPA DE LA PROVINCIA DE LEÓN DE LA ORDEN DE SANTIAGO

La Orden de Santiago estaba dividida administrativamente en varias Provincias dirigidas por los Encomendadores, pero las más ricas e importantes eran la de León y la de Castilla. La primera, que es la que nos interesa, tenía la capital en Segura de León, y se subdividía en los Partidos de Mérida y Llerena. A su vez, cada partido contenía varias encomiendas.

En lo religioso, la Provincia de León dependía del Priorato de San Marcos de León, que abarcaba muchas regiones, y que dividió el territorio de la Provincia en tres vicarías: Mérida, Llerena-Tudía y Jerez de los Caballeros. El Priorato se constituyó como diócesis con sede en Llerena (Badajoz), estaba presidido por un obispo-prior, y tuvo un final de lo más interesante: en 1873 el Papa disolvió las Órdenes Militares, por lo que la diócesis quedaba anulada, y se dispuso que sus 135 parroquias tenían que ser repartidas entre las diócesis vecinas. Ante esta situación, la diócesis se rebeló contra el arzobispo de Valladolid, que era el encargado de llevar a cabo su disolución, y las autoridades eclesiásticas tuvieron que emplearse a fondo para sofocar lo que se acabó convirtiendo en una especie de cisma. Aún así, la cosa no se solucionó hasta 1875, y todavía hubo algún levantamiento posterior en Llerena.
Toda esta aparente maraña religiosa y administrativa es la razón de que muchos pueblos del sur de la provincia de Badajoz y norte de la de Huelva lleven el apellido “de León”.

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Ricardo Chao Prieto

Extremeños en la Orden de Alcántara (parte I)

Juan de Zúñiga y Pimentel nació en 14591 en Plasencia y falleció el 27 de julio de 1504 en Guadalupe, Cáceres, noble español de la Casa de Zúñiga, último Gran Maestre de la Orden Militar de Caballeros de Alcántara, participó con su Orden en la conquista y toma de Granada, arzobispo de Sevilla, Primado de España, mecenas de su tiempo.
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Nicolás de Ovando y Cáceres, nació en Brozas (Cáceres) en 1460 e hijo del capitán Diego Fernández de Cáceres y Ovando y de su primera mujer Isabel Flores de las Varillas, Dama de la Reina Isabel I de Castilla, y fallece el 29 de mayo de 1511. Fue gobernador y administrador colonial de La Española, desde 1502 hasta 1509, sucediendo en el cargo a Francisco de Bobadilla.

Fundó los pueblos de Puerto Real, Cares, Santa Cruz de Aycayagua, Gotuy, Jaragua y Puerto Plata. Trasladó y reconstruyó la ciudad de Santo Domingo, además de fundar conventos y promover la agricultura.
Volvió a España en 1509 sucediéndole Diego Colón. Fue nombrado “Comendador Mayor” de la Orden de Alcántara. Murió el 29 de mayo de 1511 durante una reunión de la Orden en Sevilla7 (según recoge Gonzalo Fernández de Oviedo en 1518). Fue enterrado en la Iglesia de San Benito, en Alcántara, Extremadura.
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Pedro de Acuña y Acuña Sánchez de Villarroel Cabeza de Vaca
Caballero de la Orden de Alcántara natural de Cisneros,Cáceres
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Alvaro de Vargas Chaves
Natural de Puebla de Alcocer.Badajoz.
Caballero de la Orden de Alcántara

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PEDRO LEONCIO NICOMEDES CAMPOS DE ORELLANA
Natural de la Haba.Badajoz,
Caballero de la Orden de Alcántara
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Rafael VARGAS-ZUÑIGA y VARGAS-ZUÑIGA, Brito y Federighi
Nació en Fregenal de la Sierra,Badajoz en 1854
Caballero de la Orden de Alcántara
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Miguel Torres-Cabrera González de la Laguna Mayoralgo y Rodriguez de León
Nació en Guareña,Badajoz en 1849
Caballero de la Orden de Alcántara
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Extremeños Caballeros de la Orden de Santiago. Parte I

Pedro de Alvarado y Contreras, Conquistador de México y Guatemala (1485 – 1541)
Nació en Badajoz, Extremadura. Hijo de don Diego de Alvarado, comendador de Lobón, en la Orden de Santiago y doña Sara de Contreras.
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Caballero de la Orden de Santiago

Francisco Pizaro y Mateos
nacido el 16 de marzo de 1478 en Trujillo, Cáceres. Hijo natural del capitán de los tercios españoles Gonzalo Pizarro, llamado el “El Largo o El Romano”, que luchó en Granada, en Italia con el Gran Capitán y murió en el sitio de Amaya (Navarra) y de Francisca González Mateos criada de su tía Beatriz Pizarro.

Cuando cuenta 20 años de edad se alista en los tercios españoles que luchaban en Italia y en 1502, tras su vuelta a España, embarca junto a fray Nicolás de Ovando, que partía como gobernador a la isla de La Española. En 1509 se añade al grupo de Alonso de Ojeda que se disponía a poblar en Tierra Firme y participó en la fundación de la villa de San Sebastián y Santa María de la Antigua (Colombia).
Caballero de la Orden de Santiago

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Caballero de la Orden de Santiago

Hernando de Soto y Gutierrez Cardeñosa

Hernando de Soto fue un adelantado, conquistador y explorador español. Se discute si nació en Barcarrota o Jerez de los Caballeros, pero hay documentos que indican a este último lugar como su cuna1 en 1500. Murió en el río Misisipi el 21 de mayo de 1542. Viajó a América y participó en 1522 la expedición de Gil González de Ávila que descubrió la costa de Nicaragua, y luego en 1524 la conquista de este territorio, a las órdenes de Francisco Hernández de Córdoba, fundador de las ciudades de Bruselas, León y Granada en Nicaragua. En 1532. Fue Gobernador de la isla de Cuba entre 1538 y 1539, año en que parte a la conquista de la Florida.
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Caballero de la Orden de Santiago

Alonso de Sotomayor y Valmediano
Caballero de la Orden de Santiago

Alonso de Sotomayor y Valmediano (Trujillo, Cáceres, 1545 – 1610), fue un conquistador español de origen extremeño, gobernador del Reino de Chile.
Fue hijo de Gutiérrez de Sotomayor e Hinojosa y Beatriz de Valmediano. Con 15 años se enroló por primera vez en el ejército, sirviendo en Italia hasta 1567, para luego pasar a Flandes.

En 1580 volvió a Madrid en desempeño de una comisión de servicio. Felipe II, al ver la eficiencia de este soldado, le otorgó la gracia del hábito de caballero de la orden de Santiago, y le mandó en la campaña sobre Portugal. En esos momentos le llegaron las noticias de Chile, de cómo continuaba la Guerra de Arauco y la necesidad de auxilios, para resolver de una buena vez el asunto, el rey decidió enviar como gobernador de Chile a Sotomayor con un numeroso grupo de soldados.
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Benito Arias Montano (1527-1598) Caballero de la Orden de Santiago
Benito Arias Montano, nacido en Fregenal de la Sierra (Extremadura) en 1527 y muerto en Sevilla en 1598, fue uno de los hebraístas más destacados de su tiempo. Hizo sus estudios de lingüística, gramática, retórica y filosofía en Sevilla, que amplió más tarde en la Universidad de Alcalá de Henares, donde en 1548 recibió el título de bachiller en Artes, convirtiéndose, en 1552, en el primer poeta laureado por tal Universidad.
Caballero de la Orden de Santiago
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José de Solano y Bote Carrasco y Díaz, Marqués del Socorro .Caballero de la Orden de Santiago
(Nacido en Zorita, provincia de Cáceres, Extremadura, (11 de marzo de 1726 – Madrid, 24 de abril de 1806), fue un militar y político español de destacada actuación durante el siglo XVIII, llegó a ser Brigadier y Capitán General de la Real Armada Española, Capitán General de la Provincia de Venezuela, Capitán General de Santo Domingo y Consejero de Estado.
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Hernándo Cortés y Altamiro
Caballero de la Orden de Santiago
Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano (nacido en Medellín,Extremadura, Corona de Castilla, 1485 – Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 2 de diciembre de 1547), conquistador español del imperio mexica (hoy el centro de México). I marqués del Valle de Oaxaca, gobernador y capitán general de la Nueva España

Fue hijo único de un hidalgo extremeño, llamado Martín Cortés y de Catalina Pizarro Altamirano. Por vía materna era primo segundo de Francisco Pizarro, quien posteriormente conquistó el imperio inca (no confundir con otro Francisco Pizarro, quien se unió a Cortés en la conquista de los mexicas). Como otros hidalgos, su padre lo envió a los catorce años a estudiar latín en Salamanca, ciudad que abandonó dos años más tarde, movido por su afán de aventuras. Estos estudios preparatorios y los conocimientos prácticos de la ley que granjeó en su aprendizaje con un escribano en Valladolid han dado pie al mito que Cortés cursó leyes en la Universidad de Salamanca.1 Tras varios intentos fallidos, por una parte, de embarcar para las Indias, y, por otra, de participar en las campañas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia, finalmente, en la primavera de 1504, zarpó hacia la isla de La Española, donde se instaló como plantador y funcionario colonial.
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Quintana de la Serena y la Órden de Alcántara

Quintana de la Serena estará ya en la época medieval ligado a lo que es la Orden Militar de Alcántara.

Es una orden religiosa, mitad monjes y mitad caballeros y fue la que se ocupó de la reconquista de la comarca de La Serena en el año 1234, en tiempos de Fernando III El Santo. Año por tanto en la cual fueron reconquistadas las tierras de  Quintana.  Por otra parte, las primeras menciones al núcleo urbano de Quintana, recogidas en la documentación alcantarina, aparecen en el siglo XIV.

La base inicial de Alcántara estaba entre Magacela, Zalamea de la Serena y Villanueva de La Serena. En la distribución administrativa de la Orden, Quintana queda encuadrada en lo que se llamaba como las Sietes Villas de la orden: Quintana, La Guarda, Campanario, La Haba, Magacela, Aldeanueva (actualmente La Coronada) y Villanueva de la Serena.

Personaje clave fue Don Juan de Zúniga, último maestre de la Orden Militar de Alcántara,  que gobernó entre 1480 y 1504 coincidiendo con el reinado de los Reyes Católicos. Inició una labor fuerte de acondicionamiento de lo que eran las posesiones de Alcántara en La Serena, así como una promoción de arquitectura religiosa, entre las que se encuentra la Iglesia Nuestra Señora de los Milagros tal y como está atestiguado en el escudo de la entrada. Otra pertenencia importante de dicha Orden es la conocida como casa de La Posada, en la cual hay abundante iconografía alcantarina.

http://www.hoyquintana.es/actualidad/2013-01-21/hijovejo-orden-alcantara-hitos-claves-1345.html

 

Granja de Torrehermosa y la Órden de Santiago

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En el siglo XV fue fundada por caballeros llegados desde la vecina Azuaga en el espacio que ocupa una granja de recreo, muy cerca del Río Zújar y a ella se debe su nombre. El apellido lo toma de la impresionante torre de la Igesia de la Purísima Concepción. Fue Felipe II, quien dio el apellido de Torrehermosa para fuera distinguida de las otras dieciocho granjas existentes en España, las que también llevaban el correspondiente apellido.
Los datos son dudosos, pues algunos hacen pensar que fue conquistada por Fernando II de León, mientras que otros nos dicen que fue Fernando III el Santo de Castilla.
El paso árabe se constata de forma clara por la presencia de la torre de la Iglesia de la Purísima Concepción de estilo mudéjar.
Como muchas de las localidades vecinas, perteneció a la Provincia de León de la Orden de Santiago, con Gobierno en Llerena, y en la visita que se realizó en el año 1404 se refleja que es jurisdicción de Azuaga hasta el 3 de febrero de 1565, momento en el que Felipe II le concede el título de villa, según la Carta de Villazgo conservada en el Archivo Histórico Municipal de Granja de Torrehermosa.

Origen y fundación de la Órden de Alcántara

A principio del s XII el primer convento se ubica en la ribera de Coa, reino de León, a 50 Km. de Ciudad Rodrigo, conocido por S. Julián de Pereiro. El fundador de esta orden fue D. Gómez Fernández, según el Real privilegio concedido por el Rey Fernando II el 1174. La bula de aprobación y confirmación de la orden fue expedida el 4 de enero de 1177 por Alejandro III.

A la muerte del Rey, le sucede su hijo D. Alfonso IX (1158-1229), quien conquista la villa y el castillo de Alcántara, entregándoles al maestre de Calatrava D. Martín Fernández para que estableciera un convento de su orden. Como los santiaguistas, quienes tenían sus sedes priorales en los conventos de Uclés y León, pertenecientes a distintos reinos, los alcantarinos tendrían dos sedes, Calatrava y Alcántara. De este modo Castilla y León eran los asentamientos de ambas Órdenes de Caballería.

Con la aprobación del Rey, en Ciudad Rodrigo el 16 de julio de 1218, el Maestre de Calatrava da a Nuño Fernández privilegios y la concesión de pasar dicho convento a la Orden de Alcántara para mejor defender las fronteras, dejándose de llamarse del Pereiro.

Las Reglas de Alcántara eran:
•Los caballeros hacían voto de perpetua castidad; pero la bula de Paulo III se les facultó para casarse y testar, no así a los clérigos.
•La elección será hecha por freiles con común consentimiento.
•La diócesis “nullius” es declarada exenta de los restantes obispos.
•Recibían la profesión de Caballeros y religiosos
•Preveían las encomiendas, prioratos y beneficios.
•Daban la colación y canónica posesión de las prebendas.
•Imponían castigo y reformación a las personas de hábito y a los vasallos.

Las Bulas funcionales de las Ordenes Militares tenían un objetivo común: el ejercer la guerra contra los moros y “vivir de acuerdo con el evangelio y combatir por Dios y contra los infieles”.

II. Primera época. Siglos XIII-XV

Finalizada la Reconquista, los reyes proceden a las actas de donación de los territorios conquistados, según la estrategia diseñada por Fernando III. Abarca el primer periodo los años 1230 -1493 para los santiaguistas y los años 1232-1495 para los alcantarinos.

En el segundo cuarto del s. XIII las Ordenes de caballería de Santiago y de Alcántara fueron las más beneficiadas en esta distribución, tras la definitiva conquista: Mérida (1229)[1], y Montáchez (1230), Alange (1234) con el maestre Pedro González (1226-36), Hornachos (1235), Reina (1243), Montemolín (1248) con Rodrigo Iñiguez (1236-42) y culminadas por Pelay Pérez Correa (1242-75); mientras que en la zona de la Serena se llevaron a cabo las donaciones de Magacela y Zalamea (1232) a los freiles alcantarinos, por Fernando III y reorganizadas por su hijo Alfonso X.

Los territorios se redistribuyeron: por un lado, en determinadas villas, que eran pueblos con jurisdicción y término propios, es decir, que sus alcaldes podían distribuir justicia ordinaria y, por otro, distintos “lugares” que eran pueblos con término, que carecían de jurisdicción, correspondía al cabildo de la villa cabecera. Al poblarse poco a poco los espacios geográficos en el s.XV surgen las aldeas, sin jurisdicción ni termino, terminando bajo administración de un concejo.

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Origen y fundación de la Órden de Santiago

Ante las discordias de los reyes de León, Castilla, Navarra y Portugal algunos varones poderosos, guiados por un espíritu guerrero y religioso conciben agruparse y fundar una orden para defenderse contra los moros.

Pero ven la conveniencia de unirse a religiosos que llevasen la dirección de sus almas. Al ver sus pretensiones de vida algunos prelados les aconsejan al Prior y canónigos del monasterio de Lodio, diócesis de Astorga y reino de Galicia, que seguían la Regla de S. Agustín. En 1030 ya obtuvieron donaciones de Fernando I, rey de León.

Los canónigos de Lodio tenían cerca de León un hospital, llamado “San Marcos”, con el fin de atender a los peregrinos de Santiago. Después fueron expulsados por Fernando II de León (1157-1188), y el rey de Castilla, Alfonso VIII (1158-1214) les recibe y le asigna como cabeza de la asociación la villa de Uclés, donde edificaron su iglesia y casa matriz. No obstante, rescatan el antiguo hospital de S. Marcos, al recapacitar el rey de León sobre la finalidad de su fundación. Ambas sedes serán en el futuro las cabezas de los dos grandes prioratos de la Orden Santiaguista en la capital de León y en el pueblo conquense de Uclés. Aquella tendría una provincia en Extremadura, cuya capitalidad religiosa será Llerena con el Vicario General y dos Provisoratos en Llerena y Mérida a partir del s. XVII.

Al venir a España el Cardenal D. Jacinto, delegado de su S. Santidad, para el arreglo de las desavenencias de los reinos, el prior y sus canónigos aprovechan para gestionar la aprobación de la Orden. Cuando regresa a Roma le acompaña D. Pedro Fernández con otros caballeros y canónigos, quienes son presentados e informados favorablemente al Papa Alejandro III. Este confirma, da varios privilegios y aprueba sus establecimientos, con una Bula de confirmación, dada en Ferentine por mano de Graciano Subdiácono y Notario de la Santa Iglesia de Roma el 5 de julio de 1175. Hubo de transcurrir siglo y medio hasta su aprobación definitiva.

Las Reglas de Santiago de la Espada ordenan:
•Vivir los Freiles casados (caballeros) y continentes (clérigos) bajo la obediencia del Maestre.
•Poseer el reconocimiento de los bienes y los privilegios del Monasterio de Lodio o Loyo.
•Los clérigos han de ser obedientes al Prior y enseñar las letras a los hijos de los Freiles.
•Gozan de exención de autoridad para las penas canónicas, excepto el recurso a la Autoridad Apostólica.
•Poseen facultades para erigir iglesias y oratorios.
•Por el privilegio “canon” los freiles y freilas, según el Concilio General, ordenado por el Papa Inocencio, no pueden ser castigados por otra jurisdicción, que la eclesiástica.
•Unos freiles viven en vida claustral y otros en los pueblos.

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Tratado de Celanova y Orden de Santiago

En 1160 acordaban los reyes portugués y leonés el Tratado de Celanova donde quedaba establecida la frontera en el río Coa y definido el terreno de conquista para cada cual. Mas tarde Fernando II se convertía en yerno de Afonso Enriques I casándose con su hija Doña Urraca, en un supremo intento de tranquilizar el lateral lusitano con quien no lo tenía nada claro y si lo estaba el espíritu expansionista de Afonso Enriques I quería recuperar Lusitania entera que consideraba suya por herencia de su abuelo Alfonso VI.

Aunque la orden de Santiago nace en mayo del año 844 como consecuencia de la batalla de Clavijo, en tiempos de Ramiro I se constituye canónicamente en la iglesia de Santiago el Real de los Caballeros en Logroño según Álvarez de Araujo. Pero será en 1160 cuando se alían con los canónigos agustinianos de Loyo, siendo su maestre don Pedro Fernández, señor de Fuente de Escalada. “Fue Don Pedro Fernández Hurtado el primer Maestre y fundador de la Orden de Santiago, comúnmente llamada de Fenteencalada, por ser de este pueblo en la diócesis de Astorga teniéndolo en señorío. También eran conocidos como Caballeros de la Espada”.

Fernando II para defender mejor su frontera con los portugueses y la Transierra Occidental que tenía un tanto en el aire, refuerza en 1161 la antigua y casi deshabitada Ciudad Rodrigo, reedificada y poblada en 1100 por el conde Rodrigo González Girón, la que concediera su padre Alfonso VII al concejo de Salamanca y al obispo Berengario por su defensa contra los moros y que ya se guardaron bien los de Salamanca de que esta ciudad no les hiciera ningún tipo de competencia, teniéndola muy descuidada y en práctico abandono. Este año el 30 de marzo de 1161 Afonso Enriques I asalta y ocupa Badajoz pero los almohades la recuperan enseguida.

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SEGURA DE LEÓN ,CAPITAL DE LA ÓRDEN DE SANTIAGO

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Toda esta aparente maraña religiosa y administrativa es la razón de que muchos pueblos del sur de la provincia de Badajoz y norte de la de Huelva lleven el apellido “de León”. En un artículo titulado “La reconquista de Mérida” y firmado por Yolanda Barroso en el nº25 de la revista Foro me encontré un mapa de esta Provincia de León hecho por Bernabé de Chaves en 1741, aunque la imagen es de pequeño tamaño y en negativo. Buscando por Internet encontré una edición electrónica del libro que contenía el mapa: se titulaba “Apuntamiento legal sobre el dominio (…) de la Orden de Santiago”, aunque en la Universidad de Castilla-La Mancha aparece datado (con dudas) en 1719.
Ésta es la portada de la obra:
portada de el dominio de santiago de bernabe de chaves

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La Conquista de Badajoz (1230)

El victorioso rey leonés permaneció en Mérida hasta después del 20 de marzo, partiendo después con el ejército y los maestres de las órdenes militares, los obispos y el arzobispo de Santiago de Compostela, con sus huestes sobre Badajoz.

La conquista de la capital debió de ser rápida, pudo establecerse un asedio hacia el 19 de abril, rindiéndose la ciudad el 26 de mayo, como indica el Chronicon conimbricense o a primeros de junio, como indica el Cronicón cordubense; pero antes del 9 de junio, porque ese día ya estaba Alfonso IX en Cáceres, de vuelta hacia el norte, y empleaba el título de «rex Legionis et Badalocii».

Alfonso IX, tras la toma de la ciudad de Badajoz, decidió dejarla dentro del realengo y ceder los derechos temporales de Mérida a la Iglesia de Compostela, teniendo en cuenta su proximidad a la frontera con el reino de Portugal. La confirmación y entrega de Mérida al arzobispo de Santiago la efectúa el 20 de julio, fecha en la que pasaba por Salamanca en su peregrinación hacia Compostela cuando iba a dar gracias al apóstol por las recientes conquistas.

Últimos meses de Alfonso IX (1230).

Rendida Badajoz, la expansión hacia el sur fue incontenible, ocupando los templarios Jerez, Burguillos. Fregenal y Alconchel. El propio Alfonso IX recorrió estas zonas meridionales, pues encontrándose en el castillo de la Atalaya, cerca de Zafra, el 2 de junio de 1230 hizo donación de Mérida y de los extensísimos términos que se le señalan al Arzobispo de Santiago. El monarca diseñó por entonces los objetivos y ciudades a conquistar en la siguiente campaña del invierno de 1230-31, que pretendían llevar el Reino de León hasta el Guadalquivir. Su fallecimiento retrasó esta expansión dos décadas.

Alfonso IX murió mientras iba en peregrinación a Santiago de Compostela en acción de gracias, en Sarria (Villanueva de Lemos) el 24 de septiembre de 1230. Se frustraba así el matrimonio de su hija primogénita Sancha con el monarca aragonés Jaime I, aportando al mismo el Reino de León.

Miguel A. Diego, “Zacut”

La toma de Mérida y la batalla campal de Alange (1230)

Pasada la Navidad de 1229, Alfonso IX partió de Alba de Tormes con un formidable ejército en el que, además de las huestes del monarca se encontraban caballeros las de las Ordenes Militares del Temple, Alcántara y Santiago, con sus maestres, a los que se unieron obispos con sus mesnadas (D. Bernardo II, arzobispo de Santiago de Compostela y los obispos de Oviedo, León, Zamora y Coria) y otras fuerzas. Se dirigieron a principios de cuaresma (hacia el 20 de febrero) al Sur con el objetivo de apoderarse de Mérida, a la que sometieron a sitio.
La noticia del asedio de Mérida debió llegarle al caudillo hispanomusulmán Ibn Hud al-Mutawakkil, vencedor de los almohades, reconocido como lugarteniente y Emir del Califato abbásida de Bagdag –tomó por enseña el estandarte negro de los abbasíies- primero en Murcia y luego en casi todo Al-Andalus (Almería, Málaga, Granada, Jaén, Córdoba, Sevilla, Badajoz, Mérida, Trujillo). Se dirigió a Córdoba, donde reunió un gran ejército de caballeros e infantes para acudir en ayuda de la ciudad sitiada, posiblemente por la calzada que parte desde Córdoba y transcurre por Azuaga y Hornachos. Ibn Hud acampó en las proximidades del castillo de Alange o en el lugar conocido como Posadas de Abenfut, ligeramente al noreste del actual Campillo de Llerena y dentro de los límites de su término municipal.
Mérida se negó a rendirse, por lo que fue atacada por el puente de la ciudad y se tomó al asalto, teniendo un papel destacado las huestes zamoranas, de Ledesma y de la Orden de Alcántara, como ponen de manifiesto el hecho de que Alfonso IX incorporara el puente de Mérida al escudo de la ciudad de Zamora, o que así conste respectivamente en la inscripción sobre la Puerta de Olivares –llamada también del obispo- en Zamora (Zamo[ren] ses fuerunt uictores in prima acie), en el Fuero de Ledesma (que indica que la milicia de Ledesma rindió buenos servicios en Mérida) y en la carta de donación que Alfonso IX hace el 30 de marzo al maestre de Alcántara, Arias Pérez, de posesiones en la ciudad de Mérida y en su proximidad (“por los muchos buenos servicios que en muchas ocasiones me prestasteis, y especialmente en la conquista de Mérida y en la batalla campal que tuve con Abenfut al otro lado del Guadiana”). El reconocimiento y donaciones por los servicios prestados en la batalla de Mérida alcanzará a personas concretas, como a Rodrigo Fernández, alférez de Alfonso IX, que recibirá Friera y la tierra de Aguilar, por llevar bien su enseña en la batalla.
La llegada de las tropas musulmanas decidió a Alfonso IX a enfrentarse a las mismas, a pesar de ser muy inferiores en número. Las fuentes afirman que el contingente de las tropas de Ibn Hud era innumerable, o que se componía de unos ochenta mil hombres (veinte mil a caballo y sesenta mil a pie). Para ello el rey leonés y las huestes que le acompañaban, atravesaron el Guadiana una noche y, a la mañana siguiente, el 15 de marzo de 1230 (de acuerdo con el Cronicon cordubense) tuvo lugar el enfrentamiento en campo abierto, una batalla campal, ‘una de las más señaladas de aquel siglo’.

Cuenta Juan Gil de Zamora que cuando Alfonso IX se prepara para entrar en combate pierde una de las espuelas, lo que todos interpretan como un mal presagio, menos el monarca que argumenta que «el rey no debe entrar en combate con espuelas como los miedosos y por esto cayó la espuela, para animarme a quitar también la otra» demostrando así que no pensaba huir sino perseverar en el combate hasta el final. ¿Estaba decidido a no perder la ciudad recién conquistada? ¿Deseaba infligir una derrota al enemigo que le permitiera avanzar hasta Badajoz y más tarde hasta el Guadalquivir? La imagen del cronista pone de manifiesto que, en cualquier caso, no estaba dispuesto a echarse atrás.

Ibn Hud vio que los leoneses se dirigían contra sus tropas a fin de entablar la batalla, ordenó sus gentes y salió a su encuentro, la batalla fue muy sangrienta y por algún tiempo dudosa, pero el valor de los cristianos superó la muchedumbre enemiga y se declaró por Alfonso IX la victoria. Tan señalada fue que hay crónicas que al hablar de Alfonso IX dicen «el que ganó la batalla de Mérida». Las crónicas recogen también la participación del Apóstol Santiago y de San Isidoro del lado de los cristianos con una hueste de ángeles apocalípticos que segaban las gargantas agarenas.

Los efectivos musulmanes sufrieron una derrota completa y salieron en desbandada perseguidos por los leoneses, resultando el mismo Ibn Hud herido. Según Moreno de Vargas, el ejército leonés infligió una gran matanza en los musulmanes que huían hacia Badajoz a una legua de Mérida, en el denominado valle de la Matanza

La toma de Mérida permitía restablecer la silla metropolitana de tan gran prestigio en la época romana y visigoda, trasladada a Compostela por la persecución de los mozárabes, pero lo impidió Bernardo, el arzobispo de Santiago.

Ricardo Chao Prieto

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LOS TEMPLARIOS EN CHELES

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Historia de Cheles

La Intervención Arqueológica en” El Pico” en la sierra de San Blas en Cheles constata la presencia de un poblado calcolítico y los vestigios de lo que podría haber sido una villa romana de carácter industrial dedicada a la producción metalúrgica y más tarde la fortaleza templaría. Cerca de él, a orillas del río, se han encontrado lo que podrían ser las ruinas de un antiguo embarcadero de esa misma época, demostrando así la antigüedad y la cuantiosa actividad fluvial del entorno
En la Alta Edad Media como en casi toda la Península Ibérica., Cheles estaba ocupada por los árabes, dicho asentamiento se localizaba también en la sierra de San Blas desde donde se controlaban todos los puntos estratégicos de la periferia.
Alfonso IX de León y su hijo Fernando III de Castilla culminaron la reconquista que había iniciado en Coria en el año 1142 el Rey Alfonso VII de Castilla, de esta forma se recuperan las tierras españolas de manos almohades.
Alfonso IX reconquistó Badajoz en 1230, con el apoyo de la Orden del Temple. Dicha Orden a su vez reconquista la zona oeste fronteriza con Portugal, arrebatando Cheles a los árabes bajo el reinado de Fernando III en el año1231.

Al morir Alfonso IX en el año 1230, su hijo Fernando III heredó el reino de León, otorgado por sus hermanas Sancha y Dulce, uniéndolo a la corona del reino de Castilla, en su poder desde la muerte de su primo Enrique I en 1217. Convirtiéndose así en Fernando III Rey de Castilla y de León, gracias a las habilidades diplomáticas de la Reina madre Berenguela que supo solventar los problemas que plantearon ambas herencias.

La estancia de los templarios en Cheles duró 35 años, desde 1277 hasta 1312. Tras un largo pleito en el que incluso intervino el rey Alfonso X el Sabio, la Orden del Temple tuvo que devolver al concejo de Badajoz los poblados de Táliga y Olivenza, aunque consiguió retener Cheles, donde levantó un hermoso castillo sobre el cerro de San Blas. A principios del siglo XIV la Orden fue disuelta y aunque no quedan más que algunos restos de la antigua fortaleza, indicios de lo que fueron casas desperdigadas por el monte y muchas piedras, su memoria aún sigue viva hoy en día por su legado del Fuero del Baylío

La solemne donación de Cheles tiene lugar en Lerma el 28 de septiembre de 1336. Para tan magno acontecimiento reunió el rey Alfonso XI a su Corte:
“Después de dar gracias a Dios, a Santa María y a todos los Santos, el rey, en unión de la reina doña María y de su hijo el infante Pedro, primer heredero, da las gracias a Juan Alfonso de Benavides y a su abuela por los servicios prestados. Le hace merced del lugar de Cheles, junto con la dehesa del mismo nombre, con los ejidos y con las tierras de pan y de vino, así como de la jurisdicción; pero todo ello con la condición de no vender ni cambiar con la Iglesia, Órdenes o religiosos sin su autorización.”
El Rey Fernando III el Santo y Doña Beatriz de Suabia, contrajeron matrimonio en 1219 en Burgos, teniendo diez hijos de los cuales destacaron:
Alfonso X el Sabio y el Infante de Castilla Manuel de Borgoña y Suabia que fue el que inicio el linaje de la Casa de Manuel de Villena, al recibir de su padre Fernando III el Santo, los señoríos de Villena, Escalona y Peñafiel. Con el paso de los años sus descendientes irían adquiriendo títulos y posesiones mediante matrimonios, permutas o concesiones de la Corona.

Entre los títulos que han pasado por la familia Manuel de Villena y sucesores los Pardos – Manuel de Villena, algunos de los cuales permanecen en la actualidad, encontramos a los Señores y Condes de Cheles. En el año 1390 D. Juan Manuel de Villena inicio una larga lista de Señores de Cheles que como dueños y señores regentaron los dominios del pueblo durante cinco siglos, desde mediados del XV hasta los albores del siglo XX.
El tercer Señor de Cheles, del mismo nombre Don Juan Manuel de Villena, decidió trasladar la ubicación del pueblo, desde el asentamiento primitivo en la sierra de San Blas hasta la localización actual. Al parecer los continuos problemas de salud que aquejaban a la población debido a las epidemias transmitidas por los mosquitos que infectaban las aguas del río, hicieron que el asentamiento original se abandonase en torno al año 1500, reconstruyéndose en un lugar más saludable.
En pleno siglo XVI se abandono la antigua fortaleza, construyendo otra nueva en las proximidades de aquella, en lo que hoy se conoce como “la cerca del castillo”.
Entre los años 1640 y 1668 la villa se despobló por completo, debido a la Guerra con Portugal. Este conflicto asoló gran parte de la comarca de Olivenza y fue especialmente cruenta con Cheles, la población fue arrasada por los portugueses y de nuevo hubo que reconstruir la localidad. Tan despiadados fueron los enfrentamientos que cuando la guerra acabó, se erigió la ermita del Santo Cristo con las limosnas de todos los cheleros que de esta forma daban las gracias al Santísimo por haber sobrevivido.
La firma del Tratado de Lisboa, pone fin a cerca de 30 años de conflictos con Portugal. En 1668, Cheles y otros pueblos de la zona arrasados por la guerra, comienzan una nueva andadura, repoblándose con algunos antiguos vecinos y otros nuevos llegados de Portugal, todos ellos bajo la mano del Señor de la Villa probablemente D. Cristóbal Manuel de Villena y Portocarrero, IX Señor de Cheles.

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TIERRA DE BARROS EN LA RECONQUISTA

ACEUCHAL, en tiempos de la Reconquista pasará como fortificación a la Orden del Temple y en s. XIV, será de la Orden de Santiago, llegando a ser Cabeza de Encomienda.
SOLANA DE LOS BARROS, después de la Reconquista pasaría a formar parte de la Orden del Temple y, a mediados del siglo XV, se integraría en el Señorío de Feria.
ENTRÍN BAJO , La Iglesia de Ntra. Sra. del Amparo, fue levantada a principios del s. XX y debe su fundación a las tropas leonesas que se asentaron por esta comarca después de la Reconquista.

ENTRÍN ALTO, al igual que la anterior localidad, fue fundada tras la Reconquista de estos territorios
VILLALBA DE LOS BARROSfue residencia durante mucho tiempo de los Señores de Feria que vivieron en su castillo hasta mediados del s. XV. Este hermoso Castillo fue realizado hacia 1418 por D. Gómez Suárez de Figueroa, primer Duque de Feria.
FUENTES DEL MAESTRE, ya en la Edad Media pertenecería a la Orden del Maestre y posteriormente a la de Santiago, quien la convertiría en Cabeza de Encomienda. Su actual nombre se le debe al Maestre Lorenzo Suárez de Figueroa.
FERIA, su castillo del s. XV, es el monumentos más conocido en toda la comarca, fue construido gracias a Lorenzo Suárez de Figueroa dando pie con ello al llamado Señorío de Feria.
LOS SANTOS DE MAIMONA, perteneció a la Orden de Santiago.
VILLAFRANCA DE LOS BARROS, después de la Reconquista, pasaría a la Orden de Santiago, llegando a mediados del s. XIV a ser Cabeza de Encomienda de la misma Orden.
RIBERA DEL FRESNO, de origen árabe que sería en el siglo XIII, con la Orden de Santiago, nombrada Cabeza de Encomienda. Aún quedan los restos del castillo del s. XV
PUEBLA DEL PRIOR, localidad fundada tras la Reconquista por la Orden de Santiago y en cuyo lugar llegó a establecerse la Casa del Prior de la Orden.
La Iglesia de San Esteban es del s. XV; junto a ella se erigió un Palacio que estaba destinado a residencia de los Priores de la Orden de Santiago en el s. XV.
HORNACHOS,En 1234 la Orden de Santiago la nombró Cabeza de Encomienda y sede del Embajador. Felipe III en 1610 mandó la expulsión de un grupo de casi 10.000 moriscos que vivieron en Hornachos.
Puebla de la Reina, en el s. XIII sería repoblada por la Orden de Santiago. Conocida antaño con el nombre de la “Puebla de la Jara”,
PALOMAS, su origen se remonta, a la época de dominación árabe, aunque será en el s. XIII cuando la Orden de Santiago le dé renombre y la haga Cabeza de su Encomienda.
ELMENDRALEJO, población medieval que surge fruto del desarrollo que realiza la Orden de Santiago en esta zona desde el s. XIII, constituyéndose en Encomienda a mediados del s. XIV.

Ruta de la Orden Militar de Santiago en Extremadura

La Orden de Santiago, constituida en Cáceres en 1770 como orden religiosa y militar, tenía el objetivo principal de proteger a los peregrinos del Camino de Santiago y hacer retroceder a los musulmanes de la península ibérica.

Gracias a su importante contribución en las guerras de conquista y reconquista, la Orden contó con sustanciosas donaciones de reyes, príncipes, papas e impuestos que hicieron que pronto acumulara importantes riquezas y patrimonio, gran parte del cual aún podemos admirar en la actualidad.

La puesta en valor de este legado histórico se traduce en la posibilidad de recorrer estos hitos siguiendo la Ruta de la Orden de Santiago. Este recorrido atraviesa los pueblos que bordeaban la Cañada Real Leonesa Occidental a su paso por las comarcas de Tierra de Barros y Zafra-Río Bodión. En ellas y en sus cercanías, en las poblaciones que pertenecieron a la Orden, han quedado castillos, fortalezas y casas de encomienda y multitud de rastros que fascinarán al viajero.

Por si el pretexto de seguir los pasos de esta orden secular no fuera suficiente, el visitante quedará sorprendido por la calidad de la gastronomía de la zona, sus fiestas y tradiciones y el calor de sus gentes.

El viajero se adentra en paisajes verdaderamente bellos. En toda la zona se respira la influencia de la Orden de Santiago, pero también la de los otros pobladores, como árabes y romanos.

La ruta está diseñada en trece etapas pues la riqueza patrimonial es tanta y tan variada que es posible adaptar el trayecto a los días disponibles o a las preferencias de los viajeros. Es posible centrarse en los edificios de carácter militar o ampliar nuestra visita a otros de carácter civil o religioso ajenos a la Orden.

Cañada Real Leonesa

Podemos comenzar la ruta por Hinojosa del Valle, así llamada por la abundancia de hinojo en la zona. Visitaremos después Hornachos, asentamiento montañoso que fue de romanos, visigodos y musulmanes antes de su toma en el S. XIII por Don Pedro González, Maestre de la Orden de Santiago.

La Orden de Santiago tenía el objetivo de proteger a los peregrinos del Camino de Santiago

Los Santos de Maimona, punto neurálgico en la antigua calzada romana y la cañada de la Mesta, cuenta con multitud de vestigios del dominio musulmán, entre ellos numerosas norias y molinos que dejan patente la habilidad arquitectónica y de ingeniería de este pueblo que bien merece una visita.

Otras poblaciones de interés son Medina de las Torres; Palomas, con su estupendo puente medieval y el aljibe mudéjar; Puebla de Sancho Pérez; y, cómo no, Puebla de la Reina, de orígenes romanos aunque fundada por los árabes en 995.

Y como la historia nace a borbotones en esta tierra, continuaremos con Puebla del Prior, donde es imprescindible la visita al Palacio de los Priores de San Marcos y a la Ermita de Nuestra Señora de Botós; Ribera del Fresno y su castillo fortaleza; los menhires de Valencia del Ventoso, así como sus villas romanas de los siglos III y IV d.C.

La riqueza patrimonial es tan variada que se puede adaptar la ruta a los días disponibles

Orden de Santiago

Ya fuera de la Cañada Real Leonesa pero también asociados a la Orden de Santiago, podemos visitar Aceuchal, llamado así por los numerosos acebuches de su asentamiento original o Calzadilla de los Barros.

En las calles bellamente encaladas de la población de Fuente del Maestre encontraremos varios edificios ligados a la Orden de Santiago, como su iglesia de la Candelaria, el palacio y la plaza del Gran Maestre, la fuente del Corro y una inmensa cantidad de palacios y casas blasonadas que merecen un reconocimiento detenido.

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Castillo Templario de “El Cuerno” de Fuentes de León

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El asentamiento fortificado de “el cuerno”

Emplazado sobre un cerro que se eleva a 730 metros de altitud sobre el nivel del mar se ubica un asentamiento fortificado conocido en Fuentes de León como Castillo de El Cuerno, nombre que procede de la denominación de la sierra sobre la que se asienta. La elección del lugar no fue casual, por el contrario la fortificación buscó la protección natural de una colina de escarpadas laderas sólo accesible con cierta comodidad desde su flanco Sureste.

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El control visual que desde esta atalaya natural se tiene del entorno es digno de ser destacado, especialmente en dirección Sur, hacia el camino natural que a lo largo de la Edad Media unió esta comarca con el área de Huelva y Sevilla. La sierra estuvo ocupada al menos entre los siglos X y XIV, es decir, desde los tiempos islámicos del Califato cordobés hasta la Baja Edad Media.

Abandonado desde el siglo XIV, el asentamiento cayó en el olvido adentrándose en un proceso de ruina generalizada provocada por el paso del tiempo, los agentes meteorológicos y la desidia de los hombres. Desde entonces, pasados casi siete siglos, el lugar ha permanecido olvidado.

El asentamiento de El Cuerno ha de entenderse como un ejemplo singular en el panorama del patrimonio histórico y arqueológico extremeño. Singular en tanto que la datación del castillo en la segunda mitad del siglo XIII y su vinculación a la Orden del Temple son excepcionales en Extremadura, pues todos y cada uno de los ejemplos fortificados de los templarios fueron profundamente modificados una vez que se suprimió a los caballeros del Temple. La posición periférica del castillo con respecto a la localidad de Fuentes de león, la ya lejana frontera con el mundo musulmán y la difícil accesibilidad del emplazamiento condujeron a que la Orden de Santiago, a quien fueron donadas estas tierras una vez liquidada la Orden templaria, no ocupara el lugar, llegando a nosotros con su trazado original. Circunstancia excepcional no sólo en el conjunto de castillos extremeños, sino también en el panorama de la castellología hispana.

Será durante la fase de dominación islámica cuando la tierra de Fuentes de León alcance una notable importancia integrada en el área del dominio de Montemolín, principal asentamiento musulmán en el Sur Bajo extremeño. A lo largo del siglo X, e incluso en el siglo precedente, sobre la Sierra de El Cuerno se asentó un poblado amurallado cuyas dimensiones intramuros rondaban 1,5 hectáreas de extensión. Este poblado debe asociarse al característico hisn islámico: asentamiento rural fortificado dependiente no del estado, sino de las comunidades locales que organizan la defensa y la articulación del territorio y de sus habitantes en torno a un punto central de rango mayor que las alquerías periféricas. El hisn, como tal, permaneció habitado al menos entre los siglos X y mediados del XIII, momento en el que se produce la conquista cristiana y el desmantelamiento del mismo.

Esta fase viene representada por la construcción de un primer recinto defensivo que englobaba el castillo visible en la actualidad. La muralla se construyó siguiendo un trazado claramente irregular, aunque con cierta tendencia a la circunferencia, en consonancia con la conformación del risco. Los lienzos de la cerca son jalonados por torres de planta cuadrangular hoy sepultadas por la ruina y camufladas entre la abundante vegetación. Tanto torres como muralla se realizaron con mampostería y un mortero de cal pobre mezclado con arena. Como decimos, la muralla debió ceñir una población de carácter estable a juzgar por la notable cantidad y dispersión de materiales constructivos tanto en la meseta que corona el cerro como en las laderas de éste. De este poblado nada es hoy visible en superficie, hecho que ha de vincularse tanto al más que posible abandono del mismo tras la conquista cristiana, como a la reordenación del espacio por parte de sus nuevos ocupantes, que debieron usar el lugar como simple espacio militar más que como asentamiento con ciertas características urbanas, ciñéndose a ocupar y remodelar el sector principal y más elevado, donde construyeron el castillo que todavía en nuestros días se alza. Tratándose de un asentamiento estable, podemos pensar en la existencia intramuros de una población perfectamente articulada alrededor de la mezquita mayor, verdadero centro en torno al cual gira la vida de un enclave islámico y no sólo desde un punto de vista religioso. En el sector más elevado del cerro podemos deducir, en función de los restos conservados, la posible existencia de un recinto defensivo a modo de alcazaba, posteriormente utilizado tras la ocupación cristiana para elevar el castillo bajo medieval. Una torre de notable porte de este recinto militar fue aprovechada para cimentar buena parte de la torre del homenaje cristiana.

Hacia el Este del cerro, ocupando un relativamente amplio espacio amesetado extramuros previo a los campos sembrados, se dispuso el área cementerial musulmana. El mundo islámico no hace sino perpetuar la antigua tradición mediterránea del culto a los muertos, a los que se sitúa fuera de las ciudades, o al menos en un área periférica de éstas; las magbara (cementerios) se emplazan junto a los caminos, en ocasiones buscando la proximidad de rawabit y morabitos.

Inmediatamente después de la reconquista cristiana (fines de los años 40 del siglo XIII), la zona de Fuentes de León fue donada a la Orden de Santiago a excepción de la fortaleza de El Cuerno y las tierras situadas al Oeste de ésta, tierras que son integradas en el bayliato de Jerez de los Caballeros, nombre con el que se designa el dominio de la Orden del Temple en el suroeste extremeño. Los templarios llevan a cabo una importante reforma en El Cuerno una vez alcanzada su posesión. El antiguo asentamiento islámico debió ser abandonado por sus antiguos ocupantes que, o bien huyeron hacia el sur buscando el cobijo de tierras aún dominadas por el Islam, o bien fueron reubicados por la Orden del Temple en otros emplazamientos próximos como Jerez de los Caballeros o Fregenal de la Sierra. El Cuerno deja de ser un poblado de cierta entidad para convertirse en una fortificación habitada exclusivamente por un destacamento militar. Entre mediados del siglo XIII, momento en el que la tierra es ganada al Islam y donada al Temple y 1312, fecha en la que la mencionada Orden es disuelta por mandato papal, debió desestructurarse el poblado y reformarse profundamente el espacio en el que se asentó la alcazaba andalusí, dando lugar a la fortificación que hoy conocemos.

Poco después de 1312 El Cuerno es donado a la Orden de Santiago, integrándose en el término de Fuentes de León. Los santiaguistas se limitaron a ocupar un castillo ya poco útil si tenemos en cuenta el notabilísimo avance hacia el Sur de la frontera con los musulmanes. El alejamiento de la fortaleza con respecto a la localidad de Fuentes condicionó el abandono paulatino de la misma en tanto que emplazamiento inservible ya militarmente y ante la perceptible incomodidad de su ubicación. Esta circunstancia pese a ser inadecuada para el mantenimiento del inmueble, pues el abandono supondría su rápida degradación, ha posibilitado el mantenimiento de un trazado original no tocado no alterado desde el siglo XIV.

Libro de Fiestas 2007

Víctor M.Gibello Bravo – Marta Gómez Hernández

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Azuaga Cristiana

En los años centrales del siglo XIII, justo cuando se produce el paso del dominio musulmán al cristiano, Azuaga va a desempeñar un papel de tránsito de vías de comunicación en el camino de Badajoz a Córdoba y en el paso de la Meseta Sur al valle del Guadalquivir, y también entre los poderes civiles y las jurisdicciones eclesiásticas.

Tras su conquista, la villa de Azuaga es concedida por Alfonso X al concejo de Sevilla el 6 de diciembre de 1253, como parte integrante de su alfoz. En consecuencia, a partir de este momento esta población extremeña pasó a formar parte de la jurisdicción concejil de realengo, dentro de la política del rey de engrandecimiento del concejo sevillano, frente a los teóricos derechos jurisdiccionales que la Orden de Santiago podía esgrimir sobre la villa de Azuaga. Estos derechos se referían a la donación de la villa y el castillo de Reina, incluyendo Azuaga, a los santiaguistas cuando fuera recuperada a los musulmanes, lo que ocurrió en 1256.

El fracaso del concejo sevillano en la repoblación de Azuaga, explicaría la entrega del dominio efectivo del lugar en 1274 a la Orden de Santiago. En cuanto a la jurisdicción eclesiástica se incluía en los límites del arzobispado de Sevilla. La Orden y el arzobispado llegaron a un acuerdo en 1274 sobre el reparto de rentas y derechos eclesiásticos mediante el cual el primado sevillano, junto al cabildo, recibía la octava parte de los diezmos de pan, vino y lino, además de la potestad para administrar los sacramentos, juzgar las causas eclesiales y reservarse el derecho de visita. Por su parte, la Orden conservaba el resto de los diezmos y podía presentar a los capellanes de sus iglesias, que, sin embargo, debían ser confirmados por el propio arzobispo.

En abril de 1295, la Orden de Santiago había donado, con carácter vitalicio, a Fernán Meléndez y su mujer Sancha González, el castillo de Azuaga, con todos sus términos y derechos, a excepción del montazgo y el diezmo. Así queda confirmado el extenso señorío de los santiaguistas en la Baja Extremadura a finales del siglo XIII, sin duda el más importante de esta comarca.

Poco tiempo permaneció la fortaleza de Azuaga en manos privadas o particulares. En mayo de 1295, Sancho IV, a petición del maestre Juan Osórez, autorizó a la Orden para que recibiese todos los bienes de Fernán Meléndez y su mujer, al decidir los cónyuges tomar el hábito santiaguista. El castillo se mantenía en manos del matrimonio, pero desde ese momento los nuevos freires actuaban ya en nombre de la Orden, que se reservaba la percepción de los diezmos.

Iniciado el siglo XIV, Azuaga recuperó cierta actividad económica, aunque su población debía ser todavía muy escasa. En 1331 se documentaban en la localidad doce casas, un cortijo y una torre, en no muy buen estado. Para esa fecha debían estar ya cultivadas algunas yugadas de heredad.

Antes de mayo de 1331, el maestre Vasco Rodríguez cedió, con carácter vitalicio, a su hermano Gonzalo Rodríguez de Cornado, a su mujer Elvira Arias y a su hija Leonor el lugar de Azuaga, con la condición de reparar el cortijo y su torre, y dejar a la Orden, después de su muerte, diez yuntas de bueyes alineadas y enderezadas, trescientas ovejas parideras y cuatrocientas ochenta puercas de crianza. Igualmente Azuaga debía volver a poder de los freires santiaguistas con todas las mejoras realizadas en el cortijo, casas y cultivos.

El objetivo de la cesión vitalicia parecía claro: incentivar la actividad agropecuaria de Azuaga, que se articulaba en torno a un cortijo, mediante la explotación de diez yugadas de tierra de cereal y el aprovechamiento de sus recursos potenciales para el desarrollo de la ganadería. Se beneficiaría de la estratégica posición de Azuaga para canalizar la trashumancia de Andalucía a Extremadura. La Orden de Santiago se reservaba la percepción del montazgo en Azuaga. La agricultura y la ganadería son las actividades económicas y recursos fundamentales de la encomienda de Azuaga y los pilares posteriores de su crecimiento poblacional. Los montes que circundaban la localidad proporcionaban pasto para los ganados y bellotas para las piaras de cerdos, contenían riqueza maderera, cinegética y apícola. Azuaga aparece citada, entre otras poblaciones de la Baja Extremadura, en el “Libro de la Montería” de Alfonso XI como lugar de caza mayor, especialmente jabalí, y por la existencia de la apicultura.

Azuaga retornó pronto al dominio directo de la Orden, ya que González Rodríguez de Cornado, a la muerte de su mujer, ingresó en la institución santiaguista, llegando a ser Comendador Mayor de León.

El primero de los comendadores de Azuaga que tenemos documentado es Juan Osórez, que aparece junto al maestre y otros comendadores en un privilegio de enero de 1381. A éste debió sucederle en el cargo Pedro de Herrera, hijo del señor de Piña, Álvaro de Herrera, que ocupó la encomienda de Azuaga durante el maestrazgo de Lorenzo Suárez de Figueroa (1387-1409). En estos años finales del siglo XIV, el núcleo de la encomienda y la residencia del comendador debían articularse en torno a la fortaleza, que fue reparada hacia el año 1400.

En definitiva, en el transcurso de los siglo XIII y XIV la villa de Azuaga quedó integrada en el abadengo santiaguista de la Baja Extremadura.

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El Capítulo General de la Orden de Santiago en Azuaga en 1477

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Don Rodrigo Manrique, reconocido como Maestre de Santiago en la provincia de Castilla, se enfrentó con gran éxito durante tres años en la guerra dinástica contra castillos y plazas, que obedecían al marqués de Villena, hasta que la muerte le alcanzó en 1476.

Alonso de Cárdenas acude apresuradamente con sus partidarios y el prior de San Marcos de León a Uclés, sede del priorato de Castilla, para hacerse reconocer como maestre de los territorios de la Orden en dicha provincia de Castilla. El Capítulo General está convocado para reunirse en la localidad del Corral de Almoguer. Sin embargo, los Reyes Católicos se oponen a tal nombramiento. Ausente Fernando, Isabel cabalga hasta Corral de Almoguer donde se presenta en el Capítulo General para sorpresa de los caballeros de Santiago y pide formalmente que se detenga el proceso de elección del Maestre. Es más, solicita que se le adjudique la administración de la Orden al rey Fernando por un período de seis años. Los caballeros se inclinan ante la voluntad real, y Cárdenas tiene que resignarse ante la evidencia y vuelve a sus territorios.

Los reyes quieren poner orden en la administración santiaguista y están necesitados de las copiosas rentas de la Orden, pero a la vez quieren asegurarse la fidelidad de Cárdenas que ha conseguido retener el control de la provincia más rica. El problema es tratado por los Reyes en Madrid, en los primeros días de abril de 1477. Rodrigo Maldonado de Talavera es enviado para visitar a Cárdenas en Llerena. Estaba dolido por el incidente en el Corral de Almoguer y manifestó con claridad su deseo de que se reuniese el Capítulo de la Orden para confirmar su nombramiento. La intención de los Reyes era clara: otorgar a Cárdenas el maestrazgo a cambio de ciertas compensaciones económicas.

Camino de Cáceres a Sevilla, la reina Isabel visita a Cárdenas en Valencia de las Torres. Mes y medio más tarde el rey Fernando viaja a Extremadura para entrevistarse con Cárdenas y solucionar definitivamente el contencioso sobre el maestrazgo de Santiago. Esta crucial entrevista tuvo lugar en Azuaga a fines de agosto de 1477.
Tras la entrevista, el rey Fernando ponía fin a su administración de la Orden a favor de Alonso de Cárdenas que era reconocido como único Maestre y sería proclamado por un Capítulo General que se convocaría al efecto. A cambio, Cárdenas reconocía un importante subsidio económico a la Corona, tres millones de maravedíes anuales para con ellos poder atender las necesidades de los castillos de la frontera de Granada. Este subsidio no era otra cosa sino el pago de los años de administración que aún le restaban a Fernando del nombramiento que le concedió el Capítulo del Corral de Almoguer el año anterior. Dos años más tarde, y en agradecimiento por su victoria sobre los portugueses en la batalla de La Albuera en Badajoz, los Reyes perdonarán la deuda al Maestre.

Es entonces cuando se convoca el conocido Capítulo General de la Orden de Santiago en Azuaga, que se reúne el 27 de noviembre de 1477 en el Convento de la Merced (Ermita de San Sebastián), por estar el Castillo en estado ruinoso. Acuden los dos Priores de San Marcos de León y de Uclés, los caballeros Trece o electores con derecho a voto, y los demás comendadores y caballeros de la Orden. El día 28 se pasa con la presentación de credenciales y constitución del Capítulo. El día 29 de noviembre se efectúa con toda solemnidad, y conforme a los estatutos de la Orden, la elección canónica: los Trece nombran Maestre de Santiago a don Alonso de Cárdenas. Por fin el 30, domingo, todos los asistentes prestan juramento de obedecer y servir al Maestre.

Entre los asistentes se encontraba el heredero del fallecido maestre don Diego Manrique, el poeta Jorge Manrique y autor de una de las obras cumbre de la poesía en lengua castellana “Coplas a la muerte de su padre”.

Más tarde, Alonso de Cárdenas intervendrá decisivamente en la terminación de la guerra con Portugal. Los Reyes le ponen a prueba ordenándole la conquista de Mérida, la rendición de la condesa de Medellín y el rechazo de la invasión portuguesa. Cumple todos sus objetivos y vence al ejército portugués en la batalla de la Albuera. Los Reyes Católicos se rinden ante la evidencia de haber encontrado un firme defensor de sus causa y sellan la reconciliación con el reconocimiento de Cárdenas como uno de sus principales jefes militares, nombrándole Adelantado de la frontera, y como tal tendría un puesto principal en la futura guerra de Granada que se avecinaba.

Concluida la guerra civil con la firma de la paz con Portugal e iniciada la conquista del reino de Granada, Alonso de Cárdenas tuvo un papel destacada al frente de los caballeros de la Orden, participando en las principales acciones de esta guerra, desde el asedio a Alhama en 1482 hasta la toma de Granada diez años después.

Don Alonso de Cárdenas vivirá su momento de gloria el día 2 de enero de 1492, cuando entra en Granada acompañando al Rey Católico y contempla emocionado el flamear de la enseña de la Orden de Santiago junto a la propia enseña de los Reyes Católicos en la Torre de la Vela, la más alta y esbelta de la Alhambra. Fue la reina Isabel quien decidió, en agradecimiento por la ayuda de la Orden, que su enseña fuera la única que ondeara en Granada junto a la cruz y las enseñas reales de Castilla y Aragón. Como recompensa por sus servicios, los Reyes le otorgaron a Cárdenas para sí y para su descendencia el condado y señorío sobre la villa de la Puebla (Badajoz), que desde entonces es conocida como la Puebla del Maestre.

Después de culminada la empresa de sus vida, el Maestre se retiró a Extremadura. Otorgado testamento en Llerena el 30 de junio de 1493, falleció al día siguiente, 1 de julio, con setenta años de edad, o poco menos, y fue sepultado en la Iglesia de Santiago de Llerena. El Maestre don Alonso yacía en la capilla mayor de dicha Iglesia, en unión de su esposa doña Leonor de Luna. Su sepulcro fue deshecho, y de él se conservan en la actualidad las estatuas yacentes de ambos cónyuges adosadas a la pared de la Iglesia.

Mientras vivió el maestre don Alonso de Cárdenas, los Reyes aplazaron la incorporación del maestrazgo a la Corona, pero fallecido don Alonso en 1493 procedieron a la inmediata incorporación de dicho maestrazgo, de modo que Cárdenas fue el último maestre de la Orden.

Con la conquista de Granada, último baluarte musulmán en la Península, la historia militar de las órdenes había alcanzado también su final. Nacidas para luchar contra el Islam y recobrar el territorio nacional, su misión había sido coronada con el éxito. Habían contribuido a la tarea que se habían marcado con todo su esfuerzo y sin regatear sacrificios.

Pero no por eso desaparecerían las órdenes militares; ahora sus ingentes rentas y su prestigio acumulado durante siglos, se convertirían en patrimonio de la Corona, que las utilizaría durante varias centurias más al servicio de fines más generales y como medio de recompensar a sus más fieles servidores.

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Los Portocarrero y la Encomienda de Azuaga en tiempos del Maestre Don Alonso de Cárdenas

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Castillo de Miramontes de Azuaga

En vida del Maestre don Alonso de Cárdenas, la encomienda de Azuaga estaba formada por las villas de Azuaga, Berlanga y Granja de Torrehermosa, sus aldeas (Malcocinado, Cardenchosa…) y algunas rentas de Valverde. Comprendía dehesas de pastos (Carderuela, junto al río Sotillo) y tierras de labor (Vegas de la Matachel y de la Granja). Los diezmos de cereal se estimaban en una media de 3.000 fanegas de trigo y 1.000 de cebada.

En la visita general de la Orden de 1494, ordenada ya por el rey Fernando, al año siguiente de la muerte Cárdenas, se hace constar que el comendador de Azuaga tenía 751.692 maravedíes de renta, 750 fanegas de pan, mitad de trigo y mita de cebada, y 4.500 fanegas de trigo y 2.500 de cebada de los diezmos. La Mesa Maestral sólo rentaba un total de 30.000 maravedíes. La encomienda de Azuaga era una de las más ricas e importantes de la provincia de León, sólo superada por Jerez de los Caballeros (1.173.000 maravedíes). Las rentas de Azuaga suponían más del 15 % del total de las encomiendas de la Orden.

Al ser elegido por primera vez Maestre don Alonso de Cárdenas, era comendador de Azuaga don Fadrique Manrique, hermano del maestre rival don Rodrigo Manrique. Don Fadrique se puso del lado de su hermano en la contienda entre ambos Maestres y fue despojado de su encomienda por Cárdenas, quien a su vez nombró comendador de Azuaga a don Luis de Portocarrero, VII Señor de Palma del Río, excomulgado por Fray Pedro de Silva, obispo de Badajoz, el 19 de enero de 1477, por detentar la encomienda sin aprobación pontificia. Había casado en 1473 con doña Francisca Manrique, hija del comendador expulsado don Fadrique y, por tanto, su suegro.

Don Luis Portocarrero fue además alcaide de Écija, Álora y Constantina, Alcalde mayor de Córdoba y Écija, y Capitán general de Álora. Participó con éxito en la guerra civil castellana, tomando la fortaleza de Medellín en 1479 en nombre del Rey, y en la guerra de Granada. Fue el artífice de la victoria de Lopera sobre los moros granadinos el 9 de septiembre de 1483. Fue elegido caballero Trece de la Orden de Santiago en 1484. También fue nombrado gobernador extraordinario de la Orden en la provincia de León. Participó en las guerras de Italia y dirigió el socorro que enviaron los Reyes Católicos a Italia al Gran Capitán en 1502. Murió en el reino de Nápoles en 1503.

En 1503, le sucedió en la encomienda de Azuaga su hijo del mismo nombre don Luis Portocarrero, VIII Señor y I Conde de Palma del Río. Casó dos veces. . Los descendientes del primer matrimonio, le sucedieron en el condado de Palma del Río que entroncó con la casa de Híjar y acabaron subsumidas con la casa de Alba. Los descendientes del segundo matrimonio terminaron entrando en la familia de los duques del Infantado.

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LA ÓRDEN DE SANTIAGO EN AZUAGA

Torre del Castillo de Azuaga

Alonso de Cárdenas, último Maestre de la Orden de Santiago

Alonso de Cárdenas, prototipo del caballero de la nobleza media que asciende políticamente después de una dura vida de trabajos y combates, era hijo de Garci López de Cárdenas, Comendador Mayor de León de la Orden de Santiago. Fue padre de García López de Cárdenas, descubridor del Gran Cañón del Colorado.

El joven Alonso se educó en la corte de Juan II de Castilla como paje del príncipe don Enrique, el futuro Enrique IV. Su brillante carrera militar le llevará a ser designado Comendador Mayor de León y aspirará al maestrazgo de la Orden a la muerte de don Juan Pacheco, marqués de Villena, en los revueltos tiempos de la guerra civil entre los partidarios de Isabel y de Juana la Beltraneja, apoyada por Portugal.

El Maestre don Juan Pacheco, marqués de Villena y privado de Enrique IV, murió en 1474. A su muerte se produjo un gran cisma dentro de la Orden: el primero en tomar el título de maestre fue el hijo del difunto don Diego López de Pacheco, marqués de Villena, porque su padre había renunciado en él el maestrazgo con el consentimiento de la mayor parte de los Trece y de los comendadores; el rey Enrique IV, por su parte, le dio de hecho posesión del maestrazgo.

Pero antes de que llegase la confirmación del Sumo Pontífice murió el rey Enrique IV; ahora era Fernando e Isabel los que tenían la palabra. Los nuevos reyes que, siendo todavía príncipes, habían solicitado la administración del maestrazgo para cuando vacase, ahora al morir don Juan Pacheco volvieron a pedir esa administración, teniendo por nula la renuncia del difunto a favor de su hijo.

Otro maestre fue elegido en el Capítulo General de la Orden convocado por el prior de San Marcos de León, alegando que a él le correspondía el derecho de convocar a los electores por haber muerto el último maestre en su provincia de León; reunido este Capítulo, eligieron como Maestre al Comendador Mayor de León don Alonso de Cárdenas.

Un tercer maestre surgió del Capítulo General convocado por el prior de Uclés, alegando que a él correspondía la convocatoria del Capítulo, como prior de la casa mayor de la Orden, para elegir nuevo maestre; el Capítulo de Uclés eligió como Maestre al comendador de Segura de la Sierra y conde de Paredes, don Rodrigo de Manrique, el padre del poeta Jorge Manrique.

Ante esta compleja situación Fernando e Isabel, comprometidos con la guerra contra doña Juana, no quisieron desagradar a ninguno de los dos maestres, Don Alonso de Cárdenas y don Rodrigo Manrique, cuya ayuda en la guerra les era de gran valor. Por lo que se refiere al marqués de Villena, que había tomado partido por doña Juana, los reyes podían ignorar su maestrazgo por el momento.

Otros pretendientes se postularon también al maestrazgo, no reconocieron el autonombramiento de Cárdenas e invadieron los dominios santiaguistas. Alonso de Cárdenas firma entonces un pacto de no agresión con Rodrigo Manrique (negociado por Jorge Manrique, el poeta, que era hijo de Rodrigo), para poder defenderse primero de los pretendientes y luego discutir más adelante quién debería ser el único Maestre.

Comienza entonces una guerra en tierras de Badajoz por las posesiones de la Orden. El primer pretendiente es el Conde de Feria, que tiene su base en Zafra. Su acción más importante es el asalto al castillo de Jerez de los Caballeros, pero fracasa y es rechazado con firmeza por Cárdenas.

Sucede entonces la invasión del Duque de Medina Sidonia, Enrique de Guzmán, pretendiente también al Maestrazgo, Se dirigió a Jerez de los Caballeros, recién ganada por el Maestre Cárdenas, pero viendo que la fortaleza se defendía con firmeza, se volvió con su gente hacia el centro de los dominios santiaguistas que recorrió exigiendo rentas y tributos. Se estableció en Fuente de Cantos, después las tropas del Duque pasaron de largo junto a las murallas de Llerena, defendida por el Maestre en persona, y se fueron a pernoctar a Guadalcanal. Cárdenas salió en su persecución aquella misma noche con sólo 350 jinetes y otros tantos peones. Entró de madrugada en Guadalcanal, huyendo el Duque y sus tropas en todas direcciones, llegando unos a Alanís, otros a Cazalla, y los que intentaron defenderse fueron arrollados sin contemplaciones.

Estas luchas se confunden con los coetáneos episodios de la guerra con Portugal y los partidarios de la Beltraneja. El Maestre don Alonso se distingue respondiendo a la invasión portuguesa con una victoriosa incursión en tierras de Portugal y las conquista de algunos castillos fronteros.

En 1476 muere don Rodrigo Manrique, el maestre rival. Los Reyes Católicos quieren asumir la administración del Maestrazgo para evitar pueda servir a nuevas complicaciones nobiliarias. No obstante, reconocen las brillantes cualidades demostradas por Alonso de Cárdenas frente a pretendientes y portugueses, y empiezan a pensar en él como un magnifico jefe militar, y después de importantes negociaciones, reconocerán a Cárdenas como Maestre. Y este hecho es el que se formaliza escenificándolo en la reunión del Capítulo General de la Orden que tiene lugar en Azuaga en 1477 , que proclama unánimemente a Alonso de Cárdenas como último Maestre de la Orden de Santiago

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LA ORDEN DE SANTIAGO…Los otros pueblos de León en Extremadura

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Al sur de Extremadura, en la comarca pacense de Tentudía se encuentran una serie de hermosos pueblos con el apellido de León; estos son: Calera de León, Segura de León y fuentes de León. Y ya en tierras onubenses, muy próximos a los citados está Cañaveral de León y Arroyomolinos de León. Son pueblos que pertenecieron a León, cuando el viejo Reino estaba en su máximo esplendor. En la toponimia dejaron rastro los santiaguistas (La orden de Santiago), a quienes se encomendó esta zona como parte de la provincia de León.

Son pueblos serranos que hieren de blancura y belleza. Tentudía es una comarca de una hermosura indomable. Se le llama «la montaña mágica» porque Tentudía es leyenda, es hazaña, es milagro, es historia.

Recordando la historia, el héroe de Tentudía fue el maestre Pelay Pérez Correa, que comandó la orden de Santiago y protagonizó militarmente la conquista y fue la encargada de organizar la colonización. La orden de Santiago dividió sus territorios en unidades de administración y gestión llamadas encomiendas.
Tras la conquista militar le fue entregado a la orden de Santiago en 1248 un vasto territorio con centro en Tentudía, y en 1255 se crea la «Provincia de León de la orden de Santiago».

Son pueblos que tienen un grandísimo patrimonio artístico. Destacan el monasterio de Nuestra Señora de Tentudía, erigido en conmemoración de la batalla ganada a los árabes en la cual los cristianos santiaguistas solicitaron la intersección de la Virgen María pidiéndole «detener el día» hasta que las tropas musulmanas fueran vencidas; de ahí el nombre «de- ten-tu-día». El Conventual Santiaguista de Calera de León es hermoso, destacando el magnífico claustro. Segura de León es un bonito pueblo que fue encomienda mayor de la orden de Santiago presidido por su majestuoso castillo del siglo XIV, donde quedan bellísimas muestras de su pasado histórico.

El recordar esta época de nuestra historia es por un doble motivo. En primer lugar con el objetivo de que se puedan establecer vínculos entre la comarca extremeña de Tentudía, incluyendo los dos pueblos limítrofes de la provincia de Huelva ya mencionados, Cañaveral de León y Arroyomolinos de León, que formaron parte de la provincia de León, y la actual provincia de León. Porque la historia nos ha unido y nos lo sigue recordando el altísimo legado histórico construido durante el periodo de la orden de Santiago. Vínculo que bien podría materializarse con hermanamientos u otro tipo de iniciativas, promovidas tanto por instituciones provinciales o locales como por asociaciones o entidades de tipo cultural o cualquier otra. Nos une la vía de la plata, arteria ancestral en la comunicación de la península ibérica. Y también una situación económica y social difícil, donde la parte occidental del Estado Español parece quedar relegada en esta era de la modernidad y del desarrollo económico. Juntos podemos y debemos reivindicar el orgullo del gran reino que fuimos, el gran patrimonio histórico y artístico que tenemos, y juntos tenemos que afrontar el reto de los nuevos tiempos, sin victimismos pero denunciando la discriminación que ha sufrido y está padeciendo tanto el Reino de León como Extremadura.

Y también quiero reivindicar una cultura, una historia y una identidad propia, que viene de siglos; el Reino de León -la Región leonesa no es ninguna invención, los que inventan comunidades autónomas son otros. Al recordar nuestra historia milenaria y nuestra identidad leonesa estamos poniendo los cimientos para el reconocimiento de la autonomía de la futura Región Leonesa. Ya no estamos dispuestos a sufrir más atentados a nuestra identidad regional leonesa.
Estamos al final de una época donde se ha intentado aniquilar todo lo leonés (por arte de magia pasaba a ser castellanoleonés), pero la historia conserva la verdad, y el patrimonio cultural de Tentudía dan buena fe de ello.

Soy optimista y tengo fe (al igual que el maestre santiaguista Pelay Pérez) en que la lucha pro el reconocimiento regional de León se plasme en una comunidad autónoma diferenciada dentro del estado español.

Los gestos del partido socialista y del presidente del gobierno, el leonés José Luis Rodríguez Zapatero parecen indicar un nuevo rumbo en el asunto «leonés». Los dos únicos consejos de ministros celebrados por el actual gobierno fuera de la Moncloa fueron en León y en Mérida; que ese detalle político se convierta en una apuesta por el desarrollo del corredor occidental de la península, el de la ruta de la plata, que son de las zonas más deprimidas del país Sólo les pido valentía para que no se rompa la historia de un gran Reino, porque de la historia todos hemos de aprender.

ESTEBAN ÁLVAREZ FRESNO

Diario de León 27/9/2005

EL CONTROL DE LA TIERRA DE BARROS POR LA ÓRDEN

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En virtud de este reparto, vemos pues que la región natural que
hoy conocemos con el nombre de la Tierra de Barros quedó sometida
a dos jurisdicciones distintas, sirviendo como divisoria, «grosso modo
», el río Guadájira: al E. del citado afluente del Guadiana, señorío
de la orden de Santiago; al O., formando parte del alfoz de Badajoz.
Distinto fue el signo demográfico y económico que en los años
inmediatamente posteriores cupo a cada una de estas porciones de la
Tierra de Barros. Mientras que la perteneciente a los caballeros santiaguistas
contempla una lenta pero constante corriente migratoria
que afluyó al socaire de la concesión de tierras y fueros favorables
(como hitos más significativos podemos señalar la fundación de Villafranca
de los Barros y Almendralejo), la zona occidental, bastante
separada de la capital, quedó con una débil población diseminada entre
diferentes núcleos, condenados algunos de ellos a la desaparición
y, consiguientemente, la explotación de sus campos no alcanzó los
mismos niveles que en la parte oriental ~.
La conciencia de que la Tierra de Barros era una comarca natural
única, de una parte, y la dinamicidad humana y económica de la orden
Jerez de Badajoz, como se le llamaba entonces, y Fregenal, con las aldeas
que estaban bajo su jurisdicción —Higuera la Real y Bodonal— serán entregadas
años más tarde, en 1283, por Alfonso X a la Orden del Templo, que de esta forma
redondeaba sus posesiones en el sur del reino de Badajoz. Cfr. RODRÍGUEZ DE
CAMPOMANES, P.: Disertaciones históricas del orden y cavallería de los Templanos.
Madrid, 1747, pp. 228 y ss.
Para conocer el destino dado a la zona en torno a Puebla de Alcocer, seguimos
las noticias proporcionadas por CABRERA MUÑOZ, E.: El Condado de Belalcázar.
Córdoba, 1977, Pp. 40 y Ss.; y por J. GONZÉLEZ: La repoblación de CastilIa
la Nueva. Madrid, 1976-77. Sobre la conquista de Medellín y su incorporación
al reino de Castilla véase SOLANO DE FIGUEROA: Historia y santos de Medellín.
Madrid, 1650.
Sirve de soporte a esta afirmación el artículo de RODRÍGUEZ AMAn, E.: «La
Orden de Santiago en tierra de Badajoz. Su política social y agraria», en Revista
de Estudios Estremeños, II, Badajoz, 1946.
de Santiago, de otra, explican que antes aún de terminar el siglo XIII
los caballeros de Uclés intentaran controlar la zona que había correspondido
a Badajoz, estableciendo grupos de pobladores en Solana,
Aldea de Don Febrero y Aldea de Caballeros, aunque las protestas
del concejo y del cabildo catedralicio pacenses obligaron a Sancho
IV a intervenir, ordenando a los usurpadores que respetaran el
inicial reparto que se había hecho del reino de Badajoz ~.
Sin embargo, estas ricas tierras constituían un excelente bocado
como para no despertar las apetencias de otras personas que acabarán
desgajándolas del alfoz pacense y estableciendo en ellas sus propios
señoríos; a la postre todas ellas pasarán a integrarse, en el tránsito
del siglo XIV al XV, en los estados de los señores de Feria> los
Suárez de Figueroa. Veamos este proceso con algún detenimiento.
En 1286, Sancho IV había hecho donación a Vicente Godínez, un
refugiado portugués que le habla servido fielmente durante la rebelión
contra su padre, Alfonso X, de seis caballerías de heredad a orillas
del río Guadájira; al año siguiente> este personaje traspasó la citada
tierra, más la Puebla de Don Falcón, que era de su propiedad, a Juan
Mathé de Luna, camarero mayor del rey y posteriormente almirante
de la mar, por el precio de 2.500 mrs. Un año más tarde, en 1288, Sancho
IV concedía a su camarero mayor que cincuenta individuos procedentes
de tierras de órdenes militares o del vecino reino de Portugal,
francos de todo pecho, pudieran ir a poblar su villa de Don
Falcón, que posteriormente aparece denominada en la documentación
como Villalba de Don Falcón (o simplemente Villalba)> lo que
hace presumir que Juan Mathé procedería a una refundición de la
aldea de Don Falcón con una alquería próxima en la que vivían sólo
cuatro vecinos y que se llamaban Villalba. Al mismo tiempo se autorizaba
por el monarca castellano el acotamiento de todo el término
de esta población, sustrayéndolo así a la jurisdicción de Badajoz
Poco después que tuvieran lugar todos estos sucesos relatados, una
hija de Juan Mathé de Luna, doña Estebanía, casó con don Enrique
Enríquez, hijo del infante don Enrique, aportando como dote al matrimonio
la villa de Villalba, que en 1307 traspasaba a su hijo, Enrique
Enríquez el Mozo, con la adquiescencia de su marido.
Este personaje va a ser quien logre controlar una importante porción
de la Tierra de Barros, que había correspondido al concejo de
Badajoz, ya que aprovechando su vinculación a la Monarquía conseguirá
incorporar a su naciente señorío en tierras pacenses algunas
El pleito y la sentencia de Sancho IV han sido objeto de estudio por Ro-
DRÍGUEZ AMAYA, E.: La Tierra de Badajoz…, PP. 16 y 17. Estas aldeas, al ser abandonadas
por la Orden de Santiago quedaron despobladas.
Las noticias proceden del Archivo Ducal de Medinaceil (en adelante, A.D.Mj,
Sección Feria, 7-51, 8-43, 13-35 y 58-15.
villas y heredades. En orden cronológico, la primera merced que obtuvo
de Alfonso XI fue la donación de la villa de Almendral, con todos
sus términos, rentas y jurisdicción, acaecida en 1333 ~. Años más
tarde y con el fin de controlar las tierras intermedias entre Villalba
y Almendral conseguiría posesionarse de la aldea de Nogales. Este último
lugar había sido vendido por Lorenzo Vázquez de la Fuenteseca
a Alfonso XI, en 1340, por la cantidad de 70.000 mrs., y el monarca,
a renglón seguido, lo había donado a don Pedro Carrillo, quien necesitado
dedinero para servir a Alfonso XI en la guerra contra los musulmanes
recurrió a Enrique Enríquez el Mozo para que le proporcionana
la cantidad de 40.000 mrs., empeñándole como garantía la villa
de Nogales. En 1344 y ante la imposibilidad material en que se encontraba
para devolver el empréstito, Pedro Carrillo firmaba la definitiva
cesión de esta villa por la cantidad antes mencionada t
Aparte de estas villas, señoríos solariegos y junisdiccionales, Enrique
Enríquez realizó una serie de adquisiciones de diverso tipo, entre
las que destacan algunas tierras situadas en los términos de Salvatierra
de los Barros, La Parra y el alfoz de Badajoz, bien para aumentar
posibles fuentes de riqueza o simplemente para redondear las posesiones
que ya tenía en la Tierra de Barros.
Gran parte de este señorío que Enrique Enríquez el Mozo había
forjado en tierras de Badajoz pasó, después de su muerte, a su hija
Leonor Enríquez, a la que correspondieron las villas de Nogales y
Villalba, con todas las tierras de sus términos, evaluadas en 170.000
maravedíes. El matrimonio de esta dama con Fernando de Castro,
acérrimo partidario de Pedro el Cruel, significó la pérdida de estas
posesiones, ya que con el triunfo de Enrique II de Trastámara el
conde de Castro tuvo que marchar al destierro y sus bienes —y como
tales fueron considerados los de su esposa—> incautados por el vencedor.
En 1370, el primero de los Trastámaras concedía a su colaborador,
Tomás Piñel, el lugar de Villalba con sus términos y jurisdicción,
donación que le fue confirmada al año siguiente en las Cortes
de Toro. Cuando este individuo falleció, Villalba pasó a su hijo Beltrán
Piñel, a quien Juan 1 le confírmó en las Cortes de Burgos de
1397 la merced hecha por su antecesor. En cuanto a Nogales fue entregada
a Sancho Sánchez Mexía y después pasó a Diego Martínez de
Cáceres, quien detentó su señorío al menos desde el año 1391.
Leonor Enríquez no aceptó la enajenación de sus villas, sino que
interpuso pleito ante la Corte, alegando que su familia había reconocido
a la nueva dinastía y que por consiguiente no existían motivos
que justificasen el castigo regio. La reclamación tuvo éxito para el
caso de Nogales, ya que los jueces de Valladolid dieron sentencia favorable
a doña Leonor en septiembre de 1392 y ordenaron a Diego
Martínez de Cáceres que devolviera la villa y su castillo a su antigua
propietaria> así como las rentas que había obtenido durante el tiempo
que detentó su dominio “. Pero Villalba resultaba más difícil de recuperar,
pues los Pifiel detentaban su señorío desde hacía varios lustros
y esgrimían como derecho de propiedad diversas confirmaciones a la
merced original.
La presencia en aquel escenario geográfico de un nuevo linaje en
ascenso, los Suárez de Figueroa, dio un inesperado final al pleito entre
Leonor Enríquez y Beltrán Piñel. Ante la oferta de Gomes Suárez
para comprar la villa los dos pleiteantes obtuvieron en 1394 autorización
de Enrique III para que, independientemente del resultado del
juicio que estaba pendiente, pudieran vender Villalba al señor de Feria.
Y así nos encontramos ante el extraño hecho de una doble venta
y consiguientemente una doble compra de este lugar: de una parte,
Beltrán Piñel traspasaba a Gomes Suárez el lugar de Villalba, con su
castillo, jurisdicción y términos por 100.000 mrs., y de otra parte, los
albaceas de Leonor Enríquez, que ya había fallecido> cedían la aldea
de Villalba> la villa de Nogales y las restantes posesiones que doña
Leonor tenía en términos del reino de Badajoz por la cifra de 80.000
maravedíes, cantidad que nos hace pensar que en realidad sólo se
vendía lo segundo y que Villalba se incluía en el acta de compraventa
por no renunciar a unos pretendidos derechos aún no perdidos «de
jure’>, pero sí de hecho ‘~.
Pero no sólo habían sido los elementos de la nobleza quienes se
habían sentido atraídos por las tierras de Los Barros e intentado,
con mayor o menor fortuna, adueñarse de ellas. A lo largo del siglo
XIV importantes personajes miembros de la oligarquía pacense
habían fijado su atención sobre estas tierras y obtenido excelentes
heredamientos allí; en definitiva, la tierra pertenecía al concejo de
Badajoz y no debió resultar demasiado difícil para los rectores del
mismo, o para sus allegados, conseguir con el consentimiento de la
Monarquía sus pretensiones. En el éxito de esta empresa debió influir,
qué duda cabe, el hecho de que al quedar deshabitadas algunas
de las aldeas existentes en la zona —quizá la más significativa, aunque
no la única, fue la aldea de La Pontecilla (hoy Santa Marta)—, las tierras
quedaran abandonadas por los campesinos que las cultivaban,
facilitando los intentos usurpadores efectuados por estos elementos
de la oligarqula urbana. El hecho es que al finalizar la centuria decimocuarta
poseían ricas heredades en la Tierra de Barros, entre otros,
Arias Fernández de Guillade, a cuyo bisabuelo Fernando de Guillade
había concedido Fernando IV la heredad de Malfincada; Constanza
González> viuda de Arias Alfón de Badajoz, alcalde mayor que había
sido de esta ciudad, quien había adquirido una importante dehesa en
el término de La Pontecilla; Leonor Martínez, hija de Martín Gil, que
fue obispo de Evora, el cual dio nombre a una importante dehesa en
esta zona; Ana Fernández, propietaria de la dehesa conocida con el
nombre de La Lancha; Constanza Estévanez, dueña de una heredad
lindante con las dos anteriores y con Malfincada; Olalla Blázquez y
su esposo, Martín López de Robles, que controlaban las dehesas de
Solana y Caballeros, etc., etc. Es decir, que prácticamente el concejo
de Badajoz había perdido el dominio de estas tierras, aunque conservara
la jurisdicción sobre las mismas.
El equilibrio que se había mantenido en la zona objeto de nuestro
estudio entre los diversos propietarios se rompió con la presencia de
Gomes Suárez de Figueroa. Su primera adquisición había sido importante,
como vimos algo más arriba: Villalba y Nogales> con sus tierras
y jurisdicción. Pero se trataba sólo de un primer paso, pues sus
proyectos iban más allá: controlar toda la porción de la Tierra de
Barros que había correspondido a Badajoz (o al menos la más rica
y feraz) y a esta tarea va a dedicar una atención preferente en el último
lustro del siglo XIV y los años iniciales del XV. Contaba para
conseguir este objetivo con un respaldo económico importante: el
padre del primer señor de Feria era Lorenzo Suárez de Figueroa,
maestre de la orden de Santiago, a la que con términos tal vez anacrónicos
pero expresivos podríamos calificar como la más importante
entidad económica del reino castellano-leonés. Tuvo, además, a su
favor como un aliado coyuntural la guerra lusocastellana de fines del
siglo XV-! que asolé las tierras extremeñas y provocó el pánico entre
los propietarios que vieron sus campos devastados y optaron por la
fácil solución de venderlas a quien seguro de sus fuerzas —el maestre
de Santiago tenía el mando supremo de las tropas estacionadas
en el sector fronterizo de Extremadura— no desaprovechó la oportunidad
que se le presentaba para incrementar el patrimonio de su primogénito,
el señor de Feria. Incluso es posible que don Lorenzo Suárez
abusara de la prepotente situación que tenía en la zona y presionara sobre algunos de los propietarios reticentes para que vendieran
sus tierras; de hecho, cuando el procurador de Gomes Suárez fue a
tomar posesión de las tierras que Olalla Blázquez y Martín López deRobles habían vendido al señor de Feria en 1399 se encontró con la
sorpresa de que ambos se negaban a darle la posesión de las mismas>
alegando que «otorgaron la dicha venta con miedo e temor del dicho
señor maestre» ~ Por último, la propia Monarquía colaboró en esta
tarea, al premiar los servicios de don Lorenzo Suárez y de su hijo
con la concesión de la propiedad de algunas tierras pertenecientes a
determinados tránsfugas al bando portugués: por este procedimiento
la heredad de La Pontecilla, perteneciente a la viuda de Arias Alfón
de Badajoz, Constanza González, y la dehesa de Martín Gil, propiedad
de Leonor Martínez, pasaron a engrosar el patrimonio del titular de
Feria, al haberse pasado ambas mujeres al reino lusitano ‘.
Renunciamos a propósito a dar una relación exhaustiva de las
compras y donaciones que en esta zona geográfica y durante esta época
concreta realizaron y recibieron los Suárez de Figueroa 15 Bástenos
decir que cuando apenas había transcurrido un lustro de la decimoquinta
centuria y merced al conjunto de circunstancias señaladas
con anterioridad, la mayor parte de la porción de la Tierra de Barros
que en su día no había correspondido a la orden de Santiago estaba
ahora controlada por el hijo del maestre de la misma, el cual incluirá
dentro de los términos de las villas de su señorío (Villalba, La Parra
y Nogales preferentemente) estas tierras, sustrayéndolas así a la
jurisdicción de Badajoz que repetida e inútilmente protestará y pleiteará
por esta amputación realizada en su alfoz”.Una vez conseguida la propiedad de las tierras de Los Barros por
los Suárez de Figueroa, se imponía acometer el segundo paso, tal vez
el más decisivo: el de su puesta en explotación. El material humano
para llevar a cabo esta tarea va a ser suministrado por la población
existente en algunas de las villas del estado de Feria; pero también
va a venir desde fuera> atraído por la concesión de franquicia y beneficios a quienes quisieran asentarse en esta zona. Desde los mismos
comienzos del siglo XV tenemos noticias de esta política de atracción
de elementos humanos puesta en práctica pon los titulares de
Feria. En 1403, Gomes Suárez hacía públicas unas ordenanzas en las
que se comprometía a dar tierras de cultivo, huertas y solares para
edificar vivienda a quienes se avencidaran en su lugar de Villalba ‘>.
Años más tarde, en 1448, el segundo señor de Feria, Lorenzo Suárez,
viendo la despoblación que se había producido en su villa de Nogales
a causa de encontrarse situada en un lugar insalubre, entre dos riachuelos,
se decidió a cambiar su asentamiento a un cerro próximo,
construyendo a sus expensas una fortaleza y una iglesia —puesta
balo la advocación de San Cristóbal— y ofreciendo solares, tierras de
labor y el dinero necesario para subvenir a los primeros gastos a
cuantos quisieran venir a poblaría”. Por último, a fines del siglo XV,
el conde don Gomes Suárez, en un intento por potenciar la población
de sus estados después de la Guerra de Sucesión, dio una carta de
población en 1481, en la que concedía las consabidas franquicias a
aquellas personas que procedentes de fuera del condado de Feria quisieran
asentarse en la aldea de Caballeros y El Charco de la Peña,
requerimiento que obtuvo una respuesta favorable, aunque en vez
de en dos núcleos los repobladores prefirieron asentarse en uno solo,
equidistante y mejor ubicado, dando origen a la moderna villa de
Solana de los Barros “.
Pero no fueron sólo estas poblaciones las que se beneficiaron de
la política repobladora y de atracción ejercida por los Suárez de Figueroa
(en la que tal vez se pueda ver una influencia de la practicada
por la orden de Santiago en su respectiva zona), sino que también
aparecicron otros núcleos que, sin que tengamos noticias del momento
concreto en que fueron fundados, nos aparecen en la documentación
como constituidos en un momento dado: tales son Santa
Marta y Corte de Peleas.
Desconocemos la fecha de fundación de estos dos lugares; un informe
de 1783 nos dice que la villa de Santa Manta se fundó sobre el
solar de la antigua aldea de Pontecilla y que debe su nombre moderno
a la patrona del pueblo, indicando que se desconocía la fecha de
su poblamiento, pero que debió ser hacia 1430 ~ Sin embargo, el dato
más antiguo que poseemos sobre la existencia de ambas aldeas es de
1481 y está contenido en la carta puebla que hemos comentado algomás arriba, donde aparecen citadas las dos poblaciones ~‘ Es muy posible
que Santa Manta y Corte de Peleas nacieran de una forma espontánea,
al instalan sus hogares los campesinos encargados del cultivo
de las tierras situadas en su entorno sobre las ruinas de antiguas
poblaciones (aldeas o alquerías), entonces totalmente despobladas y
abandonadas> con el fin de evitar los largos desplazamientos desde
Villalba, Nogales y La Parra; y sólo a posteriori los titulares de Feria
les darían una carta-puebla en la que les confirmarían su existencia
legal, señalándoles para su gobierno las ordenanzas de Villalba, dentro
de cuyo término habían aparecido r
Contando con el material humano proporcionado por estas poblaciones,
¿qué régimen utilizaron los Suárez de Figueroa para explotar
estas tierras que tan fulgurantemente habían controlado?
Para responder a este interrogante disponemos de un conjunto
de noticias dispensas en las cantas de población y ordenanzas a las
que hemos hecho referencia a lo largo de este trabajo> noticias que
se complementan con las que nos proporcionan dos documentos de
un valor inestimable: un reparto de tierras que tuvo lugar en 1404
entre los vecinos de La Parra, y unas ordenanzas para el régimen y
gobierno de las tierras de Los Barros, que aunque promulgadas en
1535 por don Pedro de Córdova y Figueroa, conde de Feria a la sazón, creemos que reflejan en gran manera la situación existente en
la zona a fines del Medioevo “. Del estudio de todas estas noticias
podemos establecen las siguientes afirmaciones:
1. Los titulares de Feria renunciaron desde un principio a la explotación
directa de sus propiedades agrícolas y prefirieron ponerlas
en manos de los campesinos> a los que entregaron las tiernas necesanas
para cubrir sus necesidades y satisfacer sus exigencias> a condición
de que dispusieran de medios para ponerlas en cultivo y con
la obligación de trabajarlas continuadamente> ya que al establecerse
los censos sobre un porcentaje de las cosechas (según veremos más
adelante) los propietarios dejarían de percibirlos si los campos quedaban
sin cultivar.
Como puede apreciarse, los Suárez de Figueroa permitieron, al
menos en teoría, la aparición de un campesinado usufructuario de
amplias parcelas de tierra, sin más limitaciones que la de mantenerlas
en cultivo, estableciendo como módulo de reparto treinta fanegas
de tierra por cada yunta de bueyes que poseyera el arrendatario. Pero
esta actitud, no debe llevarnos a confusiones: lo que interesaba era
que la mayor extensión posible de tiernas estuviera cultivada> independientemente
de que lo fuera por una o por varias manos> es decir,
que el campesinado podía salir beneficiado de esta situación en
tanto en cuanto los titulares de Feria obtuvieran de ella mayor provecho.
Pon consiguiente, los incapacitados por enfermedad o por pobreza,
los que no tuvieron «abilidad y fuerQa para labrar y sembrar»
quedaban automáticamente excluidos del reparto de las tiernas o si,
por estar en diferentes condiciones entraron en él, al caen en situación
de improductividad perdían los lotes que en su momento les correspondieron
“.
2. La entrega de las tierras se hacía a título de arrendamiento,
no de donación, «en tenen~Áa y uso», como dicen las ordenanzas de
1535, las cuales dejan bien sentado que todas las tiernas pertenecían
al titular del condado, «que son los dichos términos suyos e de su
privada patrimonio».Ahora bien, estos arrendamientos tienen un carácter permanente;
en el reparto efectuado en 1404 entre los vecinos de La Parra se establecía
de un modo claro que los arrendatarios podrían dejan a sus
descendientes las tierras que ellos trabajaban en idénticas condiciones
que las habían recibido; y otro tanto sucedía con las tiernas que
a fines del siglo XV se repartieron entre los nepobladones que se asentaron
en Solana de los Barros. Y a través de la lectura detenida de
las ordenanzas de 1535 se observa que la permanencia en una familia
de las tiernas arrendadas, los «asientos», está escrupulosamente codificada
y garantizada en tanto en cuanto los arrendatarios cumplie-
— 25 ran las condiciones establecidas en el momento del arrendamiento -
En una palabra, los campesinos de esta región se convirtieron en arrendatarios
estables y propietarios, en ciento modo, del dominio útil de
las tiernas que trabajaban.

Fernando Mazo Romero

Propiedad y régimen de explotación en Tierra de Barros por la Órden del Temple

Aerial view of Feria. Badajoz province. Extremadura. Spain
La incorporación del reino musulmán de Badajoz a la soberanía
cristiana se realizó, como es sobradamente conocido durante la primera
mitad del siglo XIII. Los primeros intentos habían tenido lugar,
sin embargo, durante el reinado del monarca leonés Fernando II,
aunque la contraofensiva almohade detuvo en seco los afanes expansionistas
de este rey. Correspondió a Alfonso IX y a su hijo, Fernando
III, extirpar de una manera definitiva los últimos vestigios de la
dominación musulmana sobre las tierras pacenses, contando con la
inestimable colaboración de las órdenes militares, Santiago, Alcántara
y El Templo en especial.
Una vez terminada la reconquista del reino de Badajoz se impuso
a los cristianos la necesidad de atender a la organización del mismo,
procediendo a su repoblación y al reparto de sus tierras para su puesta
en cultivo y explotación. La muerte de Alfonso IX, inmediatamente
posterior a la conquista de la capital del reino, y el hecho de que la
atención de Fernando III quedara fijada en las fértiles tiernas del
Guadalquivir impidieron que, de momento, la región de Badajoz pudiera
ser atendida debidamente. No obstante, Rodríguez Amaya cree
que fue el propio Alfonso IX quien dio fuero a la ciudad, fijó sus términos
y concedió ricos heredamientos a los participantes en su conquista
y, en este sentido, afirma que el privilegio de Alfonso X de 31
de mayo de 1258 en el que se fijan los límites del alfoz pacense es
una simple confirmación del que en su día otorgara su abuelo, Alfonso
IX’. Parece bastante improbable que el monarca leonés pudiera señalar los términos que aparecen en el privilegio de Alfonso X
por la sencilla razón de que en éste se conceden al concejo de Badajoz
tierras y villas que en 1230 aún permanecían en manos de los musulmanes
y sólo durante esta década y comienzos de la siguiente fueron
conquistados por los cristianos, como Zafra o Feria, por citar algunos
ejemplos.
Durante el reinado de Fernando III, como ya hemos indicado con
anterioridad, apenas si se avanza algo en la organización de la región
pacense; tan sólo la donación de algunas villas recién conquistadas a
las órdenes de Santiago (Alange, Reina, Montemolín), Alcántara (Magacela,
Zalamea, Benquerencia) y a los caballeros templarios (Burguilíos,
Alconchel) merecen ser consignadas.
Es preciso esperar la llegada del reinado de Alfonso el Sabio para
que se asista a una sistemática organización del reino de Badajoz. En
nuestra opinión fue este monarca quien señaló los límites del alfoz
de Badajoz —contando muy probablemente con una base anterior
que, forzosamente, sería distinta— y organizó de una manera metódica
el funcionamiento del concejo pacense. En virtud de esta intervención
regia y por lo que respecta a uno de sus aspectos, la actual
provincia de Badajoz quedó claramente dividida en dos núcleos junisdiccionales
distinto: uno central, de realengo, en torno a Badajoz,
que iría aproximadamente desde Albuquerque (posesión de los Téllez
de Meneses desde 1200) hasta Villanueva de Bancarrota, y desde la
frontera portuguesa hasta el río Guadájira; y el resto del territorio,
alrededor de las tres cuartas partes del reino, fue entregado a las
órdenes militares que tan eficientemente habían contribuido a su reconquista.
La orden de Uclés fue la más beneficiada de todas en este reparto,
ya que consiguió una franja dc terrenos que incluía las tierras centrales
y la zona suroriental de la actual provincia a través de la cual
unía sus posesiones en la provincia de Cáceres con las que le habían
sido concedidas en el reino de Sevilla. El Templo, por su parte, recibía
toda la zona suroccidental del reino de Badajoz, incorporándose las
plazas de Alconchel, Cheles, Oliva de la Frontera, Valencia de Mombuey,
Villanueva del Fresno, Higuera de Vargas, Burguillos del Cerro,
Atalaya y Valencia del Ventoso, así como algunas próximas al
límite noroniental de la provincia (Capilla, Siruela y Almorchón) “. Por
último, la orden de Alcántara se posesionó del rico valle de la Serena.

Fernando Mazo Romero

AJEDREZ, algo más que un juego

templarios-ajedrez
Miniatura del folio 25r del Códice de Alfonso el Sabio (Libro del Acedrex, Dados e Tablas 1283) que muestra a dos caballeros templarios jugando al ajedrez.

“El ajedrez no es un simple juego de mesa; es mucho más. El ajedrez lleva implícito su propio mundo simbólico, no sólo en el tablero sino en todas las piezas que forman parte de este ejercicio de estrategia e inteligencia.El origen del ajedrez es brahmánico y su simbolismo guerrero iba dirigido a la casta de los kchatriyas, casta de príncipes y nobles, que lo consideraron como una “escuela de gobierno y defensa”

“Según El libro del ajedrez, de Alfonso X El Sabio, rey de Castilla (siglo XIII), el tablero del ajedrez representa el Universo, del cual es un esquema. Egocéntricamente, simboliza el mundo”

“Cosmológicamente, la franja que rodea las cuatro casillas interiores corresponde a la órbita del Sol con los 12 signos del Zodíaco. La franja que rodea las casillas exteriores representa las 28 casas de la Luna. Además, el cuadrado del tablero plasma los movimientos cósmicos que se desarrollan en el tiempo. Los planetas juegan también su papel en el juego”

“Por tanto, una partida de ajedrez es mucho más que un simple juego porque equivale, en cierta medida, a recrear EL GRAN TEATRO DE LA VIDA, y de la observación atenta de nuestro modo de maniobrar en el juego podemos aprender mucho de nosotros mismos, de nuestros errores y de nuestros propios patrones psicológicos”
Montse Torné
Pocos juegos están presentes en todas las culturas y en todas las épocas históricas haciendo pensar y disfrutar a sus jugadores como el ajedrez. Aunque se considera que nació en la India, su origen es desconocido y encierra en su tablero tantos significados y simbolismos que lo convierten en un ejercio de gran valor para la mente concreta y abstracta.
El ajedrez ha seducido a millones de ciudadános anónimos y reales como Nefertari, eruditos árabes, reyes hindús, Alfonso X El Sabio, damas de la corte … y lo seguirá haciendo a través de los tiempos porque lo que él esconde es parte de la Sabiduría Perenne que forma parte del planeta y nuestra evolución.

http://casadeltemple.blogspot.com.es

Los fueros de la Orden de Alcántara II

Su implantación se llevé a cabo esencialmente en dos zonas: la Transierra
leonesa, enclave alcantarino por antonomasia, y Ja zona de la Serena. En la
primera los dominios de [a Orden se extendían desde las sierras del Sistema
Central hasta el señorío de Alburquerque, con una extensión aproximada de
4.700 kilómetros cuadrados y una longitud de 100 kilómetros que lindaba al
oeste con la frontera de Portugal y al este, entre otros, con los territorios de
Coria y Alconetar EJ impulso definitivo para su repoblación se debió a la política
del rey Alfonso IX (1188-1230), con especial empuje a partir de la batalla
de las Navas de Tolosa (1212), que marcó un hito en el desarrollo del poblamiento
de la Extremadura cristiana y cuyas consecuencias, en el lado
leonés, fueron, entre otras, las conquistas de las importantes plazas fuertes de
Alcántara (1213) y Valencia de Alcántara en 1221.
En la Serena, la otra gran zona, las posesiones alcantarinas ocuparon aproximadamente
una extensión de 3,000 kilómetros cuadrados3. La conquista de
estos territorios estuvo, en buena medida, protagonizada por la propia Orden
ya que sus tropas formaron parte de los ejércitos que tomaron Magacela
(1231) y Bienquerencia(1236), dos de los más importantes enclaves que, en
1234 y 1241, respectivamente, pasaron a formar parte del partido de la Serena
que la Orden extremeña formé al sur del Guadiana.alcantarina en
estas dos zonas, desde su conquista, hasta aproximadamente la mitad del siglo
XIV4. Con ella la Orden, al dotar a los diferentes concejos con un instmmentojurídico-
político, intentó configurar un espacio socio-económico, incentivar
el poblamiento y legitimar sus derechos jurisdiccionales, todos ellos elementos
que contribuyeron a integrar estos territorios dentro de la dinámica expansiva
de la sociedad feudal. El otro objetivo, se refiere al estudio de los oficios
que estaban al servicio de esos concejos y que se encargaban de desempeñar
las tareas de gobierno y administración.

Feliciano Novoa Portela

Los fueros de la Orden de Alcántara

INTRODIJCCION
La muerte de Alfonso VII, el 21 de agosto de 1157, tuvo como consecuencia
más importante la separación de Castilla y León y la consiguiente
aparición de dos reinos independientes. El reino leonés abarcaba los territorios
de la actual Galicia, León, Asturias y una embrionaria Extremadura, zona esta
última de vital importancia para el nuevo reino que, de perderla, corría el riesgo
de agotar sus posibilidades de expansión hacia el suri Por consiguiente, el
rey Fernando II (1157-1188) empleó todos sus esfuerzos en consolidar su
frontera meridional, necesitando, por un lado, la puesta en marcha de una política
dirigida a organizar la conquista y colonización de un espacio de frontera
y, por otro, crear los instrumentos necesarios que le permitieran llevar a
cabo tales tareas.
La Orden de San Julián del Pereiro fue uno de esos instrumentos que, sobre
todo a partir de 1218, cuando se convierte en la Orden de Alcántara1, se
implicó decisivamente en los procesos de ocupación militar y posterior organización
colonizadora del espacio fronterizo leonés. Esto sólo fue posible a
través de la adquisición de un importante patrimonio que la Orden, debido a
su carácter netamente leonesista, recibió mayoritariamente en el ámbito territorial
de la actual Extremadura, convirtiéndose, a la postre, en la entidad señorial
más importante en este territorio2.
Sobrelos orígenes del Pereiro y su posterior transformación en la Orden de Alcántara ver
nuestro trabajo La Orden de Alcóntara y Extremadura (siglos XH-XIV), 2000, principalmente pp.
21-39.
2 Fuera de Extremadura, las posesiones alcantarinas nunca fueron excesivamente significativas.
Sobre la adquisición y descripción del dominio sefiorial alcantarino ver cl trabajo citado en la
nota anterior,
285 En la España Medieval
2001,24

Feliciano NoVoA PORTELA

La cruz y la espada

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Los caballeros templarios o de la orden de Temple se constituyeron allá por el año 1100 como orden religioso-militar con el fin de proteger a los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa. Bajo el emblema de la cruz y el poder de la espada, este grupo de guerreros medievales fueron una verdadera fuerza de choque y durante la Reconquista arrebataron a los árabes numerosos enclaves. Sobre las alcazabas de estos últimos elevaron sus fortalezas, donde se hicieron amos y señores. Pero a finales del siglo XIII la pérdida de los últimos baluartes cristianos en Tierra Santa a manos de los “infieles” dejó a la orden sin cometidos ni objetivos y el papa Clemente V mandó disolverlos. Al ver peligrar sus tierras y riquezas, muchos de ellos ofrecieron batalla, como sucedió en Jerez de los Caballeros, que finalmente sería tomada por las fuerzas de Enrique II. La leyenda cuenta que la fortaleza jerezana fue todo un bastión y desde su Torre del Homenaje –a partir de aquellos días Torre Sangrienta– fueron degollados y arrojados al vacío los cuerpos de los últimos caballeros templarios que sobrevivieron al asalto.

http://www.muface.es/revista/p194/viajes.htm

LOS TEMPLARIOS. HISTORIA, LITERATURA Y LEYENDA

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En la Península Ibérica, el Temple tuvo una gran influencia en la zona del norte. Así Aragón y Portugal son los primeros reinos en los que se data su presencia. En 1130 Raimundo Rogelio de Barcelona donó a la orden la plaza de Granera. En 1132, el conde de Urgel les cedió el castillo de Barberá. Se afirma que en Aragón los Templarios dominaron 36 castillos.

La mayoría de los Templarios que llegaron a la Península lo hicieron después de la caída de Tierra Santa porque no olvidemos que aquí había otro motivo por el que luchar: la Reconquista. Para ellos fue como una nueva cruzada, la posibilidad de seguir en el papel para el que habían sido preparados.

Para que veamos cuán grande fue su poder, en 1134, el rey Alfonso el Batallador, de Aragón, les legó sus posesiones, aunque los nobles lo impidieron y su propio sucesor, Ramón Berenguer IV, tuvo que negociar con los monjes sobre la concesión de villas y castillos.

Durante el reinado de Alfonso II el Casto aumentan las incursiones militares de la orden, que también influyó en los asuntos políticos del momento. Pedro II sin ir más lejos los nombró mediadores entre él y su madre, doña Sancha. Durante la cruzada contra los albigenses muere Pedro II y su hijo, el futuro Jaime I el Conquistador, se salva gracias a los cátaros. A los seis años es trasladado a Monzón, al castillo templario, donde será educado y protegido por los monjes durante tres años.

En Castilla y Aragón los templarios se asentaron en las tierras que lindaban con el norte del Tajo, por sus posibilidades económicas y porque estaban alejadas de las fronteras musulmanas.

En la Corona de Castilla parece que no tuvieron tan buena acogida o que, al menos, otras órdenes fueron más importantes que la del Temple. Parte de las encomiendas y donaciones templarias acabaron en manos de otras órdenes que, en el fondo, estaban inspiradas en las del Temple y del Hospital. Alfonso VII entrega Calatrava a los Templarios, en la frontera con Al Andalus hacia 1147-1148. No queda muy claro, pero parece que los Templarios no cumplieron el encargo con la entrega que se podía esperar de ellos y en 1157, los caballeros pobres, como también se les llamaba, evacuan la ciudad. Esta actitud Juan G. Atienza lo explica de una manera muy atractiva, aunque ignoramos si es cierta o no. En la Orden del Temple se prohibía luchar contra cristianos y, aunque no estaba escrito en ningún sitio, parece que los Templarios no quisieron enfrentarse a los almohades porque estos seguían la corriente ismailita, con la que los Templarios tuvieron mucha relación en Oriente. Sancho III de Castilla dona Calatrava a la orden del Cister y estos fundan, con el abad Ramón de Fitero, la orden de Calatrava, aprobada en 1164. Ese mismo año -y seguimos a Jesús Mestre- “unos caballeros de Salamanca se instalan en la iglesia de San Julián de Pereiro, cerca de Portugal, y fundan una orden con el mismo nombre, que será el núcleo de la posterior orden de Alcántara (1213). Pocos años después de la constitución de la orden de San Julián de Pereiro, otros caballeros, con Suero Rodríguez y Pedro Fernández como pioneros, también deciden crear una nueva orden, que ponen bajo la advocación de Santiago, y se instalan en Cáceres. La nueva orden, Congregación de Fratres de Cáceres, nace en 1170 y ya en 1175 se transforma en la orden de Santiago. Éstas son las órdenes más importantes, pero no las únicas, pues se crearon otras que tuvieron una vida corta: la de Santa María, fundada por Alfonso el Sabio (siglo XIII) y la de la Banda, fundada por Alfonso XI (siglo XIV).

No obstante, es innegable que los Templarios ayudaron a los reyes en la conquista de nuevas plazas. Estuvieron al lado de Jaime I en la Conquista de Valencia. Pero no sólo se les encuentra al lado de Aragón, sino también al lado de los reyes castellanos. Está documentado que ayudaron a Alfonso VIII en la toma de Cuenca (1177) y que tuvieron un papel brillante en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), donde murió el maestre provincial castellano Gómez Ramírez. Siguieron prestando ayuda a Fernando III el Santo, que les cedió la villa de Frexenal y otros pueblos. También Sancho IV el Bravo les donó terreno por su ayuda. En suma, que es innegable el papel Templario en la Península aunque cabe decir que sus actuaciones no están ligadas a episodios tan sangrientos como los vividos en Tierra Santa. Los Templarios más bien se dedicaron al trabajo de las encomiendas en la explotación agrícola y ganadera. Es más, trataban de establecerse lejos de la frontera donde se llevaba a cabo la guerra. Debido a las donación de las que hablábamos hace un momento, los Templarios dominaron, en pocos años, extensas explotaciones. En el momento de su supresión, eran propietarios de unas 1500 encomiendas.

En 1307, tras la captura de los templarios franceses, los españoles no quieren ceder sus posesiones, aunque en 1308 se rinde el castillo de Miravet, tras una defensa a ultranza. En 1309 cayeron las ciudadelas templarias de Monzón, Chalamera y Castellar.

En 1310 en el Concilio de Salamanca los templarios de Castillas y Portugal pudieron conservar algunas fortalezas. En 1212 en el Concilio de Tarragona se declaraban también inocentes a los templarios catalanes y aragoneses, al igual que lo hizo el arzobispo de Compostela con los templarios castellanos.

No obstante, se impuso el poder del Papa y la orden finalmente se disolvió también en la Península. Se disolvió, pues, la orden y sus posesiones pasarían a la orden Hospitalaria, excepto en Mallorca, Portugal, Aragón y Castilla-León. En Castilla las heredó la corona; en Portugal la Orden de Cristo (1320), aprobada por el Papa Juan XXII en 1319, y en Valencia, la Orden de Montesa (1317), aprobada en 1317; fundadas estas dos con ese único propósito y que acogieron a gran parte de los antiguos templarios de los reinos de España.

por Anabel Sáiz Ripoll

El Señorío de Capilla (siglos XIII-XVI)

Este estudio sobre el señorío de Capilla forma parte de un proyecto
más amplio que abarca el área de Puebla de Alcocer y la tierra de Siruela,
ambas próximas a Capilla y. como ella, propiedad de importantes familias
nobles.
Con él hemos pretendido contribuir, por modestamente que sea, al
conocimiento del proceso señorializador de Castilla y. en concreto, de
Extremadura. zona en la que, amén de asentarse poderosas Ordenes Militares,
hubo linajes (Velasco. Suárez de Figueroa, Stúñiga. Sotomayor) que
tuvieron parte importante de sus posesiones.
Se ha elegido para ello una zona no muy aínplia, localizada al noreste
de la provincia de Badajoz. y que forma parte de una comarca conocida
como la «Siberia extremeña» comprendida entre los ríos Guadiana y
Zújar. Esta región constituye una vasta zona apartada de las vías de comunicación
y poco explotada, de ahi que se le haya otorgado ese calificativo.
La mayoría de los autores, no obstante. rechaza esta denominación, al
entenderque el escaso progreso de la zona no se debe a la falta de recursos,
sino al mal aprovechamiento que se ha hecho de los mismos.
Durante las Edades Media y Moderna, las tierras de la «Siberia» formaron
parte de tres unidades político-administrativas diferentes, si bien en
algunos momentos aparecen como posesiones de un mismo señor. Estas
tres unidades fueron el Estado de Capilla. el vizcondado de Puebla de
Alcocer y el condado de Siruela.
Nuestro estudio se centra en la primera de ellas, el Estado de Capilla,
compuesto por un pequeño circulo de pueblos, seis concretamente, situados
en el sector sureste de la comarca. Al frente de todos ellos se situaba la
villa de Capilla, hoy en franca decadencia, pero que en su momento fue
cabeza de un señorío controlado siempre por importantes titulares, que
obtenían de él beneficios considerables. En el origen de los mismos se
encontraban las abundantes dehesas que cubrían estas tierras y que las
hicieron ser punto de mira de los ganados trashumantes que recorrían
Castilla de norte a sur en busca de pastos.
Las citadas localidades que conformaban el señorío eran Baterno, Risco
y Garlitos, al norte de la línea del Zújar. y Zarza Capilla, Peñalsordo y
la propia Capilla, al sur de dicho río. En su conjunto, la zona limita con
los términos de Agudo, Valdemanco y Chillón (Ciudad Real), con el Viso
de los Pedroches (Córdoba) y. ya en Badajoz. con Cabeza de Buey. Siruela
y Tamurejo. Precisamente está en término de Capilla el llaínado «mojón
de las tres provincias», que alude a la proximidad de estos territorios entre
los que fueron frecuentes las disputas por cuestión de lindes desde la
Edad Media.
De igual modo, el señorío de Capilla estuvo rodeado de vecinos importantes,
con los que mantuvo estrechas relaciones. Es el caso de la comarca
de la Serena, señorío de la Orden de Alcántara,y de otros señores laicos,
como los condes de Belalcázar, título que desde mediados del siglo XV
ostentaron los Sotomayor Precisamente, Capilla se situaba entre las dos
partes en que se dividían las posesiones de dicha familia: al norte, el
vizcondado pacense de Puebla de Alcocer, y al sur, el área cordobesa de
Belalcázar.

Sin título

Una vez expuesta esta breve localización espacial del señorío, pasaremos
a analizar otros aspectos, a partir de la consulta realizada a los fondos
de la sección «Osuna» del Archivo Histórico Nacional. Aunque la información
que poseemos abarca más temas, en el presente estudio nos centrareinos
en los siguientes:
1.—La trayectoria histórica del senorio.
2.—El potencial humano, militar y económico del mismo.
1. LA EVOLUCION HISTORICA DEL SENORIO
Durante los casi cuatro siglos que abarca nuestro estudio, fueron
muchos los acontecimientos vividos por el señorío de Capilla, y muchas
también las manos por las que pasó. La situación se hace más estable a
fines del siglo XIV. concretamente a partir de 1382. cuando entra a formar
parte del conjunto de señoríos de los Stúñiga. uno de los linajes más influyentes
de la nueva nobleza trastamarista. Hasta entonces la tierra de Capilla
había pertenecido a varios dueños: el rey, las Ordenes Militares del
Tcínple y Alcántara. el concejo de Toledo y nobles importantes del
momento, entre otros.
Es por ello que distinguiremos dos partes dentro de esta trayectoria histórica,
situando la fecha de 1382 como separación entre ellas.
1.1. Evolución del territorio hasta la instalación de los Stúñiga (1226-1382)
Partiremos del momento en que Capilla y su tierra fueron reconquistadas.
aunque la historia de estos lugares se inicia mucho antes ¾
La toma de los territorios que más tarde constituyeron el señorio de
Capilla fue llevada a cabo por Castilla. y se debió al afán reconquistador y
al impulso dado por su rey, Fernando III. Este, antes y después de [a unión
de los dos reinos en 1230. se atrevió a culminar la toma de la actual provincía
de Badajoz como paso previo a sus campañas en Andalucia.contexto se enmarca la conquista de Capilla en 1226, que supuso también
el paso a poder cristiano de las cercanas plazas de Garlitos y Almorchón.
La empresa no fue nada fácil a juzgar por lo que nos dicen las crónicas
«, pero tuvo gran repercusión por la importancia de las fortalezas
conquistadas y porque favoreció la repoblación de toda la comarca existente
entre los ríos Guadiana y Zújar. Al propio tiempo, fue un primer
paso para las posteriores campañas de remanado iii al sur de Sierra
Morena.Una vez tomada Cábala, que cambiará su nombre por el de Capella o
Capiella. como será conocida en la Edad Media, el rey permite a sus habitantes
que la abandonen y se dirijan con sus bienes muebles al lugar de
Gahet, futuro Belalcázar, aún no conquistado.Por su parte, el poderoso
arzobispo de Toledo, Jimenez de Rada, aunque no estuvo presente en
Capilla debido a una enfermedad, se interesó por la zona. De ahí que, a
través de su capellán, haga purificar la mezquita y organice su iglesia. Se
inicia así la dependencia de estas tierras respecto a la jurisdicción eclesiástica
toledana.La siguiente medida llevada a cabo por el rey santo será la de intentar
organizar la repoblación de estos lugares. Esto fue lo que le llevó a entregar
la recién tomada Capilla y las plazas de Garlitos y Almorchón a la Orden
Militar del Temple, que había participado activamente en su conquista,Entre los escasos documentos que de esta Orden se conservan en el
Archivo Histórico Nacional, contamos con una copia del privilegio otorgado
por Fernando III y doña Berenguela, su madre, en el que se ceden estos
lugares citados a su maestre, Esteban Belmonte. Ello sucede el 9 de septiembre
de 1236. justo diez años después de pasar a poder cristiano. Ademas,
en el documento se señalan los limites abarcados por Capilla, y se
concede a los templarios la facultad de llevar el portazgo de los ganados
que pasaran por este lugar, lo que habla ya de la importancia ganadera de
la zona.
Las tierras recibidas constituyeron una de las 24 bailías o encomiendas
en las que el Temple dividió sus posesiones en el reino castellano-leonés.
De todas ellas, parece que Capilla era la más poderosa, dado que se asentaba
sobre un área de extensas dehesas de pastos que híeron fuente de
riqueza económica gracias al desarrollo de la trashumancia.En apoyo
de esta idea encontramos dos documentos fechados el 1 y 6 de julio de
1310. en los que se señalan los bienes y derechos que el Temple poseía en
el arcedianazgo de Calatrava, al cual pertenecía la encomienda de Capilla.
Su valor estaba en torno a los 50.000 mrs. de renta anual, lo que convertía a
ésta en la más destacada posesión templaria del reino.En cualquier caso, la Orden del Temple no estuvo demasiado tiempo al
frente de Capilla, pues el proceso seguido contra ella desde 1307, y que
culmina cinco años más tarde con su disolución y pérdida de bienes, afectaíik
también a nuestro pequeño señorío.

María José Lop Orín

LA PRODIGIOSAS RELIQUIAS TEMPLARIAS DE ALCONETAR ,EL MANTEL DE LA SAGRADA CENA

FERNANDOCONMANTELDELASAGRADACENAPROCESIONDELCORPUS

En la villa cacereña de Alconetar, a orillas del río Tajo, los caballeros templarios edificaron una fortaleza sobre las ruinas de un templo romano. Allí custodiaban, entre otros objetos “milagrosos”, un mantel que, al conjuro de determinadas invocaciones, se llenaba prodigiosamente de todo tipo de manjares. Tras la disolución de la Orden del Temple, se “descubrió” en el subsuelo de la catedral vieja de Coria una reliquia, que la Iglesia afirmaba era el mantel empleado durante la Última Cena. ¿Se trataba del mismo objeto custodiado por los templarios en Alconetar?

Y por fin se acerca el día en que se unirán en abrazo fraternal, las cofradías de la Sagrada Cena de toda España, pues el Sábado día 9 dará comienzo el XI Congreso de Cofradias de la Sagrada Cena.
Es este uno de los eventos más importantes, que se han podido organizar en nuestra ciudad en los últimos años, en lo que se refiere a temas de Semana Santa. En este evento –del que se esperan algunos logros- va a exponerse una de la reliquias más preciadas que se conserva en la Catedral de Coria, y que es el Mantel de la Sagrada Cena, el cual será expuesto el próximo dia 11 en la Concatedral de Santa María de Cáceres.
Esta preciada reliquia, llego al Castillo de Alconetar, portada por los Caballeros Templarios, muy cerca de la ciudad de Coria, a orillas del rio Tajo.
En 1213, terminada la batalla de las Navas, se aseguró la frontera con los musulmanes, y cuando se extendía el conocimiento de la existencia de reliquias, hizo de Alconetar, la encomienda más rica de la región. Entre 1307 y 1312 con la desaparición de la Orden del Temple, el lugar decayó rápidamente. Con la desaparición de los Templarios vino tambien la de sus afamadas reliquias, cuyo culto y veneración al igual que sus caballeros quedaron malditos y olvidados, hasta que, hacia 1403, comienzan a verse los documentos del Obispado de Coria noticias referentes a ciertas reliquias de origen desconocido para las que se construyo un relicario en la Catedral en 1495, y y una capilla en 1596. Eran 16 objetos, de los que solo tres tenían culto propio: La Vera Cruz, las Santa Espina y el Mantel de la Sagrada Cena.
Cofrades de la Sagrada Cena de Caceres portando la Sagrada Reliquia
Una Bula de Benedicto XIII, daba fe de que habían sido encontradas en el subsuelo de la Catedral Vieja, dentro de unas arcas, durante la construcción del edificio nuevo en el siglo XVI, y que ya se le venían rindiendo culto los día 3 de mayo con gran asistencia de fieles. Esto según los investigadores e historiadores hace pensar que se haber hallado entre 1370 y el último tercio del siglo XIV, siempre teniendo en cuenta que en tal fecha se redacto el Estatuto Capitular, que trataba de las fiestas a celebrar en esta iglesia, y en el no se mencionaba todavía festividad alguna de estas “Reliquias”.
Restaurado el Culto de las reliquias en Coria, tanto el Sinodo Diocesano como los obispo y hasta el mismo Papa se encargaron de darle la importancia que dichas reliquias, deberían de tener y declararlas autenticas y alentar el esplendor de su ritual. En el especial Mantel de la Sagrada Cena. Pues esta parece la única pieza de tal magnitud que pueda existir en el mundo, y que no pueda existir otra, salvo pequeños fragmentos cortados de la existente en Coria-
La tradición señala, que la reliquia que hoy se expone en la Catedral de Coria, había sido llevada a Roma por Santa Elena, madre el Emperador Constantino.
Desde allí pasaría al “Tesoro de Carlomagno” y este la llevaría a Extremadura, donde la encontraron los templarios al tomas posesión de Alconetar e 1167.
Su fiesta se clebraba – como ya hemos dicho – el dio 3 de mayo y se colocaba en un trono alrededor del altar mayor y se celebrara una misa solemne.
A contnuacion las reliquias eran subidas a la tribuna que abre so0br el atrio para para mostrarlas a los fieles. Era el momento en que el Mantel era desplegado cual pendón sagrado y su extremo quedaba a la altura de los fieles, quienes rivalizaban por besar la Sagrada Reliquia.
Estos actos hacían, que en algunas ocasiones los fieles arrancaran partes de la tela que deterioraban tan preciado objeto Sagrado. Es por ello que el siglo XVIII, se suprime la presentación de la reliquia en la tribuna y se depuso qué se adoradas únicamente en el altar, pero este remedio fue peor que la enfermedad, puesto que las gentes, su fervor casi pagano terminaban por invadir el altar y pasarse la reliquia de mano en mano, besándola y frotándosela por todo el cuerpo como si fueran amuletos prodigiosos, con lo que el Mantel seguía desgarrándose.
Esto hizo que en 1791 el Cabildo Catedralicio aprobase la supresión de acto publico de adoración. Desde entonces las reliquias se veneran en la Capilla del Relicario, sin volver a ver el Sagrado Mantel, que permanecía seguro en su arqueta de plata. Esto hizo que el culto fuese decayendo, de modo que al cabo de cien años había desaparecido por completo y sus milagrosas intervenciones se habían olvidado. Salvo entre algunos icondicionales.
El mantel de la Sagrada Cena tiene unas medidas que son: 4,42 m. de largo por 92 cm. de ancho, esta realizado en tela de lino, blanco con sencillos adornos en azul `por uno de los extremos del largo y rayas del mimo color en el otro, con una trama qwue hace resaltar ciertas formas geométricas pero también lleno de roturas y desgarros.
En 1960, después de 169 años, el Mantel volvió a ver la Luz, Pero esta vez no fu en su Ciudad de Coria, ni para recibir culto. El Arca de Plata que contiene en su interior ale Mantel de la Sagrada Cena, fue abierto en los laboratorios del Muso de Ciencia Naturales de Madrid para que la tela fuera examinada por especialistas. Los análisis determinaron que se trataba de un tejido de lino blanco, en parte teñido de azul, que por su estructura y técnica de fabricación era de procedencia arábiga. Se hablo de utilizar también el método del Carbono-14 en laboratorios holandeses, pero dicha técnica no estaba entonces perfeccionada y se desistió. Almenos esa fue la explicación oficial.
Además, las autoridades “olvidaron” precisar públicamente que la procedencia arábiga del Mantel se refería a la Edad Media, entre los siglos XI y XIII, no al siglo I. Sin embargo, aquellos simples datos y omisiones sirvieron para reafirmar la “autenticidad” del Sagrado Mantel y para que se intentara resucitar su legendario culto, con las consiguientes peregrinaciones y sus beneficios económicos. Los interesados ignoraban que, a pesar de todo, la España de 1960 no era ya la de la Reconquista y el asunto murió en el intento. Desde entonces, la reliquia sólo ha vuelto a ser venerada con cierta relevancia pública en ocasión de alguna conmemoración especial y hoy se recuerda al mantel menos por su culto que por sus leyendas.
En el año 2005, esta reliquia, y con motivo de una exposición que se llevo a cabo en Cáceres sobre el Arte Religioso en la Diocesis de Coria-Cáceres, el Arca que contiene fue traído a Cáceres para su exposición y aquel mismo año desfilo en la procesión del Corpus Christi, siendo portado por los cofrades de la Hermandad Eucarística de Cáceres.

Estos datos han sido recogidos de Año cero nº 10-123 cuyo autor es Rafael Alarcón Herrera.

LA VICTORIA DE ALFONSO IX DE LEON SOBRE EL EJERCITO DE IBN HUD EN LA BATALLA CAMPAL DE ALANGE

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Antes de nada, aclarar que éste no es un artículo mío, sino de Miguel A. Diego, “Zacut”, quien ha tenido la bondad de remitírmelo para su publicación. Me ha resultado curioso, porque precisamente hace unos días estuve fotocopiando las crónicas con información de las conquistas extremeñas de Alfonso IX con vistas a un futuro artículo sobre el tema. Zacut quiere destacar que el pasado 15 de marzo fue el 780º aniversario de la batalla. Desde aquí me gustaría agradecerle infinitamente tan soberbia aportación,

INTRODUCCIÓN

La toma de Alcántara en 1213 y los ataques ese mismo año contra Cáceres y Mérida ponen de manifiesto las intenciones de Alfonso IX de extender el Reino Leonés por el Sur, tal como se preveía en el testamento de Alfonso VII el Emperador y en el Tratado de Tordehúmos (1158), incorporando el Reino musulmán de Sevilla. En 1217 la fortaleza de Alcántara es otorgada a la Orden de Calatrava, que un año después cede, junto con todas sus posesiones y miembros en el Reino de León, a la Orden Militar de San Julián del Pereiro, que fijó allí su sede. La orden adoptó entonces el nombre del Pereiro y Alcántara y finalmente el de Alcántara, constituyendo a partir de entonces uno de los pilares leoneses en la reconquista y repoblación de la Transierra, inspirada por un decidido cruzadismo, que alcanzaba al mismo monarca, corroborado por las campañas de 1218 en las que llega hasta Sevilla y el Guadalquivir con el objetivo de quebrantar la retaguardia musulmana. La toma de otras plazas como Valencia de Alcántara (1221) y especialmente el núcleo fortificado de Cáceres (1229), abren definitivamente el camino hacia el Guadiana a las fuerzas leonesas. Alfonso IX empeñado en la conquista del territorio de la Taifa de Badajoz, emprende en 1230 la deseada conquista de Mérida, que asegura la independencia eclesiástica del Reino de León, y la de la capital musulmana, Badajoz, ambas a la misma orilla del Guadiana. El objetivo último serían Sevilla y Niebla.

Reunión de las huestes.

Pasada la Navidad de 1229, Alfonso IX partió de Alba de Tormes con un formidable ejército en el que, además de las huestes del monarca se encontraban caballeros las de las Ordenes Militares del Temple, Alcántara y Santiago, con sus maestres, a los que se unieron obispos con sus mesnadas (D. Bernardo II, arzobispo de Santiago de Compostela y los obispos de Oviedo, León, Zamora y Coria) y otras fuerzas. Se dirigieron a principios de cuaresma (hacia el 20 de febrero) al Sur con el objetivo de apoderarse de Mérida, a la que sometieron a sitio.

La toma de Mérida y la batalla campal de Alange (1230).

La noticia del asedio de Mérida debió llegarle al caudillo hispanomusulmán Ibn Hud al-Mutawakkil, vencedor de los almohades, reconocido como lugarteniente y Emir del Califato abbásida de Bagdag –tomó por enseña el estandarte negro de los abbasíies- primero en Murcia y luego en casi todo Al-Andalus (Almería, Málaga, Granada, Jaén, Córdoba, Sevilla, Badajoz, Mérida, Trujillo). Se dirigió a Córdoba, donde reunió un gran ejército de caballeros e infantes para acudir en ayuda de la ciudad sitiada, posiblemente por la calzada que parte desde Córdoba y transcurre por Azuaga y Hornachos. Ibn Hud acampó en las proximidades del castillo de Alange o en el lugar conocido como Posadas de Abenfut, ligeramente al noreste del actual Campillo de Llerena y dentro de los límites de su término municipal.

Mérida se negó a rendirse, por lo que fue atacada por el puente de la ciudad y se tomó al asalto, teniendo un papel destacado las huestes zamoranas, de Ledesma y de la Orden de Alcántara, como ponen de manifiesto el hecho de que Alfonso IX incorporara el puente de Mérida al escudo de la ciudad de Zamora, o que así conste respectivamente en la inscripción sobre la Puerta de Olivares –llamada también del obispo- en Zamora (Zamo[ren] ses fuerunt uictores in prima acie), en el Fuero de Ledesma (que indica que la milicia de Ledesma rindió buenos servicios en Mérida) y en la carta de donación que Alfonso IX hace el 30 de marzo al maestre de Alcántara, Arias Pérez, de posesiones en la ciudad de Mérida y en su proximidad (“por los muchos buenos servicios que en muchas ocasiones me prestasteis, y especialmente en la conquista de Mérida y en la batalla campal que tuve con Abenfut al otro lado del Guadiana”). El reconocimiento y donaciones por los servicios prestados en la batalla de Mérida alcanzará a personas concretas, como a Rodrigo Fernández, alférez de Alfonso IX, que recibirá Friera y la tierra de Aguilar, por llevar bien su enseña en la batalla.

La llegada de las tropas musulmanas decidió a Alfonso IX a enfrentarse a las mismas, a pesar de ser muy inferiores en número. Las fuentes afirman que el contingente de las tropas de Ibn Hud era innumerable, o que se componía de unos ochenta mil hombres (veinte mil a caballo y sesenta mil a pie). Para ello el rey leonés y las huestes que le acompañaban, atravesaron el Guadiana una noche y, a la mañana siguiente, el 15 de marzo de 1230 (de acuerdo con el Cronicon cordubense) tuvo lugar el enfrentamiento en campo abierto, una batalla campal, ‘una de las más señaladas de aquel siglo’.

Cuenta Juan Gil de Zamora que cuando Alfonso IX se prepara para entrar en combate pierde una de las espuelas, lo que todos interpretan como un mal presagio, menos el monarca que argumenta que «el rey no debe entrar en combate con espuelas como los miedosos y por esto cayó la espuela, para animarme a quitar también la otra» demostrando así que no pensaba huir sino perseverar en el combate hasta el final. ¿Estaba decidido a no perder la ciudad recién conquistada? ¿Deseaba infligir una derrota al enemigo que le permitiera avanzar hasta Badajoz y más tarde hasta el Guadalquivir? La imagen del cronista pone de manifiesto que, en cualquier caso, no estaba dispuesto a echarse atrás.

Ibn Hud vio que los leoneses se dirigían contra sus tropas a fin de entablar la batalla, ordenó sus gentes y salió a su encuentro, la batalla fue muy sangrienta y por algún tiempo dudosa, pero el valor de los cristianos superó la muchedumbre enemiga y se declaró por Alfonso IX la victoria. Tan señalada fue que hay crónicas que al hablar de Alfonso IX dicen «el que ganó la batalla de Mérida». Las crónicas recogen también la participación del Apóstol Santiago y de San Isidoro del lado de los cristianos con una hueste de ángeles apocalípticos que segaban las gargantas agarenas.

Los efectivos musulmanes sufrieron una derrota completa y salieron en desbandada perseguidos por los leoneses, resultando el mismo Ibn Hud herido. Según Moreno de Vargas, el ejército leonés infligió una gran matanza en los musulmanes que huían hacia Badajoz a una legua de Mérida, en el denominado valle de la Matanza

La toma de Mérida permitía restablecer la silla metropolitana de tan gran prestigio en la época romana y visigoda, trasladada a Compostela por la persecución de los mozárabes, pero lo impidió Bernardo, el arzobispo de Santiago.

La conquista de Badajoz (1230).

El victorioso rey leonés permaneció en Mérida hasta después del 20 de marzo, partiendo después con el ejército y los maestres de las órdenes militares, los obispos y el arzobispo de Santiago de Compostela, con sus huestes sobre Badajoz.

La conquista de la capital debió de ser rápida, pudo establecerse un asedio hacia el 19 de abril, rindiéndose la ciudad el 26 de mayo, como indica el Chronicon conimbricense o a primeros de junio, como indica el Cronicón cordubense; pero antes del 9 de junio, porque ese día ya estaba Alfonso IX en Cáceres, de vuelta hacia el norte, y empleaba el título de «rex Legionis et Badalocii».

Alfonso IX, tras la toma de la ciudad de Badajoz, decidió dejarla dentro del realengo y ceder los derechos temporales de Mérida a la Iglesia de Compostela, teniendo en cuenta su proximidad a la frontera con el reino de Portugal. La confirmación y entrega de Mérida al arzobispo de Santiago la efectúa el 20 de julio, fecha en la que pasaba por Salamanca en su peregrinación hacia Compostela cuando iba a dar gracias al apóstol por las recientes conquistas.

Últimos meses de Alfonso IX (1230).

Rendida Badajoz, la expansión hacia el sur fue incontenible, ocupando los templarios Jerez, Burguillos. Fregenal y Alconchel. El propio Alfonso IX recorrió estas zonas meridionales, pues encontrándose en el castillo de la Atalaya, cerca de Zafra, el 2 de junio de 1230 hizo donación de Mérida y de los extensísimos términos que se le señalan al Arzobispo de Santiago. El monarca diseñó por entonces los objetivos y ciudades a conquistar en la siguiente campaña del invierno de 1230-31, que pretendían llevar el Reino de León hasta el Guadalquivir. Su fallecimiento retrasó esta expansión dos décadas.

Alfonso IX murió mientras iba en peregrinación a Santiago de Compostela en acción de gracias, en Sarria (Villanueva de Lemos) el 24 de septiembre de 1230. Se frustraba así el matrimonio de su hija primogénita Sancha con el monarca aragonés Jaime I, aportando al mismo el Reino de León.

Miguel A. Diego, “Zacut”

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LAS ERMITAS TEMPLARIAS DE TRUJILLO

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A raíz de la conquista se elevan tres ermitas en sus aledaños y dice Clodoaldo Naranjo que se erigen sobre los cerros donde asentadas las fuerzas cristianas se disponían al asalto definitivo, estas eran las ermitas de la Coronada, La Cañada y Belén.

Cerca de La Coronada se ven restos romanos, es un lugar habitado tradicionalmente, junto al camino de Medellín entre Trujillo y Santa Cruz; fueron los templarios quienes ocuparon aquel lugar hasta su desaparición en 1311 ocupándose el Ayuntamiento de su mantenimiento y culto, allí se celebraba una principal romería el Domingo de Pascua. Según constaba en la inscripción de la portada en la ermita de la Coronada de Trujillo, se construyó por: “MAESTRE GIL DE CULLAR ME FECIT ERA MILE CCC ANNO DOCE”. (1276) Este arquitecto fue quien hizo la capilla de San Pablo o del Melón en la catedral vieja de Plasencia.

Otra fue la de Nuestra Señora de la Cañada, antes de pasar los riberos del Magasca, donde dice don Clodi que se asentaron los de Alcántara y Santiago y la tercera en el sitio de Papalbas, Nuestra Señora de Belén, base de las huestes del Obispo.

La ermita de La Cañada estaba perfectamente ubicada en el viejo camino de Coria que atravesaba el Tajo entre Hinojal y Talaván hacía Portezuelo; a poca distancia Tajo abajo estaba Alconétar en manos templarias junto al paso de las vías de Cáceres a Plasencia y Coria.

El culto en la ciudad se organiza en los viejos templos que derruidos por la morisca vuelven a levantarse, ellos eran el de Santiago, la Vera Cruz y la vieja iglesia cisterciense de Santa María la Mayor cuya construcción fue iniciada por los freires caballeros de Truxillo.

El escudo de Trujillo aunque fue confirmado por Alfonso XII en 1880 su descripción remarca antigüedad: “En campo de plata una imagen de Nuestra Señora de la Victoria con el niño Jesús en los brazos, puesta encima de una muralla almenada y acostada de dos torres, todo de gules y mazonado de plata el cual, fue confirmado por el Santo Rey Fernando III de Castilla”. Seguramente el confirmado por Fernando III fue la Virgen en una sola torre como vemos en el único ejemplar así conservado en la Puerta de Santiago, cuando se trasladó la virgen al Castillo en el siglo XVI cambiaron el torreón del Arco del Triunfo por el frente almenado del Alcázar: “acostada de dos torres”.
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CAE TRUJILLO PARA CASTILLA

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La conquista definitiva de Trujillo estaba reservada para el día de San Pablo, 25 de enero de 1232. Capitaneados por el obispo de Plasencia Don Domingo I, las ordenes militares de Alcántara, Templarios y Santiago con varios fonsados de caballeros y una quinta columna de mozárabes con un tal Fernán Ruiz al frente que consiguieron tomar por el interior la Puerta Occidental, abriéndola a los sitiadores, de esta manera consiguieron vencer a los musulmanes tomando la Villa y el Castillo.

La leyenda nos habla de un milagro en que se aparece Nuestra Señora la Virgen toda iluminada y guerrera haciendo caer en tierra a lo morisma lo que aprovecha a los cristianos para su Victoria, y desde entonces esta puerta de Poniente pasará a llamarse del Triunfo. Más tarde colocarían en una hornacina interior sobre la Puerta una imagen de Nuestra Señora (tradición).

El carácter Mariano de la ciudad se refuerza en este mismo momento cuando el prelado placentino bendice las ruinas venerables de la basílica cisterciense. La Iglesia ya estaba dedicada a Santa María el siglo anterior, Don Domingo I de Plasencia le añadió el título de Mayor reanudándose enseguida su interrumpida construcción al mismo tiempo que dan caña a las de Santiago y San Andrés lo que se demuestra con los sillares signados de canteros, algunos de ellos habían participado en la construcción de la catedral de Plasencia y vemos sus firmas repetidas en estos templos.

La iglesia de Santa María la Mayor es un museo de la historia plasmado en sus diferentes muros, estribos, contrafuertes, columnas, nervaduras y ménsulas. El resto más antiguo nos lo encontramos en el sótano de la Sacristía, dos hiladas de hermosa sillería con grosores característicos, es la pared sur de un viejo edificio con una entrada sobre la cual está la actual puerta de la Sacristía comiéndose el muro posterior que separa la gran nave del ábside. Este templo merece trabajo especial.

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CALATRAVA SE APODERA DE MONFRAGÜE

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Es muy posible que Calatrava se posesione de Monfragüe porque en derecho le corresponde al Pereiro por don Gómez cuando fue maestre de los de Monfrac-Truxillo y al estar el castillo en tierras de Castilla le pasa lo que después les ocurrirá cuando se conquiste el de Cabañas que también acaba en sus manos.

“En el año 1221 el rey Fernando III el Santo dio a don Gonçaliañez Maestre de Calatrava para su Orden el castillo de Monfrac que era de la Orden y caballeros de Monfrac, la cual había venido en mucha disminución y que por esta causa el Rey la incorporó en la Orden de Calatrava. Esta Orden de Monfrac tuvo muchos nombres; y el más general de ellos fue el de Montegaudio, tomado del lugar donde fue instituida, que era en Hierusalen, fuera de los muros, como parece por la Bulla en que el Papa Alejandro III aprobó esta Orden de Montegaudio…” “…Hay otra escritura, en que el Rey Don Alonso el Noveno dio a la dicha Orden ciertas heredades en el término de Magan, y dice la escritura, A vos don Rodrigo Gonçalez Maestre de Monfrac de la Orden de Montegaudio…”. (Crónica de Calatrava). Alfonso IX intenta tomar Cáceres este mismo año sin lograrlo, en 1221 repite el fracaso. En 1224 muere Yusuf.

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RECONQUISTA DE LA SIERRA DE GATA

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Solamente les falta vencer las fortalezas de Almenara y San Juan a las que los moros se aferran fuertemente. El Pereiro está en Puñoenrrostro y por ello el Rey se lo cambia por Cadalso, para mejor envolver Almenarella y arrasarla bien. Después en 1212 ganará Mascoras.

En el año 1212, mientras toda la Cristiandad vence en las Navas de Tolosa a los moros, Alfonso IX hace la guerra por su cuenta y aprovecha para ir recuperando terreno, caen al fin San Juan de Mascoras, Trevejo y Salvaleón, donde se destacan nuestros freiles del Pereiro y en quienes ya tiene toda su confianza el Rey. En el castillo de Santibáñez de Mascoras quedan restos almohades en sus murallas y en el lucido del aljibe se puede leer una inscripción árabe.

El 17 de enero de 1214 Alfonso IX entra en Alcántara, su cerco lo inició dos años antes teniendo que retirarse hasta el 1213 que repite las acometidas. Los almohades habían roto un ojo del Puente pero ello no impidió que se cumpliera la Historia. En 1215 Doña Berenguela firma tratado de paz con Yusuf II.

La bula de Honorio III en 1217 adjudica a la Iglesia y al Arzobispo de Toledo todas las iglesias que se construyesen entre Toledo y una línea que desde Andújar pasaba por la Puebla de Chillón, Migneza, Magacela, Medellín, Trujillo y Jaraíz.

EL TERRITORIO HASTA LA CONQUISTA DE TRUJILLO EN 1232

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Trujillo y toda la Trasierra castellana cayeron en manos del tercer califa almohade Yuqub al-Mansur terminándose la historia del increíble señorío independiente de la bella Toryala, con los reconquistadores almohades llega el hijo despechado del ya difunto Fernando Rodríguez de Castro, Pedro Fernández de Castro. Ahí está seguramente el antepasado del futuro personaje trujillano, Fernán Ruiz, que se destacará en la reconquista definitiva de 1232. Ya nunca más se sabrá de los caballeros de Truxillo que debieron huir hacia Plasencia y Monfragüe con los de Monfrac refundiéndose y recuperando después su histórico castillo en el fragoso monte del río Tajo. Este mismo año de 1196 Alfonso VIII dona el castillo de Ronda (en la rivera del Tajo) que había sido de los freiles de Truxillo al maestre de Calatrava don Nuño Pérez de Quiñones y años más tarde veremos a Calatrava apoderarse de Monfragüe absorbiendo a los viejos freiles de Monfrac-Truxillo como hará con la abadía de Cabañas y su castillo en las Villuercas por el tratado que harán con el Pereiro al entregarles Alcántara. Esto vendrá después.

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CONQUISTA DE ALCÁNTARA

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En 1166 Coria estaba en manos de Fernando II que la había integrado como señorío a la Iglesia de Santiago, su obispo dependía de la Sede Compostelana y el territorio que regentaba estaba muy limitado pues en la Trasierra estaban los moros y a duras penas se pasaba al Norte por el valle del Árrago, era más seguro ir por Galisteo que hacía frontera con Castilla en la vieja calzada romana de Mérida a Astorga.

Portezuelo, Ceclavín, Canchos de Ramiro, Racha Rachel, Sequeiros, Milana, Bernardo, Salvaleón, Eljas y Jálama-Trevejo eran la cuña militar árabe formando el frente de defensa de Alcántara. La oposición de los castillos del Norte no molestaba demasiado a Coria, más preocupados sus habitantes de controlar lo que les podía venir del Sur, del otro lado de los Cuestos donde los moros ocupaban prácticamente el valle de la Fresnedosa que defendían desde Portezuelo y Ceclavín.

Almenarella (Gata) era menor preocupación de los moros cuya urgencia en la estrategia momentánea era defender Alcántara y es posible que estuviera en manos mahometanas cuando entró Fernando II desde Ciudad Rodrigo, pero la abatió fácilmente; el trabajo más duro eran los castillos occidentales de Eljas, Trevejo, Salvaleón, Sequeros y Benavente y contra los que envía directamente a los Caballeros Templarios en paseo triunfal.

Ese mismo año el Rey, auxiliado por el obispo de Coria Don Suero, los Templarios y el Conde Don Armengol de Urgel (nuevo Mayordomo Real) rompieron el frente por Ceclavín rindiendo la fortaleza del Puente fácilmente.

Alcántara quedó bajo la jurisdicción episcopal de Coria para Don Suero y al Conde Don Armengol le entregó la villa y sus términos “como los partía con los moros por la sierra de San Pedro”. Después de asentar bien la población marchó contra los portugueses que habían atravesado la raya marcada por el Tratado de Celorico en Galiciak.

En el año 1167 el rey Fernando tiene en su poder toda la Transierra, ha pasado el Tajo conquistando Alcántara; asienta sus conquistas entregando a la Orden del Temple las fortalezas de Trevejo, Bernardo, Sequeiros, Milana, Almenarella, Portezuelo y Alconetar.

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SEÑORIO DE TRUJILLO Y RECONQUISTA DEFINITIVA 1165 – 1232

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En 1165 el rey de León, Fernando II, está preparando una ofensiva a Alcántara desde Coria, tiene liberado el valle del Ambroz donde está el conde de Sarria con sus caballeros de Montegaudio federados con los de la Espada que capitaneaba el señor de Fuentencalada, eran fieles a Fernando II pues el mismo Rey fue su fundador. El conde de Sarria y sus caballeros controlan los castillos de Granadilla, Segura de Toro y Xerit (la futura Plasencia donde han hecho una iglesia). Están esperando el asalto a Monfragüe para cuando el rey Fernando conquiste la línea del Tajo en Alcántara y Alconetar pero la llegada de los portugueses a Monfragüe sería un incordio además de ilegal pues el tratado de Celorico no lo permite.

Fernando II contaba con el conde de Urgel y los Templarios para la campaña de Alcántara, Fernando Rodríguez de Castro era su Mayordomo Real. Estaban en estas cuando les llegan noticias de los portugueses de Gerardo Sempavor en un avance sorpresa. Nos lo cuenta Aben Sahibis Salat: “… en Yumada (entre Abril y Mayo), segunda de la Hégira 560, fue sorprendida la ciudad de Toryala, y en Diskada (entre Septiembre y Octubre 1165) la notable villa de Jeburah. También la población de Cáceres en Safar (a finales de Diciembre) de 561 y el castillo de Muntajesh en Yumada (Marzo 1166) y los fuertes de Severina y Jelmaniyyah”.

Fernando II envía a Fernando Rodríguez de Castro de embajador a Trujillo para parlamentar con Sempavor. No se que itinerario seguiría ni los resultados pero es posible que pasara por Xerit (Plasencia) y Monfragüe y vete a saber si no le acompaño con algún caballero el Conde de Sarria pues seis años más tarde, como veremos, tendría en su poder el castillo de Monfragüe y un convento en Trujillo. No sabemos si realmente existió este contacto pues al año siguiente Fernando Rodríguez de Castro ha de marchar a Toledo cuya plaza tiene en su poder en nombre de Fernando II que la había invadido anteriormente. En 1166, la ciudad de Toledo con Alfonso VIII y los Lara se sublevan contra los Castro y acoge con entusiasmo al monarca Alfonso VIII que aun era menor de edad y con la ayuda de la familia Lara da un golpe en la vieja capital conquistándola. Fernando Rodríguez de Castro huye de Toledo con su tropa volviendo al asunto de los portugueses.

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RECONQUISTA,FRONTERA Y ORDEN MILITAR DE ALCÁNTARA

Vista General

En un cerro situado junto al Puente, 100 m. más arriba del nivel del Tajo, se localizan las estructuras arquitectónicas visiblemente más antiguas de esta población. Se trata de unos restos de muralla con torres cuadrangulares adosadas, con la disposición que corresponde a las alcazabas musulmanas. En una de sus puertas la del Xartin (hoy desaparecida) existió una inscripción que daba el nombre de Hacen —a— Med como constructor de esta fortificación realizada en tiempos de Abderramán 1.

A la caída del Califato pasó a pertenecer al rey taifa de Coria y, más tarde, en 1161, al rey tarifa de Cáceres.

En el siglo XII, el geógrafo musulmán el —ldrisi en su obra Descripción de España nos ofrece una de las primeras apariciones escritas del nombre de Alcántara: «Kantara —as— Saif (el puente de la Espada), es una de las maravillas del mundo. Es una fortaleza construida sobre un puente, donde la población se encuentra al abrigo de todo peligro ya que sólo puede ser atacada por el lado de la puerta».

Desde la Alta Edad Media, entre los siglos Xl y XIII, la situación fronteriza del actual territorio extremeño fortaleció su carácter militar pero no fue favorable a la aparición de poblaciones relevantes. No obstante, Alcántara se constituyó en este momento como villa de frontera, caracterizada por el gran papel que jugará la muralla y, en general, todo lo relacionado con la guerra. Se creará un auténtico núcleo urbano con una población que alternará la actividad militar con una economía agraria de signo preferentemente ganadero.

En estos años se produce la independencia de Portugal de la corona Castellano-leonesa. El rey de León siente el temor de ver cortado su paso en la reconquista hacia el sur si Portugal consolida sus fuerzas y une sus limites con los de Castilla. Fernando II. pues, decide adelantarse y reúne sus tropas en Salamanca en 1165 y al año siguiente ocupa Alcántara con ayuda del Conde Armengol VII de Urgel. La plaza volvió a manos sarracenas tras la contienda llevada a cabo por el caudillo almohade Abú —Jacob. La conquista definitiva por los cristianos se produce en 1213, en el reinado de Alfonso IX de León.

Ante la belicosidad que en estos momentos toma la Reconquista. se hace necesario contar, para la repoblación y afianzamiento de los enclaves logrados, con medios nuevos y distintos de los usados hasta entonces. Esa m,s’on fue, precisamente, la llevada a cabo por las órdenes militares, cuyo papel en la incorporaclon de la Submeseta Sur, en general, y de Extremadura, en particular, fue uno de los hechos más decisivos de la historia de la región.

La formación del patrimonio territorial de las órdenes militares en Extremadura es un fenómeno bien conocido en general, aunque la documentación presenta numerosas lagunas e insuficiencias que en el caso de la Orden de Alcántara serán dificiles de subsanar, pues sus fondos medievales se hallan perdidos.

Sabemos que en 1217 Alfonso IX entrega Alcántara a la Orden de Calatrava. A ésta le pareció difícil defender por una parte los confines de Castilla y. por otra, los de León. Por ello, renunciaron a favor de la Orden de San Julián del Pereiro, la cual babia nacido en 1156 y tenia su sede en un castillo a orillas del rio Coa, a unos 45 Krns. de Ciudad Rodrigo y a 22 de Sabugal, en actual territorio portugués. Fue aprobada por el Obispo de Salamanca poniéndola bajo la regla de San Benito con los estatutos del Cister.
Su fundador fue D. Suero y se llamó Prior de la Orden. Su hermano U. Gómez tomó el nombre de Maestre.

Diego Sánchez trasladó el convento, en 1219, de los confines salmantinos a las nuevas tierras extremeñas, continuando con la Reconquista y consiguiendo el castillo de Portillo y el de Montánchez. Ahora Alcántara se convierte en centro de irradiación de poder en todos los sentidos: militar, político, cultural y religioso. Uega a dominar 9.000Km). quedando bajo su esfera todos los municipios cacerenos situados en la actual frontera con Portugal en una ancha franja que va desde la Sierra de Gata a 5. Vicente de Alcántara, además de la comarca pacense de La Serena.

El Maestre D. Arias Pérez Gallego intervino junto a Alfonso de León en las conquistas de las ciudades de Badajoz y Mérida, por lo que se otorgaron casas en ambas y en la primera se le concedió la Iglesia de Santa Maria, que llamaron de los Freires y se hizo allí una encomienda.

En 1234, toma el maestrazgo D. Pedro Yáñez, Realizó batallas en la pro~dncia de La Serena y tomó la villa y castillo de Medellín, con otras fortalezas y aldeas de su comarca. Llevó las rentas de Medellin por merced del rey Fernando III, aunque sin tener la propiedad. Sucedieron en la tenencia de ella otros maestres de la Orden. Finalmente. Fernando IV tuvo un pleito para quedarse con la plaza. A los de Alcántara les dio a cambio algunas aldeas, mas Eljas con su castillo y Villanueva de la Serena. Por la ayuda prestada en la conquista de Córdoba recibieron una iglesia y las casas de Séneca, Más tarde tomaron Benquerencia, Zafra. Hornachuelos, Zalamea, Castilnovo, etc. Por la conquista de Murcia recibieron un pueblo al que el Maestre puso el nombre de Alcantarilla.

Con Fernando III «el Santo» asaltaron Sevilla, por la que recibieron unas casas principales en la ciudad y dos aldeas.

En 1254 se hace con la Mesa Maestral D. Carel Fernández Barrantes. que seria privado del re~ Alfonso X el Sabio. Consiguió Arcos, Lebrija, Niebla y todo el Algarve.

Muchos han sido los hechos de armas y las gestas de la Orden de Alcántara, que la hicieron estar durante toda la Baja Edad Media en primera línea de la política nacional. Por esta causa la villa se verá en ocasiones asediada, Otras veces, las mismas disensiones dentro de la Orden provocaban ese mal endémico y que debía traducirse en la constante vigilancia de las murallas.

Por último, cl protagonismo de primera inca les lleva también a tomar partido en las luchas dinásticas tan frecuentes en la España Medieval, D. Pedro l «el Cruel> estuvo en Alcántara después de la batalla de Nájera y de aquí marchó con sus seguidores a combatir a su hermanastro Enrique de Trastámara.

Tras la conflictiva subida al trono de los Reves Católicos, la reina Isabel de Castilla se entrevistó aqui con su tía la infanta Dft Beatriz de Portugal desde el día 20 de marzo al 23 de abril de 1479, para concertar la paz entre los dos reinos.

El rey católico, con la aprobación pontificia, siguiendo una de las normas de su reinado, la de sometimiento de la nobleza, fue constituyéndose en administrador de las diversas órdenes. Por ello, D. Juan de Zúñiga, 37 y último Maestre de la Orden, manifestó al Papa Alejandro VI que estaba dispuesto a renunciar al Maestrazgo en los reyes. D. Juan se retiró al palacio que se hizo construir en Villanueva de la Serena, convertido en iglesia conventual de a Orden. Vivió allí varios años acompañado de sus religiosos y de varios personajes de la época, célebres en el campo de las letras y las artes: el bachiller Trejo, jurista y Caballero de Alcántara; el teólogo dominico Fray Domingo; el médico judío Doctor Parra; el gramático Marcelo de Nebrija y el músico Solórzano. que fue su maestro de Capilla, El retiro del joven maestre fue un foco de humanismo en la Extremadura del Renacimiento.

Siglo: 0 d.C
Historias de ALCANTARA, publicado por bikator

LAS VENTANAS DE LA IGLESIA TEMPLARIA DE SAN JUAN BAUTISTA DE BURGUILLOS DEL CERRO

Burguillos del Cerro, oculos templarios varios San Juan Bautista
La iglesia de San Juan Bautista de Burguillos
del Cerro perteneció a la orden del Temple por la
ayuda prestada a la corona en la reconquista de los
territorios extremeños, desde 1238 hasta la
disolución de la orden en 1312. Emplazada en la
frontera de defensa del reino de León del avance
almohade durante los siglos XII a XIII, incluye una
qubba musulmana, fue iglesia hasta 1797 y luego
cementerio hasta 1908. Destacan por su singularidad
las ventanas angostas del ábside así como las
ventanas de tracería ojival de la nave principal y los
rosetones de la qubba convertida en capilla funeraria
a fines del siglo XIV.
En la defensa de la frontera cristiana de los
reinos hispánicos de Al-Ándalus, participaron las
órdenes militares que se crearon en la primera mitad
del siglo XII, conservando el espíritu de las cruzadas.
De las tres que se fundaron en los reinos de Castilla
y León, dos nacieron en Extremadura, y la orden del
Temple tuvo en Badajoz su principal campo de
acción ya que en ningún lugar del territorio
intervino de forma tan decisiva. Recibiendo tierras en
Burguillos por la ayuda prestada a la corona en la
reconquista de la provincia El rey Alfonso IX del
reino de León le dio el impulso definitivo, iniciando
una gran campaña para la conquista estratégica de la
línea del Guadiana, tomando la plaza de Badajoz en
1230, continuando con las de Jerez, Fregenal de la
Sierra, Burguillos del Cerro y Alconchel, que
constituían la principal encomienda templaria en la
Península Ibérica, con una extensión de 2.889
kilómetros cuadrados.

FUENTE DEL MAESTRE Y LOS CABALLEROS DEL CIELO ( Los Templarios).

parroquia
El nombre presagiaba la relación de éste con las Órdenes Militares, ( Santiago, Montesa etc…), alguna de ellas heredera de los bienes Templarios.
Este pueblo estuvo relacionado con la Orden del Temple, a pesar de no contar con demasiada documentación que lo acredite, debido según algunos historiadores a que desde la abolición de la Orden en el Concilio de Viennen en 1312, la mayor parte de los herederos de sus bienes,( Reyes, Nobles, Frailes y sobre todo las Órdenes Militares, con la de Santiago a su cabeza), intentaron ocultar la procedencia de éstos, para librarse de una reputación negativa.

En la primera Cruzada en 1095, el caballero francés Godofredo de Buillón rescata Jerusalén del poder Turco. Unos años después en 1118, un grupo de compañeros de éste, deciden consagrar sus vidas a la custodia y defensa de los peregrinos que llegan a Tierra Santa.
Lo que empezó con sólo nueve Caballeros, llegó en sus doscientos años de existencia a tener más de treinta mil miembros, y ser la más temida y rica Orden de Caballería.
El origen de los Templarios no puede ser más modesto, no tienen nada, por lo que el Rey Balduino II Rey de Jerusalén, les aloja en una parte de su Palacio levantado sobre lo que fue el Templo de Salomón, de ahí tomaron su nombre;
“ Orden Militar del Templo o Temple de Jerusalén”.
El hábito de los Templarios, era el manto blanco con una cruz roja, que les concedió el Papa Eugenio II, éste estaba reservado sólo a los Caballeros que habían hecho votos perpetuos.
Debían llevar el pelo corto y la barba hirsuta.
Comían carne tres veces a la semana, guardando abstinencia el resto de ella.
Dormían en un jergón y el dormitorio tenía que estar siempre iluminado.
Les estaba prohibido usar oro y plata, a no ser que fuera recibido como limosna.
Era tradición que para recibir a los peregrinos, tenían que montar un mismo caballo dos de los Caballeros.
Cuando morían se les enterraba de cara al suelo, clavadas sus vestiduras a una tabla.

Entre Hugues de Payns (1119-1136) y Jaques de Molay (1293-1314), hubo en total 21 Maestres.

El 15 de Marzo de 1314, Jaques de Molay , fue condenado junto a treinta y cinco Templarios más, a morir en la hoguera en la isla de los judios, frente a Notre Dame.
Cuenta la leyenda que en la misma pira crematoria, proclamó su inocencia y la de la Orden, y emplazó ante el Juicio Divino, al Papa Clemente V, en el plazo de un mes, y al Rey Felipe IV, en el plazo de un año.
El Papa murió a los cuarenta días, y el Rey ocho meses después.

En algunos Países, como España y Portugal, se dió a los Templarios un tratamiento respetuoso.
Algunos de los Templarios que sobrevivieron, crearon la Orden Militar de Montesa.

“ PROCESSUS CONTRA TEMPLARIOS”.

El 25 de Octubre del 2007, los responsables del Archivo Vaticano, publican el Documento “ Processus contra Templarios”, que recopila “el manuscrito de Chinon” y otras actas de exculpación de los Templarios, a los setecientos años de la disolución de la Orden.
Estos documentos se encuentran en el Archivo secreto del Vaticano, y estuvieron extraviados desde el siglo XVI, por estar guardados en un lugar erróneo.

En el” processus contra Templarios”, se establece :

1) El Papa Clemente V, no estuvo convencido de la culpabilidad de la Orden.
2) Jaques de Molay y el resto de Templarios fueron absueltos por el Santo Padre, después de morir.
3) La Orden no fue condenada sino disuelta bajo pena de Excomunión.
4) El Papa permitió a los ajusticiados, recibir los Sacramentos.
5) Clemente V, negó las acusaciones de Herejía y Sodomía, de las que fueron acusados por el Rey de Francia.
6) El martirio de los Templarios fue un “sacrificio”, para evitar el Cisma con la Iglesia Francesa.
7) Las acusaciones fueron falsas y obtenidas bajo tortura.

( Quiero decir aquí, que hithorso, puso en el foro, un documento que me parece muy importante, las fotografías que hizo de estos Manuscritos, en la Exposición de Facsímiles de Incunables, que tuvo lugar en Salamanca en Septiembre del 2008).
Gracias de nuevo por hacernos partícipes de ello, hithorso!!!!!

Y en relación con Fuente del Maestre.
En las crónicas de las Ordenes de Santiago y Alcántara se da noticia de este pueblo de Badajoz, al que concedió el título de “ciudad”, la Reina Regente María Cristina.
En 1594 contaba con 1074 “ Pecheros” o privilegiados por razón de Nobleza o Clero.
Debe su nombre al Maestre de la Orden de Santiago, Lorenzo Suárez de Figueroa, del que tomó su escudo la Villa.

Dos curiosidades apoyan la teoría de que los Templarios al igual que en otras localidades cercanas, estuvieron en este pueblo, una es la gran Cruz Templaría que se
conserva en la puerta nueva, frente a la muralla, la otra incógnita sería, ¿Qué elemento importantísimo se protegía en la Villa?, para disponer de doble recinto amurallado.

PATRIMONIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE LAS ÓRDENES MILITARES EN EXTREMADURA.

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CASTILLO DE MONTANCHEZ

Una Mirada a los Territorios: Comarca de Montánchez y Tamuja – Cáceres- Comarca Tajo-Salor-Almonte”. Desde este epígrafe hemos intentado analizar los vestigios patrimoniales heredados de las Órdenes Militares en los territorios de Tajo-Salor-Almonta, dominados en su mayor parte por la Orden de Alcántara, prosiguiendo el estudio hasta Cáceres, ciudad donde se funda la Orden de Santiago y llegando a nuestra comarca, en la que prima el poder santiaguista.

Las Órdenes Militares nacen en la Edad Media hispánica con un doble fin: por un lado la defensa del territorio de las invasiones musulmanas y por otro la defensa del cristianismo, es decir las Órdenes Militares muestran una doble vertiente: la militar y la religiosa. En la Península Ibérica aparecen numerosas Órdenes Militares, conocidas como autóctonas por algunos autores[1], ya que las grandes Órdenes Universales como fue la Orden del Temple, tiene una fundacion fuera de los reinos hispánicos, El temple es fundada en 1118 o 1119 por caballeros franceses liderados por Hugo de Payens tras la Primera Cruzada. Su propósito original era proteger las vidas de los cristianos que peregrinaron a Jerusalén también tuvieron su presencia en el territorio hispánico.

En el solar de los reinos hispánicos se ubicaron a lo largo de la etapa medieval seis Órdenes Militares, que poblaron gran parte del territorio: “El Temple” Destacó su participación en la batalla de las Navas de Tolosa y la conquista de Murcia. La Orden de Calatrava nace en la villa de Calatrava, Ciudad Real. El Santo Sepulcro eran los supuestos encargados de custodiar la tumba de Cristo, en España, la orden estuvo protegida por Alfonso I el Batallador, rey de Aragón. “Montesa” La Orden de Santa María de Montesa fue fundada el 10 de enero de 1317 por el rey Jaime II de Aragón, la orden se convirtió en un importante ejército al servicio del trono de Aragón. La Orden de Santiago se fundó en Cáceres, hacia 1170 reinando en León Fernando II. El fundador y primer maestre, es don Pedro Fernández, a esta congregación de Caballeros se le encomienda la defensa de Cáceres contra los almohades. La Orden de Alcántara nace hacia 1175 con la llamada orden de San Julián del Pereiro, germen de la posterior Orden de Alcántara tiendo su sede ya hacia 1218 en Alcántara.

Con la creación de las llamadas Órdenes Autóctonas, con votos de pobreza, obediencia, castidad y defensa de la cristiandad con la fuerza de las armas, aparece la figura del monje-guerrero. Frente a las órdenes de Tierra Santa, como es la Orden del Temple, dependientes del Papa con una vocación de cruzada oriental llamadas milities Christi (soldados de Dios) las Órdenes Autóctonas hispánicas sin dejar de ser defensores de la cristiandad muestran una clara unión militar con las monarquías preferentemente los reinos de Castilla, León y la corona de Aragón. El reino de Portugal presenta la misma fórmula, por otra parte el Reino de Navarra no poseyó Órdenes Autóctonas por carecer de fronteras con al-Andalus. Las Órdenes Militares son consideradas por los estudiosos, como instrumentos de la Iglesia y las monarquías. Cumpliendo las Órdenes Militares las siguientes funciones: militar, eclesiástica, hospitalaria, económica y política esto se ve reflejado en su patrimonio histórico-artístico, que ha sido el objeto principal de nuestro estudio.

El estudio que hemos realizado se ha dividido en diferentes capítulos, comenzando con una introducción general de las Órdenes Militares, para pasar a estudiar de forma detenida la Orden de Alcántara y Orden de Santiago. Como patrimonio de las Órdenes Militares, en nuestro caso, la Orden de Santiago, hemos analizado las diferentes tipologías de patrimonio; la Arquitectura Militar, con sus fortificaciones como es el Castillo de Montánchez, sede de la Encomienda y el desaparecido castillo de Almoharín. Dentro del capítulo de Arquitectura Civil hemos diferenciado las Casas de la Encomienda y los Hospitales. En la comarca solo hemos localizado un ejemplo de Casa de la Encomienda, la Casa de la Encomienda de Alcuéscar, hoy desaparecida, se situaría en las cercanías de la plaza de la localidad, quedando constancia de la existencia de este edificio en los archivos. Dentro de la Arquitectura Civil enmarcamos a su vez los hospitales, muy numerosos en nuestro territorio; poseyeron edificios hospitalarios las poblaciones de Albalá, Alcuéscar, Almoharín, Arroyomolinos, Casas de Don Antonio, Montánchez, Salvatierra de Santiago, Sierra de Fuentes, Torremocha y Zarza de Montánchez. Aunque en la actualidad la mayoría de construcciones no se conservan en pie, sí nos quedan algunas muestras de las ermitas que poseyeron estos edificios sanitarios, como es el caso de la Capilla de San Miguel de Sierra de Fuentes y tal vez la ermita de la Piedad en Torremocha formaría parte de un hospital. El único hospital que conserva el inmueble en pie, es el ubicado en Salvatierra de Santiago conocido como “Hospital de Peregrinos”.

La Arquitectura Religiosa, aparece como el ejemplo mejor conservado, en la mayoría de las iglesias de nuestros pueblos encontramos referencias a la Orden de Santiago, buen ejemplo de ello es la fachada plateresca de la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación en Arroyomolinos, si miramos de forma detenida la decoración en piedra de dicha fachada, podremos apreciar la cruz de Orden de Santiago, elemento identificativo, mostrando que esta población formó parte de los territorios santiaguistas. No debemos dejar a un lado las numerosas ermitas que se conservan en las nuestras poblaciones, muchas de ellas construidas por donación y/o cofradías vinculadas a la Orden.

Desde estas breves líneas intentamos dar una proyección social a nuestro estudio, pudiendo en los números sucesivos del periódico Sierra y Llano, analizar de forma exhaustiva y monográfica, cada una de las tipologías arquitectónicas que hemos apuntado en los párrafos anteriores. Creemos, desde nuestra humilde opinión, que este estudio es el primer paso que hemos realizado para desarrollar de forma más amplia el conocimiento de la etapa medieval y moderna de nuestra comarca, conociendo los recursos que poseemos podremos en un futuro, proyectar al exterior la riqueza histórica-artística de nuestro pueblos, estableciendo líneas futuras de actuación en cada uno de los recursos patrimoniales, con el fin último de crear de una ruta turística de Órdenes Militares en el territorio que conforma ADISMONTA, no sólo para foráneos, sino también para los lugareños.

Las Órdenes Militares nos ofrecen una visión diferente de nuestra comarca, consideramos que es el momento apropiado para potenciar este recurso.

[1] Los órdenes militares en la Europa Medieval, Novoa Portella, Feliciano y De Ayala Martínez, Carlos (edit.) Barcelona, 2005 Pág. 101

( Elisabeth Fragoso Pulido )

LA ECONOMÍA Y LAS FINANZAS DE LA ORDEN DE ALCÁNTARA EN EL SIGLO XV.

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La posibilidad de estudiar de un modo bastante completo las realidades económicas de las tierras alcantarinas, sólo se produce a partir del momento en que los Reyes Católicos se hacen cargo del maestrazgo. Con anterioridad a esta fecha, esta tarea resulta imposible, dada la total ausencia de documentación referida a estas cuestiones. No existen libros de visita a los que poder acudir para observar la evolución económica de las distintas encomiendas y prioratos. Tampoco se conservan ningún tipo de noticias referidas a los bienes y rentas dependientes de la Mesa Maestral.

Dos son los objetivos que pretendemos conseguir en estas páginas dedicadas a los aspectos económicos. En primer lugar, clasificar y analizar las rentas percibidas por la Orden como señora que ejerce un dominio territorial y jurisdiccional en una amplia zona, a partir de los datos que se pueden extrapolar de algunos libros de visita de la primera mitad del siglo XVI y que se pueden aplicar para el siglo XV sin peligro de cometer graves errores de interpretación. También a partir de las noticias que poseemos sobre los bienes y rentas de la Mesa Maestral entre los años 1495 y 1504, es decir, los diez primeros años de administración del maestrazgo por parte de los monarcas.

El segundo aspecto que será objeto de nuestro análisis serán las finanzas de la Mesa Maestral entre los citados años de 1495 y 1504, en base a las relaciones de gastos e ingresos de la misma que se contienen en el legajo 11 de la sección de Contaduría Mayor de Cuentas del Archivo de Simancas.

1. Las rentas

Muchas son las páginas que se han dedicado al problema de la clasificación de los ingresos feudales. Desde la concepción jurídica de Salvador de Moxó at que intenta hacer corresponder los distintos tipos de rentas con los distintos elementos constitutivos de un señorío, hasta la clasificación utilizada por Martínez Moro, basada en una concepción flexible a partir del carácter compacto que reivindica para el régimen señorial en sus partes constitutivas y en su resultado fiscal, sugiriendo a cada autor que elabore su propia clasificación en función de las preguntas que realice al material bruto de que disponga.

El esquema de clasificación que se presenta, sin intención alguna de intervenir en la polémica, sigue en líneas generales los criterios que presiden la clasificación elaborada por Emma Solano en su trabajo sobre la Orden de Calatrava al Clasificación que, desde mi punto de vista, huye de la concepción estrictamente jurídica para agrupar las rentas en base a criterios en los que lo fundamental es la búsqueda de la claridad expositiva.

Antes de empezar, es preciso realizar otra advertencia. Algunas de las rentas mencionadas, como, por ejemplo, los derechos sobre las compraventas, los derechos de tránsito, los derechos de carácter judicial o los de control sobre los cargos concejiles, son derechos que la Orden tenía en virtud de su condición de señora jurisdiccional de un territorio; así, pues, son perfectamente incluibles dentro del apartado de tributos o rentas señoriales. Nuestra intención al separarlos es únicamente la de buscar una mayor claridad en la exposición.

Los ingresos más importantes procedían de lo percibido por las distintas explotaciones de las dehesas. Sobre todo, el herbaje de “invernadero ” y “veraneadero” o “agostadero”, proporcionaban grandes beneficios r Junto a ello el aprovechamiento de pesquerías al o de zonas de cultivo y bosque, etc. Todo ello en conjunto solía constituir el capitulo más amplio de ingresos de las encomiendas y uno de los más importantes en el caso de la Mesa Maestral.

Otros ingresos mencionables procedían del arrendamiento de casas para vivienda o para servicios públicos. Además el arrendamiento de algunos yacimientos, como el de “los mineros de La Serena”, que estaban reservados a la Mesa Maestral, proporcionaban importantes beneficios de señora jurisdiccional y territorial; es un tipo de rentas que, en muchas ocasiones, es asimilable a los dos niveles.

Podemos citar abundantes ejemplos. En la encomienda de La Puebla podemos agrupar en este apartado las siguientes: martiniega y fuero; el comendador recibía dos corderos asados, pan y vino el día de Pascua, y la obligación de todos los vecinos de ir a prestar servicio a la fortaleza un día al año. En la encomienda de Azeuche ‘a el comendador tenía derecho de pasto en los baldíos de la villa; además todos los vecinos con un par de bueyes debían prestar al comendador dos huebras, es decir, prestación en trabajo consistente en que el campesino labra las tierras del señor con sus propios animales de tiro. Por otro lado, “no se podía romper ni cavar en el camino que va de la villa a la huerta de la encomienda”. En la encomienda de Lares”, los vecinos, aparte de la martiniega, tienen la obligación de presentar la caza y la pesca ante el comendador para que éste tome de ella lo que quiera; además el comendador tenía el derecho de cortar leña y poseía el coto de caza y pesca en el río Zújar. Por último, el comendador recibe de los vasallos treinta huebras al año y tiene el derecho de vender libremente el vino del diezmo. En la encomienda de Galizuela ‘ no se podía vender vino hasta que no se vendiese lo producido en el término; por otro lado, el comendador también tenía el derecho de caza y pesca libre. El comendador de Villasbuenas” percibía, entre otras rentas, el humo y martiniega y dos yantares, uno de los cuales se debía dar en comida “al comendador o a quien fuere cada año a nombrar uno de los alcaldes en su nombre. El comendador mayor recibía de la misma encomienda un yantar anual en metálico consistente en 456 maravedíes. En el lugar de El Arquillo”, perteneciente a la encomienda de Portezuelo, el comendador recibía dos huebras por cada labrador y dos cargas de paja y una de leña por vasallos; además recibía un yantar y un cordero recental y cincuenta huevos por Pascual Florida. Entre las rentas de la Clavería en La Torre de don Miguel ~ lugar situado en la zona de la Sierra de Gata, aparecen un yantar anual de 476 maravedíes y el derecho del clavero de coger las cubas que necesitase para encerrar su vino. En la encomienda de Salvatierra “, el comendador recibe yantar y martiniega. La Mesa Maestral recibía numerosos yantares en ambos partidos, los pertenecientes al partido de Alcántara” rentaban, unos años con otros, en torno a veinte mil maravedíes.

Dentro de este mismo apartado pueden incluirse los monopolios senoriales, es decir, el derecho que tenía la Orden a la explotación en exclusiva de algunos servicios y establecimientos de carácter público. Así, la Mesa Maestral poseía en Villanueva de Barcarrota, la renta de las carnicerías, que en 1525 rentaba tres mil maravedíes. En la encomienda de Salvatierra, el comendador recibía diez mil maravedíes en 1497 por la “renta del jabón”. Algunos de los derechos que antes hemos señalado que poseían los comendadores sobre la venta del vino pueden considerarse como monopolios señoriales.

Derechos sobre las compraventas – La renta más común dentro de este apartado es la de la Veintena. En Alcántara, según el inventario de rentas que conocemos, esta renta pertenece a la Mesa Maestral desde 1498 y, unida al portazgo de la villa, supuso ese año once mil maravedíes. En Salvatierra aparece unida al “mayorazgo y pan de peso” y supuso en 1497 cuatro mil maravedíes. En relación con lo anterior están las rentas sobre pesos y medidas. Por ejemplo, la Mesa Maestral poseía en Villanueva de Barcarrota la renta del “colodiazgo y medidas”.

Derechos de tránsito – Debe incluirse aquí, en primer lugar, el Almojarifazgo, muy frecuente en los lugares del partido de La Serena ~’, es renta que está adscrita a la Mesa Maestral. Se cobraban también Portazgos en todo el señorío de la Orden. En Villasbuena, el comendador cobraba el portazgo de todo lo que pasaba por la villa y por el puerto de Perosín. El portazgo en Salvatierra en 1497 supuso dos mil quinientos maravedíes. Las rentas del “Travesio ” eran también portazgo que recibían este nombre en algunos lugares, como Las Brozas y La Zarza “. En el primero de estos lugares su valor oscilaba entre los cinco mil maravedíes en 1495 y nueve mil ciento diez y seis en 1503. Otro tributo que aparece con frecuencia es el Montazgo, cuyo significado es conocido.

Los abusos en este tipo de impuestos debieron ser frecuentes, conocemos algunas quejas referidas a ellos. Por ejemplo, los vecinos de Alcántara se quejaban de un impuesto que cobraba el alcaide del Puente de Alcántara, consistente en quedarse con la cuarta parte de todo lo que pasase por el dicho puente, ya que “… si se ahoga algún hombre y le pasan por allí a la villa lleva por derechos del cuarto un marco de plata”. Los Reyes Católicos, a quienes iba dirigida esta queja en el año 1495, pidieron al gobernador de la Orden que recogiese información del asunto y viese si el dicho alcaide tenía facultad para cobrar este impuesto “.

Derechos y rentas de carácter judicial – En su condición de jueces, los comendadores recibían el importe de todos los tipos de multas que se imponían en el señorío. Recibían normalmente el nombre de “peñas y caloñas” y aparecen en numerosas encomiendas y lugares dependientes de la Mesa Maestral, como Villanueva de Barcarrota. En la encomienda de Eljas “, el comendador recibía un tercio de las penas. En Azeuche, el comendador tenía el derecho de “nombrar, guardar y llevar penas”. También corresponde encuadrar dentro de este apartado lo que cobraba el comendador de Villasbuenas, es decir, ‘las dos partes de los sacrilegios y el quinto de los que mueren abintestatos y penas de perjuros y sangre de sobreojos” y lo que recibía el comendador de Portezuelo en El Arquillo por “la sangre rota y armas abueltas’.

Derechos de control sobre los cargos concejiles – Los comendadores designaban normalmente a los oficiales de los concejos del señorío -alcaldes, alguaciles, escribanos, etc.-, ejerciendo los vecinos en la mayoría de las ocasiones el derecho de presentación. En algunos casos, el comendador se limitaba solamente a recibir el juramento de los oficiales elegidos por el concejo> así acurría en la encomienda de Eljás. Por el contrario, en la encomienda de Lares, A comendador tenía el privilegio de nombrar los alcaldes sin presentación previa. En Villasbuenas, los vecinos tenían que dar un yantar al comendador o a quien fuese en su lugar a nombrar uno de los alcaldes de la villa.

Estos derechos sobre los cargos concejiles podían arrendarse o, para ser más exactos, lo que realmente se arrendaban eran los cargos. Es el caso de las escribanías, las cuales en su mayoría, al menos desde el momento en que los monarcas se hicieron cargo de la administración de la Orden, dependían de la Mesa Maestral, aportando sustanciosos ingresos a la misma su arriendo. Por ejemplo, la escribanía de Alcántara en los años de tránsito del siglo XV al XVI rentaba en torno a los cincuenta mil maravedíes anuales.

Diezmos – Constituían una de las principales fuentes de ingresos, tanto de las encomiendas como de la Mesa Maestral. Los tipos de diezmos que pueden señalarse son muy numerosos. Los diezmos sobre el pan, los cereales y el vino son los que con más frecuencia hemos encontrado. Los diezmos sobre el ganado son abundantes, pero aquí las particularidades son frecuentes, muchas veces aparecen de forma independiente y otras muchas están incluidos dentro de los diezmos de menudos. En la encomienda de Eljás se cobraba el diezmo sobre los ganados que se criaban en las dehesas del término, pero no sobre los transhumantes. En Lares la mitad del diezmo era para el comendador y la otra mitad para la Mesa Maestral. En la encomienda de Belvis y Navarra”, el diezmo que se cobraba sobre los ganados iba a parar a la Mesa Maestral si su dueño no era ni vecino ni vasallo de la Orden, pero si lo era el diezmo lo cobraba el comendador. Eran frecuentes también los diezmos sobre los garbanzos y otras hortalizas y sobre el queso, la lana y el lino, apareciendo en ocasiones de modo independiente y otras incluidos en los menudos, esto dependía de la importancia de su cuantía. Las minucias o diezmos de menudos se aplicaban a las crías de ganado o a productos agrícolas o ganaderos considerados de pequeña importancia; aparecen normalmente en todas las relaciones de rentas que hemos tenido ocasión de consultar.

Otros diezmos que también aparecen con cierta frecuencia son los de la miel, cera y enjambres, así como el de tejas y ladrillos, sobre sus distintas particularidades nos remitimos a lo especificado en el apéndice. Junto a los diezmos, sobre todo los del pan, cereales y vino, los comendadores solían recibir las primicias. El Pie del Altar hace referencia al diezmo de algunos productos, generalmente de los incluidos en los menudos, que debían entregarse para el mantenimiento de los clérigos en las iglesias locales. Sin embargo, de hecho, siempre que hemos encontrado este tipo de renta, iba a parar a manos del comendador, bien en su totalidad bien en parte, como es el caso de la encomienda de Villasbuenas, donde el comendador recibía el tercio del pie de altar que en 1529 supuso la cantidad de mil ciento setenta y un maravedíes.

Los derechos sobre las minorías confesionales.-Pocas son las noticias que poseemos para este apartado. Cuando nos refiramos al potencial demográfico en las tierras de la Orden, hablaremos de la población judía y mora en base a algunos datos procedentes de la fiscalidad real. La única referencia a una capitación especial sobre las minorías confesionales por parte de la Orden, son las llamadas “lampreas de los moros”, que correspondían a la Mesa Maestral en el partido de Alcántara y se cogían junto con los yantares y algunas otras rentas de menor importancia. En el año 1502, se recaudaron los yantares “sin las lampreas de los moros que se habían tornado cristianos “. Aunque no podemos asegurar el carácter de esta capitación, parece posible admitir que fuera algo similar a los yantares que pagaba la población cristiana, dado que se cobraban juntos. De todos modos su importancia económica era escasa. En cuanto a los judíos la ausencia de noticias es absoluta.

Rentas y derechos procedentes de mercedes reales – Debemos referirnos fundamentalmente a los juros “por heredad”. Sólo he encontrado noticias referentes a la Mesa Maestral. Unos juros sobre las alcabalas de Coria y Alcántara por valor de ochenta mil maravedíes que la Orden había obtenido como compensación a la pérdida en 1450 de las posesiones que tenía en tierras de Castilla la Vieja “. Y otro juro de diecisiete mil quinientos ochenta maravedíes sobre las rentas de las alcabalas de Villanueva de Barcarrota. Es probable que algunas encomiendas poseyeran también juros de este tipo, si bien de menor importancia.

2. Las finanzas de la Mesa Maestral (1495-1504)

Como ya hemos señalado anteriormente, la base de este análisis de las finanzas de la Mesa Maestral son las relaciones de gastos e ingresos de la misma entre los años 1495 y 1504, contenidas en el legajo 11 de la Contaduría Mayor de Cuentas del Archivo de Simancas. Hay que señalar algunas cuestiones previas. La relación de ingresos está dada por los herederos de los que fueron contadores de la Orden en estos diez años, es decir, Francisco de Madrid, hasta el año 1500, y su hijo, Nufrio Ramírez de Madrid en los años posteriores. Por el contrario, en la relación de gastos son los propios monarcas los que ordenan a los dichos contadores que realicen las libranzas. La conclusión fundamental que de esto se puede sacar es que, en buena lógica, la relación de gastos presenta una mayor fiabilidad que la de ingresos.

La estructura burocrática soporte de la administración económica en tierras de la Orden es muy poco compleja. La figura del Contador Mayor aparece en la cúspide de esta mínima estructura, él es el encargado tanto de la percepción de las rentas como de pagar las libranzas, limitándose a obedecer, al menos en este segundo aspecto, las directrices emanadas de los reyes. A partir del año 1498 aparecen dos nuevos personajes: el mayordomo de la villa de Alcántara y el mayordomo de la Sierra de Gata.

La tarea de ambos era la percepción de las rentas en dichos lugares; su salario era de diez mil maravedíes anuales, mientras que el del contador mayor era de cuarenta mil. Pienso que sus atribuciones no eran excesivas, simplemente debían ser oficiales a las órdenes del Contador Mayor y, en definitiva, el último eslabón del poder señorial de la Orden en el terreno económico.

Los ingresos – Los ingresos de la Mesa Maestra en el partido de Alcántara procedían de tres núcleos fundamentales: la propia villa de Alcántara, la zona de la Sierra de Gata -en la que se incluyen la propia villa y una serie de lugares menores, como La Torre de don Miguel, Santibáñez, Villasbuenas, Cilleros, Valverde y Navasfrías- y la villa de Valencia de Alcántara. Entre los tres núcleos aportaban todos los años más del 70 por 100 de los ingresos de la Mesa Maestral. De los tres, el más importante sin duda era Alcántara, con una aportación que oscilaba entre el 28,3 por 100 del total en 1498 hasta un 53,9 por 100 en el año 1500.

A partir del año 1501, la villa de Villanueva de Barcarrota se configura como otra fuente de ingresos importante, en torno al 25 por 100 del total. Papel creciente que contrasta con el descenso experimentado en la importancia de las rentas procedentes de la Sierra de Gata, que en estos años se sitúan sólo el 6 por 100 ó 7 por 100 del total, mientras que en años anteriores habían supuesto más del 20 por 100. Lo mismo cabe decir de las rentas procedentes de Valencia de Alcántara, que en los primeros años del ejercicio superaban el 30 por 100 y a partir de 1501 se sitúan entre el 10 y el 15 por 100.

Al manejar las cifras expresadas en tantos por ciento, podemos inducir a un error de interpretación que es preciso evitar. Este descenso en la importancia porcentual de las rentas procedentes de la Sierra de Gata y Valencia de Alcántara, no significa necesariamente una disminución tan enorme de las rentas procedentes de estos lugares -si es cierto que se produce una disminución pero no tan extremada-, sino que ponen de manifiesto el progresivo aumento de los ingresos totales de la Mesa Maestral al surgir otros núcleos, como Villanueva de Barcarrota, o crecer la importancia de otros, como Alcántara, cuyas rentas a partir del año 1500 suponen más del 50 por 100 del total de lo percibido por la Mesa Maestral.

Las cantidades procedentes de otra serie de núcleos, como Herrera o Las Brozas, o los ingresos procedentes de los yantares que percibía la Orden en numerosos lugares del señorío, representaban muy poco en el conjunto total.

Párrafo aparte merecen las rentas procedentes de dehesas, que, en general, carecen de importancia la mayoría de los años, salvo en 1498, 1499 y, en menor medida, 1500, en que la Mesa Maestral disfrutó de las rentas de las dehesas de la encomienda de Belvis y Benfayán, que ya en 1501 fue provista de comendador, con lo que la Mesa Maestral dejó de percibir sus rentas.

Los gastos – La primera característica que destaca al observar la relación de los gastos de la Mesa Maestral, es el progresivo aumento de los mismos. Durante los cuatro primeros años, es decir, hasta 1498, las libranzas no alcanzaron el medio millón de maravedíes anuales. Sin embargo, a partir del año siguiente las cifras se sitúan en torno al millón, alcanzando el año 1503 la cifra de un millón cuatrocientos sesenta y ocho mil setecientos ochenta y seis (1.468.786). Parece, pues, evidente que durante los primeros años de su administración, los reyes limitaron al máximo los gastos a realizar.

Es comprensible esta política si observamos que también en estos primeros años los ingresos aparecen muy mermados por las concesiones hechas, tanto al último maestre, don Juan de Zúñiga, como a otras dignidades de la Orden. Sólo a partir de 1498, cuando los monarcas entraron en posesión de parte de los bienes que disfrutaba el comendador mayor, los ingresos, y los gastos como ya hemos dicho, se multiplicaron.

Los gastos aparecen agrupados en tres apartados claramente diferenciados. En primer lugar, las asignaciones dadas a los tenentes de las fortalezas dependientes de la Mesa Maestral, que, en general, suponían más del 30 por 100 de los gastos anuales, llegando algunos años, como 1496 y 1497, a superar el 70 por 100.

Ya hemos señalado en otro lugar el hecho de que, al margen de las cantidades en metálico, se asignaban a algunas fortalezas cierta cantidad de trigo, cebada o vino. Desgraciadamente como la contabilidad de estos productos se llevaba independientemente de las cantidades en metálico, y no conocemos dicha contabilidad, no nos es posible hacer ninguna consideración al respecto.

El segundo apartado de los gastos se refiere a los salarios y quitaciones de oficios. El tanto por ciento que representaban respecto a la cantidad total era considerablemente menor, pero también importante. La mayoría de los años oscilaba en torno al 20 por 100, sólo algunos años, como en 1498 o en 1501, superó el 30 por 100. Aunque hay variaciones en los distintos años, en todos ellos aparecen siempre tres sueldos que constituyen la base fundamental de este capitulo de gastos; nos referimos a los sueldos del gobernador de la Orden, al del abogado de los pobres y al del contador mayor de la Orden.

La tercera partida de las libranzas incluye las limosnas y, desde el año 1499, el mantenimiento de los caballeros de la Orden. Será precisamente a partir de dicho año cuando el peso específico de esta partida comience a tener importancia en el conjunto general de gastos, hasta este momento su importancia había sido escasa, situándose por debajo del 10 por 100, superando algunos años el 30 por 100. En algunos años aparecen apartados especiales. En el año 1499 se destina una importante partida a pagar los atrasos acumulados en los años anteriores, fundamentalmente cantidades que se adeudaban a los tenentes de algunas fortalezas. Supuso el 14,5 por 100 de los gastos de dicho año. El año 1503 se destinaron medio millón de maravedíes a las obras de construcción del nuevo convento de Alcántara, cantidad que supuso el 34 por 100 de los gastos de dicho año.

Visión de conjunto de las finanzas maestrales.- Comparando ambas relaciones puede observarse que el balance siempre resulta positivo. Sólo el año 1497 el balance se presenta equilibrado, con un beneficio mínimo de 322 maravedíes. El resto de los años los beneficios oscilan entre los 33.244 maravedíes del año 1496 hasta los 471.250 del año 1500.

Globalmente las rentas de la Mesa Maestral en el partido de Alcántara supusieron una cantidad total de 10.653.464 maravedíes, mientras qué las libranzas realizadas sobre esos ingresos supusieron 8.350.958 maravedíes, de lo que resulta un beneficio total en estos diez años de 2302.506 maravedíes, es decir, el 21,6 por 100 de los ingresos.

Valorando estas cifras, podemos decir que la administración del Maestrazgo por parte de los Reyes Católicos se presenta si no como una empresa excesivamente lucrativa tampoco como un negocio deficitario ni mucho menos. Más bien si puntualizamos esta afirmación nos daremos cuenta que la labor administradora de los reyes se presenta como algo extremadamente positivo. Hay que tener en cuenta que los Reyes Católicos gobiernan una Orden de Alcántara que no era ni la mitad de lo que había sido en los años anteriores del siglo XV, tanto por lo que se refiere a su dominio territorial como a su nivel de rentas. Todo el partido de La Serena, probablemente el más rico del señorío, se escapaba por completo a su jurisdicción, ya que disfrutaba de la totalidad de sus rentas el ex maestre don Juan de Zúñiga.

Así, pues, lo que estas cifras nos revelan es la gran capacidad administradora de los monarcas, ya que, con sólo los ingresos obtenidos en el partido de Alcántara, fueron capaces de subvenir a todas las necesidades que tradicionalmente cubría la Mesa Maestral con un volumen de ingresos mucho mayor, y además obtener unos beneficios que si bien no son muy elevados tampoco son despreciables en absoluto.

EL SEÑORIO DE LA ORDEN DE ALCÁNTARA EN EL SIGLO XV

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El señorío de la Orden de Alcántara en Extremadura nació a partir de los primeros años del siglo XIII. Las posesiones iniciales de la Orden, a raíz de su fundación en 1176, estaban situadas bastante más al Norte de lo que luego sería su núcleo principal de asentamiento, concretamente en las orillas del río Coa.

Podemos señalar una fecha como punto de partida: el año 1218, cuando el maestre de Calatrava don Martín Fernández, a quien el rey Alfonso IX de León había cedido la posesión de la villa de Alcántara para que se constituyese en la cabeza del señorío de esta Orden en el reino leonés, propuso al monarca que cediese la posesión de esta villa a la Orden de Pereiro a cambio de una cierta dependencia de esta Orden respecto a la de Calatrava. No es descabellado suponer que este ofrecimiento del maestre calatraveño al monarca leonés hubiera estado precedido de algún tipo de acuerdo con los caballeros del Pereiro.

Acuerdo dirigido a no interferirse en sus respectivos procesos de expansión, cosa que hubiese ocurrido si la orden calatraveña se hubiera instalado en el reino de León, donde, indudablemente, antes o después, habría entrado en conflicto con la Orden de Pereiro.

A partir del año de la firma de este acuerdo -1218-, la Orden de Pereiro pasó a denominarse también Orden de Alcántara, con el paso del tiempo el primer nombre se perdió y en 1253 los maestres se titulaban sólo de Alcántara, pasando el lugar de San Julián del Pereiro a ser una simple encomienda.

Tras esta donación y la resolución a su favor del pleito que la Orden mantenía con la Orden del Temple sobre la posesión de Portezuelo y Santibáñez ~ la dotación territorial en esta zona fue ya de importancia. Un año más tarde se completó con la donación que hizo Alfonso IX del lugar de Navasfrías ~”y la conquista en 1220 por las propias tropas de la Orden de la villa de Valencia de Alcántara. Así pues, puede decirse que el bloque fundamental de las posesiones de la Orden en el partido de Alcántara que, junto con la comarca de La Serena, será el núcleo central de su señorío, estaban ya perfectamente conformadas en 1220.

El comienzo del asentamiento de la Orden en la zona de La Serena viene señalado por la conquista en 1231, por las tropas de la propia Orden, de la villa de Magacela Lugar que no entraría a formar parte de su señorío hasta tres años después, cuando el rey Fernando III se lo entregó definitivamente como compensación a los derechos alegados por la Orden a la villa de Trujillo Magacela se constituyó en encomienda y también se creó en ella un priorato que ejercía la jurisdicción eclesiástica sobre todo el territorio vecino. Al mismo tiempo, la Orden recibió el encargo real de repoblar Zalamea, también reconquistada en estos años.

Tras la conquista de Córdoba en 1236, la Orden completa sus posesiones en la zona. Benquerenciam cuya entrega a los cristianos había sido condicionada por su alcaide a la caída de Córdoba, es entregada a los alcantarinos que también recibirán la plaza fuerte de Esparragal, conquistada por los Templarios Al margen de ello, la Orden también recibirá algunos bienes en Córdoba y Sevilla tras su conquista A lo largo de los reinados de Sancho IV y Fernando IV, la Orden redondeará su señorío, que ya permanecerá prácticamente inamovible a lo largo de la baja edad media. En 1302 recibe el castillo de Fíjás y un año más tarde la villa de Villanueva de la Serena antigua aldea de Medellín, que se convertirá en cabeza de partido creándose en ella un priorato. La villa dependerá de la cercana encomienda de Castilnovo, castillo árabe conquistado en 1232 por las tropas de la Orden.

A diferencia de otras órdenes militares, la Orden de Alcántara, aunque participó de una forma activa en la reconquista de toda Andalucía, tras la conquista de Sevilla apenas recibió donaciones de importancia en esta zona. Cabe suponer un deseo por parte de los monarcas y también de la propia Orden por consolidar su posición hegemónica en la zona de la actual Extremadura, dejando Andalucía como lugar de asentamiento de otras fuerzas. También es verosímil pensar que esta renuncia estaría de alguna manera pactada con la Orden de Calatrava en el acuerdo entre ambas del año 1218.

Las únicas posesiones de importancia que tendrá la Orden en tierras andaluzas serán los castillos de Morón y Cote y el lugar del Arahal, donados por Sancho IV en 1285 27 y que serán objeto de un trueque con don Pedro Girón en 1461 “. En virtud de este cambio, la Orden perdía estas posesiones andaluzas y recibía las villas de Salvatierra y Villanueva de Barcarrota y el castillo de Azagala; la primera de ellas fue convertida en encomienda para compensar al ex comendador de Morón y las dos últimas fueron adscritas a los bienes de la Mesa.

Por otro lado, la Orden tendrá otra encomienda totalmente andaluza: la de Heliche, formada por dos donadios sevillanos -los de Heliche y Cantullán-, cuya existencia se remonta por lo menos a 1310, cuando le son donados por Fernando IV “, aunque es posible que la Orden los poseyera ya desde antes de esta fecha. De manera que, en el momento en que los Reyes Católicos comenzaron a administrar la Orden de Alcántara, es decir, en los últimos años del siglo XV, ésta contaba con un extenso señorío, formado a lo largo del siglo XIII corno acabamos de ver, que abarcaba parte de las actuales provincias de Cáceres -todo el sector limítrofe con Portugal en torno a Alcántara y las estribaciones de la Sierra de Gata- y Badajoz -la comarca de La Serena-, con una extensión en torno a los 7.000 kilómetros cuadrados. Al margen de esto, y además contaba con algunas otras posesiones de mucha menor importancia en tierras andaluzas y castellanas.

Haciendo un cálculo aproximado, que es lo único que nos permite la documentación de la que disponemos, puede decirse que más o menos la mitad de estos bienes con sus respectivas rentas estaban reservados a la Mesa Maestral, quedando el resto para los demás miembros de la Orden formando encomiendas y prioratos.

Al igual que instituciones similares, las encomiendas de la Orden alcantarina estaban constituidas por un conjunto de bienes, a veces agrupados y otras dispersos en diferentes lugares, si bien normalmente una parte importante de los mismos se agrupaban en torno al lugar de residencia del comendador. A estos bienes territoriales se unían, en la mayoría de los casos, una serie de derechos y rentas de carácter variado, incluyendo a veces juros o mercedes concedidas por los reyes o las altas dignidades de la Orden. En algunas ocasiones, estas rentas o juros constituían por si mismos una encomienda, sin ningún bien territorial concreto, es, por ejemplo, el caso de la encomienda del Juro de Badajoz.

Nuestra intención inicial era realizar un estudio lo más pormenorizado posible de cada encomienda; sin embargo, la penuria de la documentación nos lo imposibilita por completo. Carecemos de libros de visita de esta época, sin los cuales es imposible llevar a cabo un estudio de este tipo. Nos limitaremos, pues, a agruparlas en sus correspondientes partidos y a exponer las escasas noticias que sobre ellas hemos conseguido reunir.

Las encomiendas de la Orden se agrupaban en el siglo XV en dos partidos. No hay noticia exacta del momento en que se constituyeron, lo lógico es suponer que esto ocurriese una vez finalizada la conquista de la zona de La Serena y la Orden la controlase de una forma efectiva. En época posterior, esta división de carácter administrativo se amplió a más partidos. Así, a finales del siglo XVI, aparecían, además de los dos citados, el partido de Las Brozas, el de la Sierra de Gata y el de Valencia de Alcántara, todos ellos subdivisiones del primitivo partido de Alcántara.

De todos modos nos limitaremos a clasificarlas con arreglo a la primera división citada, ya que la otra se escapa ampliamente de nuestro ámbito cronológico.

Las encomiendas pertenecientes al partido de Alcántara que hemos conseguido localizar, son las siguientes: Encomienda Mayor, cuyos bienes estaban situados fundamentalmente en Las Brozas y en Valencia de Alcántara, la Puebla, Belvis y Navarra, Ceclavin, Claveria, cuyos bienes se encontraban distribuidos por buena parte del territorio de la Orden, aunque un núcleo importante de los mismos se encontraba situado en la zona de la Sierra de Gata, Hornos, Belvis, Portezuelo, Azeuche, Benfayán -unida a Belvis en tiempos de los Reyes Católicos-, Castillo, Casas de Calatrava -encomienda compuesta por una serie de dehesas en el término de Badajoz y en Membrio y Solano, aldeas de Alcántara-, La Magdalena -cuyos bienes estaban situados en la ciudad de Salamanca-, Casas y Juro de Coria, Santibáñez, Las Elges o Eljás, La Moraleja, Herrera, Villasbuenas, Mayorga, Peidrabuena, Esparragal, Peñafiel y El Peso de Valencia. Como puede observarse, hay algunas encomiendas que, aún perteneciendo al partido de Alcántara, no tienen sus bienes situados territorialmente dentro del mismo.

Las enmiendas pertenecientes al partido de La Serena eran las siguientes: Adelfa, Almorchón, La Batumbera, Cabezalbuey, Zalamea, Castilnovo, Los Diezmos, Galizuela, Heliche, Juro de Badajoz, La Peraleda, La Portugalesa, Lares, Quintana, Sanctiespiritu, Magacela, Salvatierra y Benquerencia. Al igual que en el partido de Alcántara, también aquí nos encontramos con encomiendas cuyos bienes están situados en lugares ajenos territorialmente a la comarca de La Serena. Es el caso de la encomienda de La Batumbera al cuyos bienes estaban situados en Galicia, o el ya citado caso de la encomienda de Heliche. Por otro lado, las encomiendas de Galizuela y Sanctiespiritu, son subdivisiones de la primitiva encomienda de Lares, si las colocamos aquí separadas de su encomienda madre, es porque su desvinculación de la misma es anterior al siglo XV.

En el momento en que la administración del Maestrazgo pasa a los monarcas, aparecen nuevas encomiendas en base a lo que rentan algunas dehesas de La Serena; es el caso de las encomienda de Maternarina y Bercial ~. Así, pues, a finales del siglo XV el señorío de la Orden estaba dividido en un número de encomiendas que podemos situar entre cuarenta y dos y cuarenta y cinco. El partido de Alcántara era el que contaba con mayor número de encomiendas como puede observarse. Sin embargo, las encomiendas del partido de La Serena era en términos generales, más potentes económicamente debido a la importante actividad ganadera desarrollada en sus grandes dehesas.

Respecto a los prioratos de la Orden, nada o casi nada podemos señalar. Hay constancia de la existencia de dos prioratos en el partido de Alcántara, uno en la misma villa y otro en Valencia de Alcántara, y otros dos en el partido de La Serena -que era nullius diócesis-, el de Villanueva de La Serena y el de Magacela.

http://www.puentealcantara.es/orden.

LA ORDEN DE ALCÁNTARA COMO INSTITUCION MILITAR

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Nuestro conocimiento de las cuestiones relativas a la organización militar de la Orden en el siglo XV es muy superficial. Evidentemente, es lógico pensar que su potencia militar era relativamente más pequeña que la de las otras dos grandes órdenes peninsulares: Calatrava y Santiago, dado que, tanto su poder económico como su dominio territorial eran inferiores.

1. El ejército

Nada sabemos de la organización del ejército alcantarino, cabe suponer que, salvo en casos excepcionales, el mando de la hueste correspondería a las más altas dignidades de la Orden, en concreto al maestre o al comendador mayor. En los primeros años de existencia de la institución la figura del alférez debió jugar un papel destacado en el aspecto militar; sin embargo, este cargo desaparece en la baja Edad Media. Por lo demás, y como señala Emma Solano para la Orden de Calatrava probablemente su estructura difería muy poco de las demás huestes señoriales bajomedievales.

En cuanto al sistema de reclutamiento, se hacía por encomiendas. Cada una de ellas debía contribuir a la hueste con un número específico de lanzas. Desconocemos el criterio utilizado para llevar a cabo dicho reclutamiento, pero lo más lógico es suponer que el número de lanzas estaría en estrecha relación con el valor de las rentas de cada una de las encomiendas.

A través de una serie de cartas de apercibimiento enviadas por los Reyes Católicos a cada uno de los comendadores de la Orden el año 1495 ~, sabemos el número de hombres armados que cada una de las encomiendas estaba obligada a enviar a la llamada real. Dicho año, el número total de lanzas que la Orden debía poner a disposición de los monarcas era de 142. Carecemos de datos para los años anteriores al momento en que la administración del maestrazgo pasó a los monarcas, sin embargo, puede suponerse que, al menos para el siglo XV, el número de miembros armados de la Orden oscilaría en torno a esta cifra, salvo en circunstancias especiales, como es el caso de las campañas finales contra el reino de Granada, como más adelante tendremos ocasión de observar.

Curiosamente, el apercibimiento citado del año 1495 también se dirigía a las dignidades puramente religiosas de la Orden (Priores, Sacristán), aunque no debían contribuir a la hueste con ningún hombre armado.

2. La participación de la Orden en las últimas campañas de la guerra de Granada

Durante la década de los ochenta del siglo XV hasta la conquista definitiva del reino granadino en 1492, la Orden de Alcántara, después de más de tres siglos de existencia, volvía a centrarse de lleno en la actividad para la que había sido creada: la lucha contra el infiel.

Aunque la carencia de noticias en este sentido es considerable, es evidente la participación de la Orden en las campañas contra el reino de Granada; sin embargo, tanto sus miembros como las acciones realizadas por ellos quedaron en un segundo plano. De la primera fase de la campaña, hasta 1485 aproximadamente, muy poco es lo que podemos decir. En el año 1483, las tropas de la Orden, junto con las del duque de Plasencia, al mando de un pariente del maestre -don Francisco de Zúñiga-, se encontraban formando parte dcl ala izquierda de la hueste real siendo su número de 100 jinetes y 40 hombres de armas. Por su parte, el comendador mayor, al frente de 20 jinetes, formaba parte de la llamada “Batalla del rey”, nombre que probablemente corresponde a un cuerpo de élite. Estas tropas participarán en la tala de la vega de Granada realizada en junio de ese año y en las batallas de Lucena y Lopera, favorables a los cristianos, así como en la recuperación de Zahara.

Al año siguiente encontramos a las tropas de Alcántara, unidas a las del padre del maestre, formada por 113 jinetes y 60 hombres de armas, en la campaña de Abra. El año 1485, la tropa de la Orden estaba constituida por 563 jinetes y 253 peones. El año 1487, el papel jugado por los alcantarinos será mucho más importante, además su número crecerá de forma considerable, ya que serán 755 jinetes y hombres de armas y 427 peones cuya misión fundamental será ocuparse de la artillería ~, ya que eran los principales encargados de su guarda. En este año la hueste alcantarina participará en la conquista de Vélez-Málaga y Málaga, donde el papel jugado por la artillería fue decisivo, sobre todo en el caso de la segunda.

El año 1488 fue de escasa actividad debido al agotamiento producido en los dos bandos por la campaña del año anterior; por eso no es de extrañar la falta total de referencias a la Orden. En 1489, la hueste del maestre de Alcántara estaba compuesta por 105 jinetes, además de seis “jinetes hidalgos del comendador mayor de Alcántara que estuvieron presentes en la campaña, fueron los siguientes: Alniorchón, Lares, Belvis, Santibáñez, Las Elches, Portezuelo, Zalamea, Morón, Quintana y La Magdalena.

En los últimos años de la campaña la presencia de las tropas alcantarinas fue la siguiente: en abril de 1491 había 266 jinetes y 263 peones; en agosto del mismo año esta tropa se había reducido a 100 jinetes. Por último, en enero de 1492 había 294 jinetes, de los cuales 200 permanecerán hasta marzo de ese mismo año Una vez acabada la campaña contra Granada, el ejército de la Corona se constituyó de forma permanente y en él estuvieron presentes los caballeros alcantarinos. Está constatada su asistencia a las campañas del Norte de Africa y en la toma de Orán “. En 1504 se encontraba a la cabeza de las tropas de la Orden el Clavero, a cuyas órdenes se encontraban 50 jinetes, recibiendo un sueldo de 126.000 mrs. Al año siguiente se encuentra a la cabeza de 36 lanzas con un sueldo de 68.000 maravedís. Los jinetes tenían un salario que oscilaba entre los 25.000 y los 30.000 mr.

3. Las fortalezas

Las fortalezas diseminadas por las tierras del señorío y dependientes de la Orden eran bastante numerosas, y aunque el apoyo documental es escaso y no permite asegurarlo tajantemente, debían encontrarse en el siglo XV perfectamente abastecidas y en disposición de albergar fuertes contingentes de tropas. Es preciso señalar que las fortalezas de la Orden y su perfecta conservación no tienen su razón de ser tanto en el proceso reconquistador como en el hecho de que, durante la baja edad media, Extremadura será uno de los principales focos de turbulencias políticas y militares del reino de Castilla, por un lado debido a su posición fronteriza respecto al reino de Portugal, con el que los conflictos en esta época serán frecuentes; por otro lado, debido a que los territorios alcantarinos eran vecinos de una serie de señoríos nobiliarios cuyos propietarios participan de una forma activa en las luchas políticas del reino y no siempre en el bando de los monarcas.

A todo esto se unen otros dos factores: el primero, el que las disputas internas de la Orden se intensifican en los siglos bajomedievales. El segundo, el que los maestres alcantarinos, como figuras principales del reino, miembros, bien por su nacimiento o bien por su cargo, de la más alta nobleza, participarán activamente en todas las luchas nobiliarias.

Desgraciadamente, carecemos de noticias concretas sobre el armamento y pertrechos de estas fortalezas, ya que no se han conservado libros de visita de época medieval en los que los visitadores, como ocurre en el caso de otras órdenes militares, detallarían cuidadosamente este capitulo.

Las fortalezas más fuertes y mejor abastecidas se encontraban en el partido de Alcántara, en razón de su cercanía con la frontera portuguesa. Se puede establecer una línea de norte a sur que abarcaría una tupida red de ellas, entre las que destacan las de: Eljás, Santibáñez, Piedrabuena, el convento-fortaleza de Alcántara, Peñafiel, Portezuelo, Las Brozas y Valencia de Alcántara, estas dos últimas pertenecientes a la Encomienda Mayor- En el partido de La Serena, los tres núcleos fortificados más importantes eran Magacela, Benquerencia y Almorchón.

Las fortalezas que no se encontraban bajo el mando directo del comendador correspondiente tenían al frente un alcaide nombrado por éste. En época de los Reyes Católicos, algunas de las fortalezas de la Orden fueron entregadas a personas completamente ajenas a ella, que, con su tenencia, disfrutaban de importantes rentas. Aunque hay varios casos, el más significativo es el de Gaspar de Gricio, secretario de los monarcas, que disfrutó de la tenencia de la fortaleza de Magacela durante varios años seguidos. A partir del año 1495, merced a la detallada contabilidad llevada por orden de los reyes, conocemos exactamente cuáles eran las fortalezas que dependían de la Mesa Maestral y la dotación económica de la que disponían cada año.

Al margen de estas cantidades consignadas en dinero, algunas de estas fortalezas -las más importantes- recibían, con cargo en las rentas de la Mesa Maestral, ciertas cantidades de trigo, cebada y vino.

El alcalde del convento de Alcántara recibía 400 fanegas de trigo y 600 arrobas de vino; el de la fortaleza de Valencia de Alcántara, 200 fanegas de trigo y otras tantas de cebada. La misma cantidad recibía el alcaide de la fortaleza de Villanueva de Barcarrota. Sobre el resto de las fortalezas de la Orden, la información que poseemos es muy escasa, aunque en términos generales puede decirse que la mayoría de ellas iniciaron un proceso de destrucción y abandono a partir del siglo XVI. Por ejemplo, la fortaleza de Bíjás, según los datos que proporciona un libro de visitas de mediados del siglo XVI, sabemos que desde comienzos de este siglo se encontraba cerrada y sin nadie encargado de su mantenimiento, hasta el punto de que en la fecha de la visita -1541- no se conservaban ni las llaves de las puertas. Esta circunstancia debió repetirse en numerosas fortalezas, sobre todo en aquellas dependientes de las encomiendas menos potentes económicamente.

La explicación de este proceso de abandono es sencilla. A partir del reinado de los Reyes Católicos dos motivos fundamentales para mantenimiento de estas fortalezas: los enfrentamientos con Portugal y las luchas nobiliarias que se desarrollaban en suelo extremeño, desaparecen por completo merced a la política de pacificación de la nobleza llevada a cabo por los monarcas.

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