Aerial view of Feria. Badajoz province. Extremadura. Spain
La incorporación del reino musulmán de Badajoz a la soberanía
cristiana se realizó, como es sobradamente conocido durante la primera
mitad del siglo XIII. Los primeros intentos habían tenido lugar,
sin embargo, durante el reinado del monarca leonés Fernando II,
aunque la contraofensiva almohade detuvo en seco los afanes expansionistas
de este rey. Correspondió a Alfonso IX y a su hijo, Fernando
III, extirpar de una manera definitiva los últimos vestigios de la
dominación musulmana sobre las tierras pacenses, contando con la
inestimable colaboración de las órdenes militares, Santiago, Alcántara
y El Templo en especial.
Una vez terminada la reconquista del reino de Badajoz se impuso
a los cristianos la necesidad de atender a la organización del mismo,
procediendo a su repoblación y al reparto de sus tierras para su puesta
en cultivo y explotación. La muerte de Alfonso IX, inmediatamente
posterior a la conquista de la capital del reino, y el hecho de que la
atención de Fernando III quedara fijada en las fértiles tiernas del
Guadalquivir impidieron que, de momento, la región de Badajoz pudiera
ser atendida debidamente. No obstante, Rodríguez Amaya cree
que fue el propio Alfonso IX quien dio fuero a la ciudad, fijó sus términos
y concedió ricos heredamientos a los participantes en su conquista
y, en este sentido, afirma que el privilegio de Alfonso X de 31
de mayo de 1258 en el que se fijan los límites del alfoz pacense es
una simple confirmación del que en su día otorgara su abuelo, Alfonso
IX’. Parece bastante improbable que el monarca leonés pudiera señalar los términos que aparecen en el privilegio de Alfonso X
por la sencilla razón de que en éste se conceden al concejo de Badajoz
tierras y villas que en 1230 aún permanecían en manos de los musulmanes
y sólo durante esta década y comienzos de la siguiente fueron
conquistados por los cristianos, como Zafra o Feria, por citar algunos
ejemplos.
Durante el reinado de Fernando III, como ya hemos indicado con
anterioridad, apenas si se avanza algo en la organización de la región
pacense; tan sólo la donación de algunas villas recién conquistadas a
las órdenes de Santiago (Alange, Reina, Montemolín), Alcántara (Magacela,
Zalamea, Benquerencia) y a los caballeros templarios (Burguilíos,
Alconchel) merecen ser consignadas.
Es preciso esperar la llegada del reinado de Alfonso el Sabio para
que se asista a una sistemática organización del reino de Badajoz. En
nuestra opinión fue este monarca quien señaló los límites del alfoz
de Badajoz —contando muy probablemente con una base anterior
que, forzosamente, sería distinta— y organizó de una manera metódica
el funcionamiento del concejo pacense. En virtud de esta intervención
regia y por lo que respecta a uno de sus aspectos, la actual
provincia de Badajoz quedó claramente dividida en dos núcleos junisdiccionales
distinto: uno central, de realengo, en torno a Badajoz,
que iría aproximadamente desde Albuquerque (posesión de los Téllez
de Meneses desde 1200) hasta Villanueva de Bancarrota, y desde la
frontera portuguesa hasta el río Guadájira; y el resto del territorio,
alrededor de las tres cuartas partes del reino, fue entregado a las
órdenes militares que tan eficientemente habían contribuido a su reconquista.
La orden de Uclés fue la más beneficiada de todas en este reparto,
ya que consiguió una franja dc terrenos que incluía las tierras centrales
y la zona suroriental de la actual provincia a través de la cual
unía sus posesiones en la provincia de Cáceres con las que le habían
sido concedidas en el reino de Sevilla. El Templo, por su parte, recibía
toda la zona suroccidental del reino de Badajoz, incorporándose las
plazas de Alconchel, Cheles, Oliva de la Frontera, Valencia de Mombuey,
Villanueva del Fresno, Higuera de Vargas, Burguillos del Cerro,
Atalaya y Valencia del Ventoso, así como algunas próximas al
límite noroniental de la provincia (Capilla, Siruela y Almorchón) “. Por
último, la orden de Alcántara se posesionó del rico valle de la Serena.

Fernando Mazo Romero

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